

SAN CARLOS DE BARILOCHE.- Guardianes de la seguridad en la nieve, los patrulleros del Cerro Catedral conocen la montaña centímetro a centímetro y sus conocimientos les permiten resolver cualquier situación dentro de las pistas. Están encargados a diario de la prevención de accidentes, por lo que su palabra es ley y hasta tienen un sistema de multas por infracción para quienes cometan faltas tales como excederse en la velocidad, saltar en lugares prohibidos o no respetar las marcas de señalización.
La mayoría de ellos realiza doble temporada intercalando su trabajo entre las pistas de Europa o los Estados Unidos –donde son muy reconocidos– y las del Cerro Catedral.
Su entrenamiento no sólo es físico, poseen conocimientos en primeros auxilios, material de prevención y señalización, como así también en tecnologías aplicadas al rescate. Se les toma un examen de esquí fuera y dentro de pista y aprobarlo es el requisito básico para ingresar en el curso de patrulleros.
En los puntos más altos del cerro existen bases llamadas "permanencias", desde las que patrulleros auxiliares controlan las pistas e informan a los cuarenta y dos integrantes del equipo que están recorriendo la montaña acerca de cualquier evento.
Cada integrante del equipo de patrulla cuenta con un botiquín, una radio, un teléfono celular con cámara fotográfica y un silbato. El equipamiento de rescate se encuentra en depósitos distribuidos por todas las laderas del cerro.
Desde temprano, cuando aún es de noche, sus rojas figuras se distinguen a lo lejos. Ellos son quienes realizan la primera bajada esquiando, controlando una a una las pistas. Nada se les escapa y terminada la temporada, planean mejoras y modificaciones para el año siguiente.
Cada cierto tiempo se hace un perfil estratigráfico, tomando muestras de la nieve que a través de su grano, temperatura y densidad permiten prevenir avalanchas. Pero además, y aunque nunca sucede, los patrulleros cuentan con tres formas de rescate en caso de que alguien quede enterrado bajo la nieve. El arva es un aparato de búsqueda de víctimas de avalancha que emite una señal sonora; la zonda es una varilla, larga y flexible, que permite localizar personas; y los perros utilizan el olfato para rastrear al accidentado.
Este año se incorporó al equipo un labrador negro llamado “Pucho”, que se transformó rápidamente en la estrella del lugar.
Su entrenamiento, a cargo de Juan Manuel de la Rosa, se basa en hacerle buscar un juguete. Al encontrarlo, se le enseña a ladrar y luego se lo recompensa. De esta manera, el normal funcionamiento de las actividades del cerro está en buenas manos.
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