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 • HISTORICO

Experiencia por el lado salvaje de la vida

En las reservas naturales de este país los animales más temidos posan para el visitante, que no duda en convertirlos en foto




CIUDAD DEL CABO.- Son las 7.40 y a 70 metros de uno de los caminos del Parque Nacional Pilanesberg se observa la pasividad de una leona que, seguramente, se encuentra en pleno proceso digestivo de algún impala.
El felino tiene una pose similar a la esfinge de las pirámides de Gizeh y no se inmuta ante la presencia cercana de seis potenciales presas, que admiran su belleza con fascinación. Debe haber tenido suerte durante su cacería nocturna. A pocos kilómetros de allí, en Sun City, los visitantes se despiertan y se preparan para desayunar en el salón principal del Palace of the Lost City, el hotel de dimensiones faraónicas que domina la pequeña Las Vegas, con sus casinos, el centro de entretenimientos, la playa artificial y su máquina de olas.
Esta es una muestra de los contrastes que ofrece Sudáfrica, una nación bendecida con las mayores riquezas que ofrece el planeta (minerales, flora y fauna) y redimida, desde 1994, tras décadas de discriminación racial de blancos hacia negros en su más cruda expresión.
Antes de arribar a Sun City y Pilanesberg, Ciudad del Cabo (Cape Town) ofrece las primeras impresiones de esta experiencia llamada Sudáfrica. Protegida por la montaña Mesa (Table Mountain), la ciudad es una excelente base para un recorrido por la provincia del Western Cape.
A 60 kilómetros se encuentra el cabo de la Buena Esperanza, supuesta divisoria de aguas entre los oceános Atlántico e Indico, y cuya visita produce la sana envidia de todo marino que se precie de ser un hombre de mar. Antes de llegar a este punto se puede visitar Hout Bay, donde llegan toneladas de frutos de mar, luego devorados en Ciudad del Cabo.
Un poco raro por la temperatura de esa latitud, pero se puede visitar una pingüinera en Boulders, sobre False Bay (bahía Falsa), por unos pocos rands. Las ballenas también son habitués pero, a diferencia de los pingüinos, se toman su tiempo para ingresar en esta geografía.
Para el descanso en las playas, Cape Town tiene varias alternativas; sin embargo, la preferida es Clifton, a 4 kilómetros del centro.
Una buena manera de cerrar la estada en el sur del país es la excursión a Robben Island, la tierra insular que retuvo al hombre más conocido del país y símbolo de la libertad de la población negra: Nelson Mandela. Allí está la cárcel y uno de los compañeros, que hoy es el guía, de sus 27 años de reclusión.
Unos pocos kilómetros al Oeste, está Stellenbosch, reducto intelectual de los afrikaners pues funciona la única universidad del país que dicta sus cátedras sólo en esa lengua (afrikaans). Pero Stellenbosch no se destaca por esta suerte de elitismo, sino por sus sabrosos vinos producidos en los valles cercanos. No deje Sudáfrica sin haber comprado una botella de pinotage , mezcla de pinot noir y heritage, propia de la zona de esta Ruta del Vino.

A lomo de avestruz

Antes de comenzar la Ruta Jardín, la localidad de Oudtshoorn presenta la oportunidad de recorrer los criaderos de avestruces, probar su carne y observar las utilidades que se les dan a las plumas y la piel.
Al norte de este pequeño pueblo se encuentran las cuevas de Cango, cavernas con las clásicas estalactitas que datan de cientos de miles de años.
Antes de descender hacia Mossel Bay y comenzar la Ruta Jardín es parada obligada Cango WildIffe Ranch, a 10 km de las cuevas. Esta reserva privada es similar a un zoológico, pero las especies se limitan a cocodrilos, tigres, leones, leopardos y los simpáticos chitas, a los que se puede visitar y comprobar su docilidad acariciándolos y jugando con ellos. También se expone un serpentario con las especies más venenosas del continente, entre ellas, la temida y letal mamba negra. La Ruta Jardín comienza en Mossel Bay y termina en Port Elizabeth, ciudad donde se encuentran las terminales de las más importantes automotrices e industrias metalúrgicas. A lo largo de este trayecto, las siluetas de la costa descansan la vista e invitan al viajero a disfrutar de las playas.
Pero las paradas recomendadas para hacer base son Mossel Bay y Knysna. La primera por estar conectada a Oudtshoorn y por haber sido el primer punto de Sudáfrica tocado por los europeos: el portugués Bartolomé Días ingresó en esta bahía en 1488. Una réplica de la carabela de Días, que recreó el viaje en 1988, está expuesta en el Museo Marítimo de Mossel Bay. La segunda, Knysna, brinda la posibilidad de acceder a las playas de Brenton o a las de Plettenberg Bay y visitar el Tsitsikanima Coastal National Park.
Para los necesitados de adrenalina, la Ruta Jardín tiene en varios puntos puestos de bunjee jumping, una actividad en la que el que se anime es atado de los pies y se lanza de cabeza al vacío, desde un puente.
El contingente abandona el complejo de Sun City para dirigirse en combi a Johannesburgo. La guía advierte que Johannesburgo cambió. Y mucho. Desde la asunción de Nelson Mandela, en 1994, la población negra fue ganando espacio respecto de los blancos. Estos se trasladaron a Sandton, un símil de la zona norte del Gran Buenos Aires. Y los residentes de Soweto, todos de raza negra, con cierto poder adquisitivo avanzaron sobre la ciudad más grande del país.
Hoy Sudáfrica es armonía entre la minoría blanca y la mayoría negra, la riqueza blanca y la pobreza negra.

Datos útiles

Cómo llegar

En avión: US$ 920. Hasta Johannesburgo, de ida y vuelta, con impuestos.

Alojamiento

* * * US$ 30-80
* * * * US$ 80-150
* * * * * desde US$ 150
Las tarifas corresponden a Ciudad del Cabo en habitaciones base doble.

Paquete

11 días: US$ 1995. Johannesburgo, Kruger, Sun City y Cape Town. Precios por persona en base doble, incluye desayuno continental, 6 comidas, 2 safaris al Parque Kruger y visitas. Pasajes aéreos. No incluye impuestos. Operador, Travelclub.

Gastronomía

Una comida ronda los us$ 15. En Cape Town se recomienda la langosta y frutos de mar. En otros puntos del país, avestruz y springbok.

Más información

Embajada de Sudáfrica. Marcelo T. de Alvear 590, 8º piso (4317-2900).

Casi nunca pasa, pero...

Los ataques de animales al hombre en los parques nacionales son casi imposibles. Sin embargo, la posibilidad la puede dar la confluencia de una bestia enferma y el descuido de la víctima, en este caso... la esposa de un director del Kruger National Park. Mientras caminaba desde su oficina hacia la enfermería, está señora se cruzó en el camino de un leopardo, que no dudó en atacarla. Tras ser cazado y analizado por medio de una autopsia, las autoridades concluyeron que el animal estaba enfermo. Por eso sus pares lo expulsaron y fue condenado a vagar en soledad. Por eso es importante estar atento.
Por Pablo J. Gaggero
De la Redacción de LA NACION

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