
Esquel: cien años en la Patagonia
Rodeada de maravillas naturales, la ciudad chubutense acaba de cumplir un siglo y su valle, el Parque Nacional Los Alerces, La Trochita y otros atractivos cautivan cada vez a más turistas
26 de marzo de 2006

ESQUEL.- "Acá -dice Raúl Antonio Codesal- se lo ve clarito." Las botas altas, el bigote espeso, la mirada firme y el sable empuñado con prestancia de héroe.
Es la única foto que guarda de su padre retratado con el uniforme de policía fronterizo. Habrá sido tomada allá por 1915, cuando José Codesal dejó su Coruña natal para instalarse en estas tierras de viento y soledad.
"Llegó después de la Campaña al Desierto. Tenía órdenes de quemar las viviendas de los indios. Claro que después le sobrevenía la lástima y se los llevaba a vivir a casa."
Dice Raúl que en esa casa eran 10 hermanos. Más que una casa, aclara, era una chacra.
"La mayoría eran chacras en Esquel. Cada cual tenía su quinta con porotos, zanahorias, cebollas o fruta. Acá lo único que se compraba era azúcar, yerba y café, lo demás se cultivaba. Hasta la ropa se la hacía uno con lana y cuero de vaca", cuenta este pionero que tiene 73 años, siete hijos y una carnicería, Lo Huinca (hombre blanco en mapuche), en el centro de la ciudad.
"Mucho ha cambiado desde aquellos tiempos", suspira el hombre. Y es inevitable: este valle del noroeste de Chubut, recostado en las laderas de la Cordillera, tiene hoy 32.000 habitantes y un número creciente de turistas que lo visitan año a año.
Festejo a todo vapor
Hace un mes, la ciudad festejó un siglo -se toma como fecha de fundación el día en que se logró la primera comunicación telegráfica entre Esquel y Neuquén- y lo festejó a pura pompa. El lugar elegido para las celebraciones fue la estación de La Trochita, el pintoresco trencito que es todo un símbolo de Esquel, reconocible a lo lejos por su traquetear cansino y las pitadas de su antigua locomotora Baldwin, una de las cinco que aún funcionan con vapor en el mundo. El Viejo Expreso Patagónico -tal su nombre oficial- es prácticamente un museo andante, y a sus vagones se suben cada año personas llegadas de todos los rincones del planeta.
En el bosque
Pero si hay un lugar que los turistas no dejan de visitar al llegar a estos pagos ése es el Parque Nacional Los Alerces, a 50 kilómetros de Esquel.
Creado en 1937 para proteger al alerce o lahuán (que en mapuche significa abuelo, ya que esta conífera llega a los 4 mil años; en rigor mucho más que un abuelo), en sus 263.000 hectáreas también se descubren bosques profundos de coihues, cipreses, lengas, maitenes, arrayanes o ñires, entre otras especies.
La fama de este parque también se debe al deslumbrante collar de lagos encadenados que lo atraviesa, en cuyas aguas de verde intenso -o por momentos tan transparentes que el lecho de piedras se distingue nítidamente- se reflejan las cumbres nevadas y los ventisqueros del cerro Torrecillas.
Hay excursiones en barco por aquellos espejos de agua ($ 110 hasta el Alerzal, 70 por el lago Futalaufquen) y para quienes prefieran moverse un poco, infinitos senderos para hacer trekking o mountain bike.
La pesca -rigurosamente reglamentada- de trucha y salmón es, asimismo, una opción popular entre los visitantes, y de hecho existen unos cuantos lodges dedicados a la actividad en el parque (que también cuenta con hoteles, cabañas y campings).
Las posibilidades recreativas no se agotan una vez fuera de Los Alerces. Ahora que se acerca el invierno, por ejemplo, comienza a tomar protagonismo el centro de esquí La Hoya, a 13 kilómetros de Esquel y promocionado como un complejo familiar, económico (es de los más baratos del país) y con buena nieve hasta bien entrado octubre (debido a la particular orientación de sus pistas, de cara al Sur, que hace que se reciban pocas horas de sol).
En verano, por otro lado, un programa recomendable es hacer rafting en el río Corcovado, a 96 kilómetros de Esquel y muy cerca de la frontera con Chile. Enmarcado por las paredes de un cañón de piedra y los sauces que se doblan sobre las aguas torrentosas, el gomón recorre 15 kilómetros de saltos, remansos y rápidos con nombres como Superman, Tobogancito, Salpicón o Puente Caído. "¡Derecha adelante, izquierda atrás!", ordena Nicolás, el guía, y la balsa dibuja el trayecto que él escoge. Al final del recorrido nadie habrá salido seco. Pero no faltará recompensa: picada y asado a la vera del río, además de charlas distendidas y fotos para compartir.
Un clásico de todo el año, en tanto, son las cabalgatas. Al trote o al galope, los caballos atraviesan la inmensidad de esa estepa árida, salpicada aquí y allá por manchones de bosques húmedos, sin más límite que los cerros azules del horizonte. "Pensar que por acá pasaron Butch Cassidy y Sundance Kid", apunta Codesal, en referencia a los célebres bandoleros norteamericanos que durante varios años vivieron de incógnito en la vecina Cholila, cuando sólo había 14 familias en el pueblo. "Y, sí, eran otras épocas."
Las auténticas truchas
Un paseo interesante es visitar el criadero de truchas Familia Jordán, en el kilómetro 60 de la ruta 259. Como su nombre lo indica, se trata de un emprendimiento familiar timoneado por Jorge Jordán, un ex cura franciscano que hace ocho años se dedica al ahumado artesanal de truchas en hierbas aromáticas.
Jorge nos enseña los piletones de agua de glaciar donde las truchas arco iris y finlandesas se reproducen a sus anchas ("Se comen entre ellas. Así, las que llegan a grandes son las mejores", explica, didáctico) y luego comparte los secretos del elaborado proceso de ahumado, que aprendió hace tiempo de un cura alemán y que él prefiere llamar sahumeriado.
Después vendrá la degustación de sus productos, que incluyen desde panceta de chancho ahumada o jamón de ciervo curado a la walfstaria (con cerveza, limón, vinagre, azúcar y sal) hasta salamín de jabalí y -no apto para impresionables- esperma de trucha ahumado. Todo una delicia, por cierto.
La herencia galesa más el sabor local
ESQUEL.- Cuentan que cuando a fines del siglo XIX llegaron a Chubut los primeros colonos galeses -escapando del yugo inglés y en busca de nuevas tierras para preservar su cultura-, la relación que se entabló con los tehuelches que habitaban la región fue de espontánea solidaridad y camaradería.
De hecho, las primeras palabras que aprendieron los tehuelches fuera de su idioma (y mucho antes de que les fuera impuesto el castellano) fueron té y bara (pan en galés).
Y en el pequeño pueblo de Trevelin, a 22 kilómetros de Esquel, la ceremonia del té ha permanecido intacta con el paso del tiempo: junto con el galés -que hasta hoy se enseña en escuelas locales- es actualmente una de las tradiciones de los antiguos colonos mejor conservadas.
Vale la pena acercarse a alguna de las afamadas casas de té y dejarse tentar por tortas, panes, quesos, scones y dulces caseros -todo acompañado, por supuesto, por un cargado té en hebras- mientras la música celta suena de fondo (en La Mutisia, el té completo cuesta $ 15, y seguramente le queden pocas ganas de salir a comer afuera esa noche).
Cassis, frutillas, grosellas
Y si de tours gastronómicos se trata, vale darse una vuelta por El Sosiego, una chacra de frutas finas a tres kilómetros de Esquel (sobre la ruta 259). Son diez hectáreas que Jorge y Viviana Ansy poblaron con cerezos, frutillas, frambuesas, corintas, cassis y grosellas (además de menta, lavanda y tomillo), y a las que pronto se sumarán choiques (una suerte de ñandú petiso), ciervos y corderitos. Durante el paseo por la huerta, Jorge, uno de los tantos porteños que dio un golpe de timón a su vida y se mudó a Esquel, nos enseña el abc de la agricultura orgánica (la regla de oro es no usar pesticidas y ni productos químicos). Mientras, Viviana prepara licuados de frambuesas y frutillas; también habrá tortas y budines para quien se tiente. Y para que el programa sea completo, el Sosiego ofrece cabañas con vista al imponente cerro Nahuel Pan, a la estepa verde y ocre, y a los atardeceres luminosos de Esquel.
Datos útiles
Cómo llegar
En avión: por LADE, $ 596 ida y vuelta; sale jueves y domingo, de Aeroparque.
En auto: desde Bariloche, rutas 258, 40 y 259 (son 290 km por camino asfaltado).
Donde alojarse:
Hotel Cumbres Blancas: $ 355 (en base doble, con desayuno y cochera), www.cumbresblancas.com.ar
Cabañas El Sosiego: 120 para dos personas, 200 para seis (ambas en temporada alta, con desayuno); (02945) 45-0299.
Lodge de pesca
Refugio Lago Kruger, dentro del Parque Nacional Los Alerces, $ 195 por persona con pensión completa. www.lagokruger.com
La Trochita
Esquel-Nahuel Pan-Esquel: $ 25, 20 para jubilados y estudiantes.
Rafting
Frontera Sur: $ 120 por persona, incluye traslados y asado. www.fronterasur.net
Secretaria de Turismo de Esquel
(02945) 45 1927
En Internet
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