
Créditos: Ohlalá
En el parador Cabaña 1600 cambia la movida cerca de las 16. Ya no están sólo los más chicos que suben con sus papás a tomar un chocolate y hacer un descanso después de un día arriba de los esquís, con música tranquila de fondo y un bullicio especial. A las 16, el lugar se llena de jóvenes, pibes snowboarders y esquiadores, más algunos instructores que se suman al encuentro del after mountain. El festejo es una moda similar a los encuentros porteños luego de la oficina, pero aquí en vez de estacionar el auto, estacionan los esquís en la puerta del boliche.
Allí, Alejandro, uno de los encargados de 1600, espera al contingente: de 16 a 17, hay happy hour de champagne Bianchi.
En otro punto del cerro, un poco más al Sur, está Conexión. Allí, Mario del Mastro, un porteño que desde hace tres años tiene la concesión del parador, le pone su cuota de onda a la montaña junto a Diego Volpe, el DJ, que se encarga de darle mucho punch a cada encuentro. "Subimos equipos y solemos poner unos cuatro parlantes afuera, en el balcón. Se llega a escuchar la música en toda la montaña", dice Diego, mientras cuenta que en algunas oportunidades se llegaron a juntar unas 300 personas en las fiestas, entre instructores y gente de todos los puntos del país y del mundo.
Mario, según cuentan los habitués del cerro, se hizo famoso por la bajada de antorchas después de las fiestas, algo que le puso su sello al boliche, Moon. "La idea dice Mario es que la gente empieza a llegar a eso de las 15, cuando tenemos un happy hour de cerveza. Y después llega la música, sobre todo electrónica."
"Es uno de los placeres adicionales de la montaña agrega por su parte Gustavo, un habitual visitante del cerro.Venís bien temprano, esquiás todo el tiempo que puedas, a veces ni almorzás. Y a eso de las 15, te encontrás con amigos para pasarla bien."
Lo cierto es que los medios de elevación cierran a las 17.30. Si las condiciones lo permiten (tiene que haber nieve hasta la base), a veces algunos se quedan un poco más y bajan alumbrados por la luna, siempre acompañados por patrulleros e instructores.
Los after mountain llenan el aire con su música. Allí, después de andar todo el día casi en solitario, sobre todo aquellos más avezados que circulan por las pistas más exigentes, los deportistas se juntan con otros y conversan sobre cómo estuvo el tiempo, dónde les pareció que estaba mejor la nieve, pero, más allá de qué conversan, lo importante es que la gente se conoce.
Sin embargo, esto no termina aquí, porque en la misma base hay lugares en los que sigue la movida, como Rodeo, donde suelen hacerse recitales y otros paradores que tienen ofertas especiales y atracciones de todo tipo para atraer a los esquiadores.
Y si se trata de no parar, también en la ciudad, en pleno centro de Bariloche, cervecerías y pubs irlandeses convocan, con sus variantes de cerveza negra, rubia y aquellas típicas como la de frambuesa que sirven en Pilgrims, a una tribu de personajes que también anduvieron todo el día en la montaña.
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