
Esquí: del fuera de pista al sin pista
Sobre el filo de la temporada, una experiencia de catskiing en Baguales, cerca de Bariloche, pero lejos de lo tradicional
6 de septiembre de 2015
Créditos: Ohlalá
SAN CARLOS DE BARILOCHE.- Es un gran día de esquí. Hay buena nieve, mucha nieve. La tabla de Hugo, empresario gastronómico de Palermo, traza una amplia diagonal por la pendiente. La pareja de estudiantes norteamericanos lo sigue de cerca. Ramiro y Diego cierran el grupo con movimientos expertos, como si fuera fácil. Después de unas bajadas más, todos hacen una pausa para almorzar en el refugio. Guantes y gorros se secan junto a la chimenea.
Es un día de esquí como tantos otros, de tantos inviernos, en Bariloche. Pero hay algo distinto: nada de esto transcurre donde sería normal, en el Cerro Catedral, clásico centro de esquí de la ciudad, el mayor en Sudamérica. Donde Hugo y otros pocos afortunados se deslizan a considerable velocidad es Baguales. Acá hay montaña, pero no pistas, medios de elevación, molinetes, rentals, restaurantes, DJ ni camionetas con logos de sponsors. Básicamente, el inventario completo de Baguales, a unos 40 kilómetros de Catedral, es una pequeña colección de cerros y mucha, muchísima nieve. Lo que comúnmente se llama el medio de la nada. Justo ahí.
Es uno de los secretos peor guardados de Bariloche. En las horas previas, cada barilochense al que le menciono para donde voy levanta las cejas y resopla un ah, bueno o parecido. Como el empleado del local de alquiler de equipo, que corre a buscar otro par de botas de snowboard. "Mejor llevá estas", dice al volver con unas Burton impecables y de aspecto galáctico.
Nadie estuvo allí, pero todos saben perfectamente de qué se trata. Están al tanto de que Baguales es un campo de unas 10 mil hectáreas que desde hace cuatro años, con perfil bajo, se utiliza para ofrecer una experiencia de esquí muy particular. Le dicen catskiing y consiste en esquiar sobre nieve virgen en locaciones a las que se accede exclusivamente a bordo de máquinas pisanieve o ratrac, esos potentes vehículos con los que se acondicionan las pistas de esquí.
Sólo que en Baguales, otra vez, no hay ninguna pista. Los dos Pisten Bully alemanes, de rojo estridente, adaptados con cabinas calefaccionadas, son acá medios de transporte para llevar hasta doce esquiadores, junto con dos guías, a distintas plataformas de lanzamiento naturales.
Desde Bariloche, se toma la ruta 40 hacia El Bolsón. Aproximadamente a 45 minutos de la ciudad toca dejar el asfalto y cruzar una tranquera para encarar un camino de ripio y vadear el río Villegas, definitivamente no apto para cualquier coche pero sí para la impecable Jeep del complejo. El vehículo sube hasta que la cada vez más estrecha huella se pierde bajo el manto blanco y entonces se lo releva por unas motos de nieve Ski Doo. Desde allí serán tres kilómetros hasta alcanzar el principal de los tres refugios de montaña en el complejo.
Adiós a los centros
La calidez del Refugio de la Mesada aplaca un poco la ansiedad por salir de una vez. Aunque está a 1700 metros sobre el nivel del mar la construcción de madera es de un confort sorprendente: cuatro habitaciones independientes (con algunas ventanas totalmente cubiertas por la nieve), un entrepiso para otras ocho personas, un gran living común dominado por la chimenea central, una barra con café y dulces a cargo de la cocinera anfitriona y wi fi. Pero afuera el pisanieve ya está listo. Los guías le cuelgan a cada esquiador un ARVA (appareil de recherche de victimes d'avalanches, es decir un radio para encontrar gente bajo la nieve) y le hacen firmar una planilla "para el seguro".
Es que en Baguales no se esquía fuera de pista, se esquía sin pista ni circuito, ya que todo puede variar según el nivel, el ritmo y el gusto de los participantes y las condiciones específicas del día. "Ya no tengo paciencia para los centros de esquí. Ni siquiera para esquiar fuera de pista: lo mío es directamente sin pista. Yo quiero esto", dice Hugo, el gastronímico palermitano, señalando la montaña franca, el manto blanco que se funde con las nubes, sin interrupciones.
Vino solo hasta acá por tres días de esquí y tres noches alojado en el refugio. Evidentemente, disfrutará mucho esquiando. Pero es igual de claro que disfrutará también de ese medio de la nada y de la inalterable paz, así caiga una tormenta y no pueda hacer una sola bajada. "A varios amigos les propuse venir, pero dieron muchas vueltas. Al final, mandé un ultimatum por WhatsApp, pero no tuve confirmaciones y me vine igual. ¡No le voy a rogar a nadie que venga a pasarla bien!", cuenta dentro del Pisten Bully, que sube trabajosamente hacia la cara este del cerro Villegas.
Ramiro Calvo, uno de los guías de alta montaña con certificación internacional Uiagen, que acompañan a los clientes del día, reivindica las características geográficas del sitio. "Tenemos una buena variedad de cerros, el Ciruela, el Villegas, el Pintado; unos más alpinos y agudos, y otros más redondos, de precordillera. Además, estamos a la altura del seno de Reloncavi, en Chile, por lo que las tormentas del Pacífico tienen un corredor directo hacia acá. Y como no estamos junto a grandes lagos, como el Nahuel Huapi, que tienden a generar un microclima, normalmente tenemos dos grados menos de temperatura que Bariloche. Todo eso nos da muy buena nieve, seca y liviana."
La pareja de norteamericanos se pierde la explicación. Porque no hablan castellano y porque están perdidos mirando por la ventanilla opuesta a la de Hugo. Se mudaron al estado de Washington, para estar más cerca de su centro de esquí favorito. Crystal Mountain. Ahora vienen de Chile y pasaron ya por el Cerro Catedral. Pero sencillamente no pueden creer lo que ven por la ventana del pisa nieve. "Vinimos por el día, pero ya nos arrepentimos de no haber planeado quedarnos varias noches", dicen.
El ratrac se detiene. Los pasajeros se bajan y se preparan para revivir la experiencia del esquí, esa situación tan poco natural y a la vez tan puramente disfrutable. Tienen toda la montaña para ellos. Se sienten poderosos y se sienten ínfimos. Reyes en el medio de la nada.
¿Será Baguales el futuro del esquí? Todo lo contrario, piensa Calvo: "Lo que hacemos acá se parece más al origen del esquí alpino, cuando se encaraba la montaña sin medios de elevación y había que caminar. En los últimos años se está volviendo a eso".
Datos útiles
Cómo llegar
LAN opera entre tres y cinco vuelos diarios a Bariloche. Tarifas desde $2664, precio final, impuestos incluidos; 28000 km Lanpass. www.lan.com
Catskiing
La temporada en Baguales Mountain Reserve se extiende hasta octubre. Ofrece programas de catskiing por el día o de varias jornadas, combinando con esquí de travesía y con alojamiento en el lodge de su base o en sus refugios de montaña. Tarifas desde 500 dólares por persona. Consultas, por baguales-patagonia.com.ar; también por el operador Lufthansa City Center, de Bariloche: www.lcc-dannemann.com.
Dónde dormir
En el tradicional hotel Llao Llao, hasta el 8 de octubre, habitaciones dobles desde 2750 pesos la noche. Incluye desayuno (probablemente, el mejor de la Patagonia), gimnasio, piscina in out, kid’s club, wi fi y más servicios. www.llaollao.com
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