• HISTORICO

Hacía galletitas para sus hermanos celíacos; ahora es la estrella de las dietéticas




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Con un título en administración de empresas bajo el brazo y 15 años de experiencia en el desarrollo de start-ups de tecnología y marketing digital, Verónica Smith (41) jamás imaginó que su amor por la cocina se convertiría en un emprendimiento con nombre, apellido y reconocimiento local. Acá te contamos su historia y cómo ella logró encontrar un lugar y un método de trabajo que le funcionaran.
Todo ocurrió cuando a sus hermanos Brian y Alex (de 40 y 36 años) fueron diagnosticados con celiaquía. Verónica advirtió que en el mercado de las galletitas para celíacos no había propuestas saludables y sabrosas a la vez. Por eso se dedicó a investigar y a realizar múltiples pruebas a lo largo de un año. ¿Su objetivo? Hacer productos de calidad y con un detalle no menor, lo que elaborara no debería tener los elementos fundacionales de la pastelería: la harina con gluten y los lácteos. "Arranqué en Londres, donde vive mi hermana. Probé todo lo que pude y encontré que no había mucho que me gustara. Si eso pasaba allá, que hay de todo, imaginé que, si lograba algo bueno, acá tenía un mercado inmenso", recuerda.
Entonces investigó en libros, en Internet y en diferentes recetarios. Armó un archivo enorme donde iba dejando información sobre cada ingrediente, su reacción, las combinaciones, consejos y demás. Después, hizo las primeras pruebas, les sacaba fotos, anotaba versión y ponía un review o puntaje de cada una. El trabajo de hormiga no terminaba ahí: Verónica catalogaba cada receta, teniendo en cuenta cómo era la consistencia de la masa cruda, su aspecto pre y post cocción, su aroma, sabor y consistencia. Huevos, limón, azúcar orgánica y mascabo iban a ser sus pilares. Pero su plan era grande. Y necesitaba saber más. Porque Verónica pretendía hacer productos con etiqueta limpia: "Este tipo de etiquetas supone que la lista de ingredientes sea lo más corta posible y sin aditivos químicos".

Un tropezón que no fue caída

Luego llegó el momento de buscar dónde fabricar sus galletas. Al comienzo lo hizo en una cocina alquilada en Don Torcuato. La experiencia no fue buena, pero le permitió aprender qué necesitaba. "El lugar de elaboración en sí no tenía más de 15 metros. La señora que me alquilaba el espacio me complicaba la vida con todo lo que podía: no me dejaba usar nada, ni me proporcionaba espacio para almacenar mis cosas". El camino iba a ser difícil, pero Verónica no estaba dispuesta a dejarse vencer.
Finalmente optó por alquilar las instalaciones habilitadas como libres de gluten de una pequeña fábrica. Mientras, se encargaba de comprar, vender y entregar. Entraba a las dietéticas, se presentaba y así iba ganando los primeros clientes. Después fue ampliando las zonas donde llegaba y sumó el oeste, que es donde viven sus padres. "Hice una página en Facebook y todo se dio de boca en boca. Eso me sirvió para definir los productos, y descartar aquellos que, por su vida útil corta, no iba a poder producir dentro del concepto de mi marca libre de conservantes. Así dejé afuera los brownies o muffins y quedaron las galletas que, por no tener humedad, se conservan más tiempo".
No le llevó demasiado tiempo encontrar una fábrica en Vicente López que cumpliera con los requisitos que necesitaba. Pero para ponerla a funcionar, su proyecto -al que bautizó Nina Felicidad en honor a su sobrina-, necesitó más capital. Fue allí que se unió su ex jefe de Alemania, que le aportó 80 mil dólares. Desde que había salido a la venta, estaba siempre atrás de la demanda y con la capacidad de producción limitada.
Los problemas seguían apareciendo. En septiembre de 2018, una mañana llegó a la fábrica y las dos chicas que trabajaban con Verónica se fueron sin aviso. "En ese momento pensé en cerrarla, pero mi marido y mi mamá empezaron a venir a la fábrica para ayudarme y seguí adelante. Un año y medio después, quintuplicamos la producción, lancé 6 sabores más, estamos en tres cadenas de supermercados y en muchos comercios".
El crecimiento del negocio se dio de manera orgánica. Una cadena de dietéticas la llamó porque la compradora había adquirido sus galletas en otra dietética y le habían encantado. Lo mismo le pasó con Walmart. La llamaron porque la gerenta las había comprado en una tienda en su country. El año pasado Verónica amplió la línea con siete sabores nuevos y la versión individual de los sabores clásicos. Tres de estos, además de no tener gluten ni lácteos, son sin azúcar, en una línea apta para diabéticos.

En números

30 mil dólares fue la inversión inicial.
7 empleadas + su marido y su mamá trabajan en Nina.
2 mil paquetes mensuales hizo durante los primeros seis meses.
+ de 30 mil son los paquetes que la fábrica produce por mes hoy.
$60 cuesta en promedio el paquete de galletitas.
Verónica es un buen ejemplo de una emprendedora que supo encontrar su nicho, darle valor agregado a sus productos y diversificarlos, para innovar y seguir sumando valor a su propuesta.

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