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 • HISTORICO

Entrenado para salvar

Reggie, un golden retriever de cinco años, está preparado para rescatar a esquiadores atrapados en avalanchas. Trabaja junto a Mark, su dueño y entrenador




PORTILLO.- Es un hombre solitario, Mark Rawsthorne. Son horas y días y meses que pasa patrullando la montaña, atento ante cualquier mínimo rugir que prenuncie una avalancha. Así son sus inviernos en el centro de esquí de Portillo, Chile. En verano se muda a rincones remotos como la Antártida o el Polo Sur, donde provee la logística para todo tipo de expediciones. En otoño tal vez entrene en el Centro de Avalanchas de Colorado, Estados Unidos. Y cuando no trabaja, se recluye feliz en la casita que tiene escondida en los Andes chilenos, para dormir, leer y alejarse de todo.
Aunque él dirá que no, que siempre está acompañado. Y eso también es verdad. Reggie, un golden retriever de cinco años, no lo deja ni a sol ni a sombra. Decir que el perro es su mejor amigo es quedarse corto (además de caer en un lugar más que común, claro). Porque Reggie es también su compañero de trabajo, un rescatista más, y prácticamente un hijo. De hecho, Mark lo compró en Colorado cuando Reggie era un cachorro, y durante cuatro meses no se despegó de él ni un minuto.
"Así se formó un vínculo tal que para Reggie soy su razón de vida", asegura Mark con el acento inconfundible de su Inglaterra natal.
Por eso, el día en el que su dueño se escondió en un agujero cavado en la tierra, Reggie sufrió un ataque de desesperación. Fue cuestión de segundos hasta que lo encontró. Después se repitió el ejercicio, pero esta vez se había tapado el agujero con nieve. Reggie lo desenterró. Y así siguieron jugando, aunque Mark no se escondió nunca más. Los voluntarios eran otros, que se escabullían en agujeros más profundos, en áreas más grandes, mientras Mark le daba la orden a Reggie para que los encontrara. Y cuando lo hacía, el perro recibía un premio por su trabajo, generalmente un guante o un juguete.
"Lo vuelven loco los guantes. Comida no hay que darles jamás. Es muy simple: si no tienen hambre, no buscan", explica Mark, al tiempo que aclara que tarda unas tres semanas en entrenar a un perro rescatista. "Pero entrenar a un entrenador lleva tres años como mínimo", aclara.
Ya van cinco temporadas que la dupla vela por la seguridad de los esquiadores en Portillo. Por ahora no tuvieron que desenterrar a ninguno, aunque sí condujeron un par de rescates en Estados Unidos. Mark y Reggie también fueron convocados cuando se produjo la tragedia de Antuco, hace dos años, en la que 45 conscriptos chilenos murieron tapados por la nieve en la Cordillera, envueltos en una tormenta blanca.
A pesar de lo duro que a veces puede resultar este trabajo, Mark se siente a gusto. Claro que hizo un poco de todo antes de descubrir su verdadera vocación: estudió Geología de Exploración en Inglaterra; en 1996 trabajó 18 meses para una compañía canadiense, buscaba oro en una mina perdida entre el límite de la Argentina y Chile, y hace ocho años, aún veinteañero, recaló en Portillo, donde comenzó trabajando en la recepción. Después lo ascendieron a jefe de seguridad en las pistas, y después vendría Reggie.
Todo esto cuenta Mark mientras su fiel compañero, a pocos metros, lo mira atentamente, siempre alerta. Como si supiera que están hablando de él. Como si supiera que en Portillo él también es una celebridad.

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