

Confesiones de una artista amante de las giras
-¿Cuál fue tu primer viaje por cuenta propia?
-Cuando tenía 19 o 20 años viajé a Brasil con mi novio de entonces y una amiga. Fuimos a San Pablo, a un centro macrobiótico en el que aprendí mucho de comida y curación natural. El director era discípulo directo de George Oshawa. Luego llegamos a Río y viajamos a una localidad del interior encantadora, Teresópolis, con tremendas cachoeiras (cascadas), donde paramos en una casa de 1930. El viaje siguió por Buzios y al regreso visitamos a mi hermano, que vivía en Bombinhas, por entonces un sitio salvaje e inexplorado.
-¿Cuál es tu playa favorita?
-Cualquier playa de mar no del todo calmo, de arena blanca, calurosa y poco habitada. La he conocido en Brasil, en Uruguay, en Grecia y en Ibiza.
-¿El peor viaje de tu vida?
-Todos los viajes han sido experiencias ricas y disfrutables. Quizá un viaje en el que fui a Nueva York, pasé por Londres y visité Nepal y Bután, me enriqueció mucho a nivel personal, pero la compañía? no fue la más amable. Creo que en un viaje la compañía es de vital importancia.
-¿Cómo fue conocer Bután?
-Aterricé en un pequeño avión piloteado por un inglés salido de una novela de espionaje. Apenas ingresé al país me adjudicaron un guía que parecía rendirme pleitesía como si fuera de la realeza, pero en realidad estaba vigilándome. No andaba sola nunca, el guía dormía en mi hotel, desayunaba, almorzaba, merendaba y cenaba conmigo y tenía un programa de visitas ya diseñado. En una ocasión, le pedí que en lugar de una biblioteca fuéramos a una casa familiar, a conocer cómo vivían. Accedió y pasamos el día con esa familia, comimos, rezamos con ellos (son budistas y tienen ritos diarios), conversamos por señas animadamente y nos fuimos a la hora de dormir.
-Si pudieras tomarte un año sabático para viajar: ¿adónde irías?
-Al sur de Italia. Con amigos o muy enamorada.
-¿Qué es lo que más te entusiasma de las giras?
-Las giras que me gustan son con la banda. Me encanta salir de casa con los muchachones talentosos que me acompañan; llegar, almorzar en un buen sitio, dormir una siesta, probar sonido, conocer un nuevo teatro hermoso -los hay, y muchos, en el interior- donde tocar y después cenar y beber. Dormir lo que se pueda y al día siguiente lo mismo: trasladarnos a otra ciudad. Si son distancias cortas me gusta la vida de la combi más que el avión; el mate, las risotadas.
-¿Cuál es el mayor pecado de un turista?
-Serlo. Creo que la auténtica manera de viajar es convivir y fundirse con los habitantes del lugar al que uno va. El turista típico altera el paisaje, es ruidoso, inadecuado y con una curiosidad ultrajante. Para conocer realmente un lugar, es mejor ser discreto, observar sin intervenir y mezclarse con el entorno.
-¿Un viaje soñado que te gustaría concretar alguna vez?
-La ruta de los monasterios zen en el interior de Japón. Si fuera posible, me gustaría vivir en ellos.
-¿Qué es lo primero que te gusta visitar de un lugar?
-La calle, pueblo o paisaje, según cómo esté conformado el sitio. Lanzarme al día normal y caminarlo. Hacer lo que los habitantes del lugar hacen, comer donde ellos comen, vivir lo que ellos viven.
-¿Un día de vacaciones perfecto?
-En cualquier lugar de mar y calor, en una casa en la playa. El plan sería levantarme cuando sea que me despierte, ir al mar dormida, volver y tomar mate (lo llevo a todos los viajes, he estado en un hotel de Philippe Starck pidiendo agua caliente en la mañana). Luego más playa, caminar hasta algún chiringuito al borde del agua, beber una cerveza, comer pescado, dormir una breve siesta, volver al mar y, a la noche, cocinar entre amigos.Así indefinidamente.ß
Para más datos: Inés Estévez canta todos los sábados de enero, a las 21, en el ciclo de jazz que organiza Bebop Club, acompañada por MAGIC3. En Moreno 364 (subsuelo). Entradas desde 300 pesos.
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