
Créditos: Ohlalá
En 1999 estaba de gira con la banda y mi familia. Veníamos de tocar en el Festival La Serenata, de Cafayate, y nos dirigíamos a Tucumán.
Andábamos por la ruta hasta que de repente mi hermano alcanzó a ver un cartel abandonado, medio oxidado, que anunciaba la existencia de unas ruinas de los quilmes, con una flecha retorcida indicando hacia un camino de tierra. El lugar estaba desierto y hacía mucho calor, pero como íbamos con tiempo decidimos desviarnos y no dejar pasar esa oportunidad.
Tomamos el camino. Primero aparecieron unas elevaciones y en el medio de la nada vimos un edificio. Nos dirigimos ahí y era un hotel atendido por descendientes directos de los quilmes. El hotel tenía también un museo, y éste vasijas y todo ese tipo de cosas que se han encontrado de esa cultura.
Nos recibió una especie de guía y nos narró un poco la historia de su pueblo. Ahí hubo una guerra que se llamó la Guerra de los Cien Años, entre los españoles y los indios. Efectivamente, duró alrededor de cien años y fue generacional: primero luchaban un español con un indio, y treinta años después luchaban el hijo de ese español con el hijo de ese indio. Hasta que un día los españoles los conquistaron y los trajeron al sur de Buenos Aires, cerca de las costas de Quilmes.
En el museo también había un mapa que mostraba con una flecha roja el camino que habían recorrido los indios para llegar a Buenos Aires. A medida que se aproximaba, la flecha se iba haciendo cada vez más delgada, indicando la cantidad importante que salió de allá, y los que finalmente llegaron a destino.
Lo que más me impresionó del lugar fueron las edificaciones hechas por los propios aborígenes en el pie de la montaña, con piedras encajadas de modo tan perfecto que no precisaban ni barro ni cemento para unirlas. Ahí vivían. Y unos cien metros más arriba había otras edificaciones, que utilizaban en épocas de guerra.
Según nos contó el guía, detrás de las montañas hay un río que pasa por ahí, donde todavía viven algunos descendientes de aquellos nativos que sobrevivieron a esa época.
Como estaba de gira rendía libre en el colegio, y al volver a Ingeniero White tenía que dar un examen de historia y no había estudiado. Llevé el video, se lo mostré a la profesora, le conté la historia y me aprobó.
El autor es cantante y compositor. Se presenta en la Trastienda el viernes
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