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Invierno en Nantes, literalmente

La ciudad de Julio Verne, según la mirada atenta y curiosa de un escritor español que conoce bien sus historias y rincones


Créditos: Ohlalá



NANTES.- A Nantes seguramente hay que ir en invierno. Es la época en la que suele visitarla Joan de Sagarra, que año tras año viaja de Barcelona a Nantes para acudir a un almuerzo del Club de los Pulpos, también conocido como la Cofradía del Nautilus, una reunión anual de amigos del Capitán Nemo.
La cofradía tiene más de una docena de miembros, todos grandes admiradores de Julio Verne, aunque, cuando se reúnen, apenas hablan de los libros de éste. Según he podido saber, en el más reciente de estos almuerzos, presidido por el pintor Pierre Perron, se habló básicamente de las películas de Jacques Tati, que rodó Las vacaciones de monsieur Hulot en un solitario hotel de la playa de Saint-Marc-sur-Mer, cerca de Nantes. Aunque remozado -lo que no es equivalente de mejorado-, sigue estando ahí, todavía bastante solitario, ese hotel bretón sobre la playa atlántica. También solitario, en un mirador cercano, puede verse mirando al mar a monsieur Hulot convertido en una estatua de bronce, un tanto solemne desde que algún admirador de Tati le robara recientemente la pipa.

Un comercio triangular

Volvamos al Club de los Pulpos, es decir, a Nantes, antigua ciudad de negreros y poetas, hoy puerto y capital del departamento de Loire-Atlantique, a unos 50 kilómetros de la desembocadura del río Loira. En el siglo XVIII conoció un esplendor único. Hasta que no construyeron un puerto de aguas profundas en la desembocadura del río, en Saint Nazaire, la ciudad de Nantes, con su potente casta de armadores y traficantes, fue el puerto francés más importante para el comercio con el Caribe y Africa.
En la catedral de esta ciudad, Enrique IV de Francia firmó el Edicto de Nantes el 13 de abril de 1598, igualando en derechos a católicos y protestantes, asegurando amplias libertades religiosas y civiles para estos últimos. Creo que, dados los siniestros tiempos que transcurren, todos aquellos viajeros que se sientan implicados en la larga historia de la conquista de las libertades públicas e individuales deben visitar ese lugar donde fue promulgado tan importante edicto.
De la catedral podemos ir al cercano y monumental castillo de los duques de Bretaña, una fortaleza imponente en cuyo interior se encuentran dos museos relativamente interesantes: uno, consagrado a la historia marítima y comercial de Nantes, y el otro, dedicado al arte popular bretón.
Nantes, ciudad fluvial aireada a los cuatro vientos; ciudad abierta y, sin embargo, ciudad encerrada: ciudad literaria no sólo por Verne y Vaché. Muy cerca de ella, en Saint-Florent-le-Vieil, en 1910, nació el escritor más secreto, el más oculto de la actual literatura francesa, Julien Gracq, que sigue viviendo ahí, en su casa natal, y que ha escrito un libro imprescindible para saber algo de Nantes, La forma de una ciudad, publicado en español por Muchnik. Gracq siempre ha admirado a su paisano Verne, aunque consciente de ciertos aspectos que los separan: "Los dos nacimos a la orilla del Loira, sólo que él veía los mástiles de los veleros que iban a cruzar los océanos y yo, la silueta de la espalda de quienes pescan con caña".
En la Rue de la Fosse encontraremos la Maison Coiffard, librería y editorial, una de las mejores librerías de Francia. Son en realidad dos establecimientos, el viejo y el moderno, uno enfrente del otro. En el viejo hallamos el espíritu de la aventura de Verne mezclado con la serenidad clásica de Gracq, es decir, la síntesis de la Nantes de todos los tiempos.
Saliendo de ahí dirigiremos nuestros pasos hacia uno de los espacios más memorables de la ciudad, el pasaje comercial Pommeraye, de finales del siglo XIX, galería milagrosamente intacta, como si el tiempo no hubiera pasado por ella y todavía los asombrados ojos de Breton la estuvieran descubriendo. Y del Pommeraye al histórico restaurante La Cigale -ahí se rodó una famosa escena de cabaret de la película Lola, de Jacques Démy-, algo turístico en verano y maravilloso escenario de barrocos espejos en invierno.
Sí, seguramente a la ciudad de Nantes hay que viajar en invierno, época en la que Joan de Sagarra la visita para cenar en el Club de los Pulpos con sus amigos gourmets, silenciosos admiradores del Capitán Nemo.
El autor es escritor. Entre sus últimos libros se destacan Bartleby y compañía y París no se acaba nunca

Datos útiles

Cómo llegar

En avión US$ 1050
Hasta París, de ida y vuelta, con tasas e impuestos.
Hasta Nantes se puede tomar el tren de alta velocidad que llega en dos horas.

Alojamiento

* * 40

* * * 60

* * * * 90
La habitación doble.

Más información

Casa de Francia. Roque Sáenz Peña 648, piso 9°; 4345-0664. Horario de atención, lunes a viernes, de 9 a 12.45.

En Internet

www.nantes-tourisme.com

Por Enrique Vila-Matas
De El País, de Madrid

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