

Estábamos en Praga y decidimos ir a Karlovy Vary. Se trata de la más antigua fuente de aguas termales descubierta en el territorio. Cuenta la leyenda que el emperador Carlos IV, en el siglo XIV, vio chorros de aguas calientes que erupcionaban de la tierra y que tenían propiedades curativas, especialmente para enfermedades digestivas. En el siglo XIX la villa se desarrolló con sus características actuales. La rica burguesía europea construyó en las laderas de las colinas y a lo largo del cauce del río, mansiones victorianas rodeadas de jardines y lujosos hoteles. Los visitantes bebían las aguas sentados en las galerías y salones que rodean as fuentes.
Recorrer la villa es un paseo de la mano de la burguesía del siglo XIX. En cualquier esquina uno espera encontrar señoras ataviadas con largos vestidos, sombrillas con encajes y guantes, acompañadas de caballeros con galera y bastón: Permanecer en ese lugar, aunque sólo sea por un lapso breve, constituye cada vez más, un raro privilegio
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