
Créditos: Ohlalá
GUATEMALA (El País, de Madrid).- Pedir favores a los santos católicos tiene el inconveniente de que han de ser favores políticamente correctos. Y no siempre son los más apetecibles. Así que hay pueblos sabios que han decidido crear un santón propio al que expresar los deseos de carácter terrenal. Uno de esos pueblos es Santiago de Atitlán, en Guatemala, donde Maximón, figura de madera vestida con pañuelos de colores, es venerado por los habitantes del lugar y visitado por los extranjeros, que contemplan atónitos cómo el muñeco, con un eterno puro habano en la boca, comparte habitáculo con las figuras tradicionales del universo celestial.
Dicen las guías que el origen de Maximón se encuentra en la combinación entre diversos dioses mayas, la figura de Pedro Alvarado (conquistador del país) y el Judas de la Biblia. Una mezcla que sintetiza la diversidad de un pequeño país donde las culturas y los accidentes geográficos se han ido haciendo hueco unos a otros hasta completar un rico mosaico de dos idiomas, multitud de dialectos, varias razas, dos océanos, la sierra, la selva y 30 volcanes. Al pie de dos de ellos, cuya altura supera los 3000 metros, en su antigua caldera está el lago Atitlán, y en sus orillas se asienta Santiago, visita muy recomendable en un país cuyos sorprendentes contrastes obligan a realizar circuitos.
En Santiago parece que el tiempo se ha detenido. Se llega tras un paseo por el lago, donde las canoas se afanan en la pesca. La iglesia es el punto de referencia. Sentarse en su atrio y ver entrar a las familias ataviadas con los coloridos huipiles, chales y calzones es volver siglos atrás. En el interior, un murmurado rosario congrega a toda una comunidad vestida según la costumbre indígena. Sólo las monjas se permiten una licencia y cambian el tocoyal, que cubre la cabeza, por el velo. Y sólo una placa dedicada al misionero padre Rother, asesinado por los escuadrones de la muerte, permite volver a la realidad y recordar la tumultuosa historia del país.
Aplastada por la guerra hasta 1996, Guatemala empieza a recobrar el pulso de la normalidad. Santiago no es ajeno a eso, y sus pintorescas calles se llenan cada día más de pequeños comercios en los que enseñar la artesanía, las pinturas y los textiles del Altiplano.
Antigua conserva el sabor colonial. Cuidada con esmero, aquí son los ocres de las fachadas los que dan color a las cuadriculadas calles. Y fue la capital de Guatemala hasta 1773, cuando un terremoto la dejó seriamente dañada, algo que no es de extrañar si se alza la vista.
Está envuelta por tres volcanes: el de Agua, el de Fuego y el Acatenango. Y su mole choca con la delicadeza de la ciudad. uos claustros y capillas el mismo tono rojizo que tiene el ocaso.
En Guatemala cada zona tiene su clima y color. En el Petén es verde y selvático. Guarda uno de los tesoros más ricos de Guatemala, las pirámides mayas de Tikal, un escaparate de la civilización indígena.
Datos útiles
Cómo llegar
Se puede llegar desde Buenos Aires por Copa Airlines (4132-3500) o el Grupo Taca, (4325-8222).
Cambio
La moneda es el quetzal y el cambio, 7,65 Q = US$ 1.
Diferencia horaria
En Guatemala hay tres horas menos que en la Argentina.
Comida
Un menú ejecutivo cuesta, aproximadamente, US$ 5.
Hoteles
Tres estrellas en Ciudad de Guatemala: US$ 70 la habitación doble con desayuno. Tres estrellas en Antigua, 60 la habitación doble con desayuno.
Más información
Oficina de Turismo, avenida Santa Fe 830, 5° piso, (4313-7747). E-mail: turismoguatemala@arnet.com.ar
En Internet
Belén Cebrián
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