
Créditos: Ohlalá
Soy de Misiones, de muy cerca de la costa del río Uruguay, y siempre he tenido una vivencia cotidiana del sur de Brasil, más específicamente de la ciudad de Porto Alegre, al punto que tenemos el mismo clima, la misma geografía y hasta las mismas costumbres; usamos la misma ropa, escuchamos la misma música y hasta comemos la misma comida. Es decir, la gente del sur de Brasil, en su contexto geográfico y cultural, tiene muchas manifestaciones muy parecidas a las de los argentinos del Nordeste, tan válidas como las nuestras.
Por eso siento un afecto muy especial por la ciudad de Porto Alegre, y con todo Rio Grande do Sul. Todos los años allí se desarrolla la Farroupilha, una semana de festejos en conmemoración de la revolución de los farrapos, como se llamaba a los campesinos muy pobres que vivían allí, vestidos con harapos. Para los riograndenses se trata de una fecha muy importante, ya que a partir de entonces lograron una forma más equitativa de la distribución de la riqueza y mejoraron notablemente su calidad de vida.
Una revolución
Al llegar a Porto Alegre me llamó mucho la atención que los gauchos, o gaúchos, como se les dice ahí, están absolutamente incorporados a la vida de la ciudad y a su cotidianidad, muy relacionada con todo lo folklórico y lo gauchesco.
Ellos viven sus costumbres mucho más intensamente que en la Argentina, el país del gaucho y del mate, donde se lo vive un poco más fragmentado, y si se quiere comprar una bombacha de gaucho hay que recorrer toda la ciudad hasta terminar en un negocio para turistas. Dio la casualidad que llegué a Porto Alegre justo cuando se celebraba la semana de la Farroupilha (la semana del 20 de septiembre) y me sorprendió que los choferes de los colectivos urbanos manejaban vestidos con botas, bombachas y pañuelo al cuello. La mitad del personal de los hoteles estaba vestida de gauchos, y las mujeres que atendían en el bar estaban sus ropas de chinas. Fue impactante llegar a una ciudad importante como ésa y ver a la mitad de la población ataviada con las ropas típicas.
Igualmente, aunque toda esa semana la ciudad festeja la revolución, en realidad ellos viven durante todo el año con la música folklórica, el cimarrón (parecido a nuestro mate, pero con una molienda de la yerba diferente), las comidas típicas como el churrasco (su versión del asado argentino), o un buen guiso carretero.
Baile, acordeón y guitarra
Fui a un baile inmenso, donde se tocaba música con acordeón y guitarras, se escuchaban chamamés y rancheras, interpretadas a la manera riograndense, con hermosas mujeres que bailaban vestidas de chinas, con vestido largo y trenza. Para alguien que le gustan las cosas costumbristas es inolvidable.
En definitiva, la Farroupilha es el orgullo riograndense, y la recomiendo muy especialmente para el que quiera hacer un viaje corto. Es muy pintoresco ir a una ciudad y encontrarse con gran cantidad de lugares donde se puede escuchar música en vivo y se puede bailar, con trescientos millones de grupos que tocan y lo hacen muy bien.
El autor es músico y compositor. El próximo sábado 16, a las 23, se presentará en La Trastienda.
Por Chango Spasiuk
Para LA NACION
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