
Créditos: Ohlalá
Cuando viajé al norte de Italia me llevaron a recorrer la zona de los lagos. Por suerte esta vez fui en verano. Al llagar al lago D’Orta caminamos por unas callecitas estrechas, de piedra, donde el sol aparecía de golpe destacando hermosos balcones con flores multicolores.
En la plaza seca central hay una construcción con frescos pintados donde se realizan funciones teatrales. Allí comimos unos helados deliciosos antes de ir a la isla San Julio. La sugestión envolvente del tiempo pasado era tan fuerte que invitaba a imaginar historias por todos los rincones. El agua quieta del lago y su silencio tranquilizaban el alma. La música de un pianoforte que se escuchaba de una villa se mezclaba con el aire diáfano. Sólo faltaba que me sorprendieran saliendo de la basílica de Roma (siglo XII) los Tres Mosqueteros.
Una noche fuimos a ver el Festival Internacional de Fuegos Artificiales: sobre las aguas del lago se reflejaban las luces como en un espejo y sobre las colinas que lo circundan, las villas iluminadas superaban en belleza lo que me podía haber imaginado. También pude conocer la comune de Cella Monte, donde en 1116 Enrico I tuvo su feudo, y producen un vino espectacular.
Le dicen también Paese della Música por los espectáculos de poesía y música que se presentan en el Oratorio de San Antonio (siglo XVII). Todo esto rodeado de unas colinas verdes y sembradas de parcelas. La gente es muy amable y la polenta que comí, inolvidable.
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