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 • HISTORICO

Ilha do Mel se conoce mejor con los pies descalzos

Cerca de Curitiba, en el sur de Brasil, hay un lugar para estar muy lejos de todo




ILHA DO MEL.- Un viento cálido recorre el barco, choca contra las caras descubiertas, las manos y los pies desnudos, y se pierde en la atmósfera salina. Unas gaviotas acompañan el derrotero de la nave, líneas blancas contra un cielo desmesuradamente azul. La distancia que separa el continente de la Ilha do Mel no es mucha pero parece infinita: es el influjo misterioso que producen las islas, la sensación de saberse llegando a un espacio distinto, una porción de tierra rodeada enteramente de agua.
A menos de cien kilómetros de Curitiba, capital del Estado de Paraná, bañada en sus costas occidentales por las aguas calmas de la bahía de Paranaguá y en las orientales por las aguas bravas del mar abierto, Ilha do Mel es uno de esos sitios privilegiados donde la presencia del hombre no ha llegado a alterar las bondades de la naturaleza, que en la isla es exuberante.
Casi la totalidad de las 2700 hectáreas de la isla conforman una reserva ecológica. Y esto no es meramente un título: aquí no hay automóviles ni basura adornando las playas, y la cantidad de visitantes está restringida a cinco mil personas por día, cupo que sólo se alcanza en temporada alta.

Posadas y un par de bares

La isla está formada por dos sectores unidos por una restinga, apenas un delgado pasillo de arena que separa dos mares muy distintos. El sector norte es el más agreste. Aquí se encuentra la Fortaleza de Nossa Senhora dos Prazeres, también llamada Fortaleza da Barra, un fuerte construido por los portugueses en 1767 que hoy funciona como museo y atracción turística. Cerca del fuerte, hay posadas y un par de bares; el resto es todo playa.
En el sector sur se encuentran los dos embarcaderos de la isla, la mayoría de las posadas y restaurantes y los poblados de Brasília, Farol y Encantadas, que se comunican entre sí -y con las playas- por medio de callejones de arena o senderos que recorren la suave selva que lleva el nombre de mata oceánica.
Brasília es el lugar que concentra mayor cantidad de turistas, ya que como está en el centro de la isla es un punto estratégico para acceder a las playas y salir a recorrer los distintos recovecos que, si bien cercanos, resultan distantes por lo intrincado de los caminos y porque la única forma de llegar a ellos es a pie.
Es fácil perderse en la isla, pero también encontrarse: el Farol das Conchas, construido en 1872 en lo alto de un cerro, se ve de todos lados, punto de referencia obligado de marinos y caminantes.
Cuando sopla viento norte se suele ver una caravana de personas vestidas con trajes de neoprén negro caminando, tabla en mano, hacia Praia Grande a pegar ondas. Muchos opinan que allí se barrenan las mejores olas de Brasil. Los isleños, dedicados mayormente a la pesca con redes, ya se han habituado a los surfistas con quienes comparten, de alguna manera, su condición de hombres de mar.
Durante el día, imágenes de una cotidianidad que raya lo onírico se suceden sin descanso: una chica pasa a caballo cargando un botellón de leche; un hombre vuelve a su casa llevando una hogaza de pan bajo el brazo; unos chicos remontan un barrilete hecho con bolsas de nylon; una veleta con forma de ballena muestra la dirección del viento; unos barcos pesqueros reposan sobre la misma arena donde en un picadito con pelota de trapo se decide quién va a invitar con cerveza.
Con la llegada de la noche, el rumor del mar se convierte en canción de cuna. Una calma silenciosa se apodera de Brasília, Farol y de los que salen a caminar por la playa cuando la luna despierta.

Viaje en tren

  • La mejor forma de llegar a Ilha do Mel es tomar el tren que comunica Curitiba y Paranaguá. Este recorrido, de 110 km, es uno de los más espectaculares de Brasil y una gran obra de ingeniería. Construido en 1885, el tendido ferroviario bordea la Serra do Mar, alcanzando una altura de 955 metros. En el trayecto pasa por 67 puentes y 13 túneles. El viaje dura unas cuatro horas y cuesta entre 10 y 30 dólares.

Datos útiles

Cómo llegar

En avión: US$ 400
Hasta Curitiba, de ida y vuelta
De Curitiba a Pontal do Sul
En ómnibus: US$ 5
Hasta la isla
En barco: US$ 2-3

Alojamiento

Económico US$ 5-10
Moderado US$ 15-20
Bueno US$ 30-40
Los precios son por persona base doble.

Qué comer

El plato obligado es pescado frito con ensalada, arroz, porotos negros y papas fritas.

Autos

Está prohibido su acceso a la isla.

Más información

Embajada de Brasil, Cerrito 1350; 4515-2400.

En Internet:

Alejo Schatzky

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