
Sin buscar, sin hacer foco, caminando por la calle y pensando en cualquier cosa, lo vi: el vestido de mis sueños. Lo vi en la vidriera, color y largo perfecto, original, sexy, etc. (con todos los "etc." que pueden tener los vestidos de los sueños).
En septiembre tengo el casamiento de una amiga y, si bien no estoy buscando todavía, estoy alerta a este tipo de fenómenos.
Lo vi. Venía apurada, en cualquiera, pero sentí la necesidad de entrar y hacer LA pregunta. "¿Viene en talle único?". Esperaba un sí rotundo como me sucede a menudo. Pero no. La vendedora me dijo muy amablemente que venía en varios talles. Fui feliz. Segundos, pero juro que lo fui. A las lungas desproporcionadas esas afirmaciones nos cambian el día.
Entré a un probador que mas que un probador era la caja que usan los magos para hacer trucos de escapismo. Me lo probé y me quedaba espantoso. No exagero. No me entraba en la cabeza cómo podía ser tan bello colgado en la percha y tan feo en mí. Le agradecí a la vendedora, lo volví a colgar y seguí mi camino.
Cosas que pasan. Ya nos vamos a encontrar él y yo. Tengo fe. Tengo un mes y medio de tiempo. Se van a enterar si no aparece (porque les voy a pedir uno prestado).
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