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La bandera argentina en el Caribe

La insólita historia de los “Estados Unidos de Buenos Aires y Chile” es sólo una excusa para conocer este pequeño paraíso




ISLA PROVIDENCIA.- En julio de 1818, plena época de corsarios, el aventurero francés Luis Aury, amparándose en una patente de corso ilegítima, tomó la isla de Providencia y declaró la fundación de los "Estados Unidos de Buenos Aires y Chile".
Así, durante dos años tremoló en aguas caribeñas la bandera de las Provincias Unidas -una colonia con edificios públicos, fuertes y baterías-, asolando a los realistas. Quizá los resabios de aquella aventura aguardan entre la vegetación a que alguien saque a la luz este capítulo insólito de nuestra historia.
Providencia es un cóctel de sensaciones: un ambiente antillano, pero con la calidez de América del Sur; un idioma británico con pronunciación española; música jamaiquina y ritmos latinos.
Es una pequeña isla que parece pensada para los viajeros de nuestra parte del mundo. Desde luego, eso se debe a que forma parte de Colombia, aunque sólo un centenar de millas náuticas la separa de las costas centroamericanas, específicamente, de la Costa Mosquito, en Nicaragua.
De momento, Providencia es un anexo turístico de otra isla de encantos caribeños: San Andrés. Pero quien guste de un entorno apenas modificado por el hombre, sin aglomeraciones ni barrios comerciales, donde después de un par de días ya se reconoce individualmente a los habitantes, no tendrá remordimientos si de San Andrés sólo hace uso de su aeropuerto (como conexión) para finalmente aterrizar en El Embrujo, el miniaeródromo de Providencia Isla, como la llaman los locales, en una infantil mezcla de idiomas.

La Isla del Tesoro

Old Providence fue colonizada por europeos alrededor de 1630. Nido de piratas, bucaneros y aventureros, especialmente por la madera de sus bosques y su agua fresca, es una isla volcánica protegida por uno de los arrecifes coralinos más extensos del globo. Hoy está rodeada por un camino pavimentado de 17 kilómetros de largo, que puede recorrerse enteramente a pie, en motocicleta o en carritos de alquiler.
Es posible disfrutar de esta isla conversando con su gente, cordial y sencilla. No faltan personajes curiosos: pescadores artesanales, rastafaris o extranjeros que vinieron de visita, pero nunca se fueron, como un francés que montó una tienda de libros, además de helados, y una argentina que vende artesanías. Todos son generosos con la charla y en extremo respetuosos con las visitas, que todavía no son muchas. Hay canadienses, pero la mayoría es colombiana y de otros países sudamericanos.
Todavía no hay museos, centros de interpretación o comercios de souvenirs; artificios que por acercarnos al folklore local a veces se interponen entre el visitante y la cultura, que en el caso de Providencia está ahí, al alcance de la mano. Al menos, por ahora.

El mar de los siete colores

Como en toda isla cuya actividad se desarrolla en las costas -el interior es salvaje, con serranías escarpadas y tupidas de vegetación-, el mar es protagonista principal.
Las playas son tres. Pequeñas, pero encantadoras. Arena blanca, cocoteros y algún colorido bar se ensamblan en la típica postal caribeña.
El buceo es de nivel internacional debido a los amplios bajos fondos coralinos y la polución cero . La navegación en lanchas para media docena de pasajeros permite conocer paisajes muy coloridos alrededor de la isla, y en cayos e islotes cercanos. Aún es posible reconocer restos y cañones entre las rocas costeras que son prueba del pasado tumultuoso del mar Caribe.

Servicios al turista

Puede arribarse a Providencia en vuelo de cabotaje o en barco carguero desde San Andrés. La cadena hotelera Decameron cuenta con sus propios vuelos charter, que sólo tardan 15 minutos en unir las dos islas.
En cuanto a la hotelería, no hay mucha variedad de categorías; sólo un puñado de pequeños hoteles -de 4 a 24 habitaciones-, que ofrece un servicio básico, pero muy agradable y prolijo. Aire acondicionado, TV y restaurante propio son la regla. Lo demás es cuestión de gustos estéticos.
Además de las motocicletas y carritos de alquiler, el servicio de taxis es adecuado. Algunos son pickups para trasladarse en la caja posterior, donde la brisa y la visibilidad hacen desear que el viaje no termine nunca.
Por Sergio Zagier
Para LA NACION

Buceo

Felipe Cabeza es un fornido buceador, con largas rastas, que dirige una escuela de buceo en la playa Agua Dulce. Es muy conocido entre los profesionales y tiene el poder de persuadir hasta al más temeroso del agua. Así, desde buzos que se sumergieron en todos los mares del mundo hasta curiosos que sólo se acercan para mirar, casi todos terminan bajo el agua con Felipe. Los fondos que rodean Providencia son muy ricos en formas de vida y carecen absolutamente de polución.
Las áreas de buceo son tan extensas que es inusual toparse con otros buzos en el mismo lugar. Sólo corales, peces coloridos y diversos organismos son testigos silenciosos de estas aguas transparentes.

Santa Catalina

Si Providencia parece minúscula, entonces Santa Catalina lo sorprenderá. Alguna vez unidas por un bajo fondo, se dice que las dos islas fueron separadas por un canal cavado por bucaneros. Hoy están vinculadas por un puente de madera al que llaman “de los Enamorados”.
Este puente hace las veces de cordón umbilical de Santa Catalina, isla que no tiene calles, sino veredas que invitan a caminar plácidamente buscando los cañones que aún sobreviven a la historia.
Uno de los vecinos más interesantes de Santa Catalina es el capitán Archbold, pescador artesanal aficionado a la historia local, que es una de las mejores fuentes para adentrarse en el pasado de las islas. Hechos ocurridos algunos siglos atrás se entremezclan con testimonios sobre tesoros encontrados por los isleños y apariciones de fantasmas que regalan barras de oro a quienes les tienen fe.

La música caribeña

Tanto en San Andrés como en Providencia la música reggae no falta. Bob Marley y sus discípulos no dejan de escucharse, especialmente en los bares de playa, usualmente atendidos por rastafaris de largos cabellos ensortijados.
El calypso es otro de los ritmos locales y se encuentran algunas bandas que tocan en vivo en hoteles y restaurantes. Los instrumentos típicos más llamativos son las quijadas de caballos y los tabs, tinas de lata que denuncian el origen aficionado de estos conjuntos.
En Providencia consulte cuándo tocan The McLean Brothers, una familia de músicos que lo harán sentirse en una vieja plantación caribeña.

Datos útiles

Cómo llegar

Se llega a San Andrés tomando Avianca (vía Bogotá) o Copa (vía Panamá). Desde allí vuela Satena (30 minutos) o los charters de Decameron (15).

Dónde dormir

Lo más recomendable son los paquetes de Decameron con pensión completa:
  • Desde Buenos Aires, 4 noches en San Andrés all inclusive y 2 noches en Providencia pensión completa, con aéreo y todos los impuestos: US$ 1230.
  • Desde San Andrés, una noche en Providencia, con aéreo y traslado al aeropuerto, US$ 231.
  • Las posadas son similares, pero algunas están en la playa (Miss Mary) y otras sobre la costa sin playa (Posada del Mar, Miss Ema, Agua Dulce, Relax). La pensión completa ronda los US$ 100.

Qué comer

La recomendación es la langosta. También el rondón, plato típico que combina leche de coco, yuca, pescado, caracol, rabo de cerdo y plátano (US$ 10).

En Internet

Página de la Alcaldía Municipal de Providencia y Santa Catalina:

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por Redacción OHLALÁ!

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