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Créditos: Ohlalá



A veces hablo de cosas mencionando a otros. Sí, claro, es un recurso para disparar un tópico. En muchas oportunidades me siento identificada con cosas que le pasan a quienes me rodean. Otras, me siento en la vereda opuesta. Ambas, de tanto en tanto, me resultan dignas de mención.
En el post de ayer hablé sobre mi socia y su pareja haciéndose mutua entrega de las contraseñas de sus respectivos mails como acto de confianza.
Sí, yo efectivamente, descubrí (la punta de iceberg) una infidelidad de mi marido leyendo un mail de una cuenta (desconocida por mí) que dejó abierta "accidentalmente" en mi computadora.
Sí, yo tenía el password de su Hotmail, pero lo sabía porque alguna vez que él estaba en la calle, necesitó que me fijara una dirección, o algo así.
Entonces, la respuesta es sí y no.
1) Sí, tuve su pass y sí, descubrí su infidelidad a través de un e-mail.
2) Este hecho no invalida que me pregunte si la situación de mi socia es "cuestionable". De hecho, la ratifica.
Ayer me quedé pensando, luego de los comentarios que hubo en el post.
Y ¿será que hay que dejar de mirar alrededor?
¿Será que hay que dejar de compararse?
Es muy fácil resolver los problemas de otros.
Educar a los niños ajenos.
Administrar el dinero que no es de uno.
¿Llegará la hora en la que ya no me fije en lo que hacen los demás y viva mi vida como lo que es: sólo una decisión mía?

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por Redacción OHLALÁ!


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