
Ok, es así, la cama está demasiado grande, demasiado solitaria, demasiado aburrida de no ser por mi amigo el control remoto o algún libro que se me ocurre leer antes de irme a dormir.
Y sí, me agarraron las ganas.
No quiere decir que salga corriendo a hacer algo al respecto, pero bueno, claramente estoy atenta aunque no quiera. Es inevitable. Venís de unos meses de sexo más o menos cotidiano y de repente de un día para el otro se corta el chorro y dado que esta vez no ando arrastrándome por ahí con el corazón tan roto que no permite pensar en otras partes de mi cuerpo, creo que estoy en condiciones de afirmar que ya es hora. He llevado un breve celibato post corte pero ya volvieron las ganas. Y bastantes, como de a oleadas. Se van juntando, levantando, alcanzando altura, fuerza, y de repente te rompen en la espalda.
Esta noche le informaré a mi amante el control remoto que nuestras noches juntos están contadas, que pienso ver a otros hasta ahí mismo, en la cama que compartimos. Y si no le gusta, que se encierre en el cajón de la mesita de luz y no vea ni escuche nada. Después de todo es mi vida.
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