
Créditos: Ohlalá
IGUAZU, Misiones.- La macuco hembra lo miró de reojo. El macho que habían puesto en su jaula no era muy guapo. Y a pesar de que sabía que los investigadores del Centro de Recuperación y Recría esperaban ansiosos su aprobación, lo echó a picotazos.
Cuando se trata de recriar aves silvestres, la tarea no es sencilla. Como muchas están en vías de extinción, no se encuentra un casal a la vuelta de la esquina. Pero una vez conseguido, quizá no sea la media naranja que se buscaba. No es para menos; la mayoría de las aves forma pareja para toda la vida.
Güira Oga (en guaraní, morada de las aves) es el Primer Centro de Recuperación y Recría para las Aves Amenazadas de la Selva Misionera. El proyecto fue ideado por la Delegación de Misiones de Aves Argentinas, y por medio de un convenio con el Ministerio de Ecología y Recursos Renovables de la Provincia de Misiones, consiguió un predio de 20 hectáreas de selva en muy buen estado de conservación.
Está sobre la ruta nacional número 12, entre el camino que se recorre del aeropuerto a la ciudad de Iguazú. Está permitida la visita de los turistas y la entrada cuesta 2 pesos.
El canto del moitú
La riqueza de las aves de la selva de Misiones es la mayor del país. Cuenta con 540 especies, más de la mitad de las que viven en la Argentina. Sin embargo, 26 podrían legar a desaparecer si no se toman los recaudos ecológicos. "Las aves que corren un peligro mayor son las rapaces, los loros, los macucos y las pavas de monte -explica Andrés Bosso, director de Aves Argentinas-. Por eso, el centro está intentando la recría de estas especies. El proyecto, que se encuentra en su primera etapa, apunta a rescatar y recuperar ejemplares cautivos, heridos o productos de decomisos."
En este momento tienen unas 40 aves en cautiverio, de las cuales 10 pertenecen a especies en vías de extinción. Por los árboles del predio se pasean otras 210 especies. El centro crece de a poquito. De hecho, se espera poder formar pronto una pareja de macuco, especie que se encuentra al borde de desaparecer debido a su carne exquisita. Es un ave muy ingenua, poco temerosa del hombre, lo que le ha costado la vida. Se caracteriza por un canto de tres silbidos largos, claros y melancólicos.
En el centro residen verdaderas joyitas emplumadas. Por ejemplo el águila crestuda negra o el águila viuda. Son bichos enormes y de unos ojos penetrantes. Vale la pena sentarse un rato e imaginar en qué piensan cuando miran a lo lejos. La extinción de las rapaces se debe a la tala de la selva. Son animales grandes que anidan en árboles de más de treinta metros... que ya casi no quedan. Como son las últimas en la cadena alimentaria -cualquier alteración del medio es una gran amenaza-, la extinción de cada uno de los animalitos del monte es un alimento menos en su plato.
De todas las variedades de pavas, el centro posee un moitú, la más grande de las de monte, y en vías de extinción por la misma razón que el macuco. Tiene una simpática cresta enrulada, blanca y negra. Su grito es como el de su nombre: mui... tú.... mui... tú .
Los loros, en cambio, llegaron al libro negro por sufrir la captura ilegal para el mercado de mascotas. El centro posee unos hermosos guacamayos rojos, pertenecientes a una especie extinta en toda la Argentina (la última de estas aves fue avistada hace 100 años). El ecosistema ha sido alterado de tal manera que no se los puede reinsertar en el medio.
Si le gustan las aves, y está de paso por las Cataratas, no puede perderse este paseo.
Cristina Macjus
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