

LEIPZIG (El Mercurio de Santiago de Chile/GDA).- Un primer vistazo a Leipzig, después de salir de su enorme estación de trenes, la más grande de Alemania, y parece que todavía están reconstruyendo la ciudad en ruinas que dejó la Segunda Guerra Mundial. No hay rincón sin importantes obras en ejecución, lo que se traduce en un tránsito infernal. Es el costo de ser la única ciudad del este de Alemania sede de la próxima Copa Mundial de Fútbol.
Hasta hace pocas semanas apuraban la máquina en 22 trabajos simultáneos, incluida la construcción de un metro (el City Tunnel, que será inaugurado en 2009) y la actualización de todo el sistema de transportes.
Poco a poco Leipzig recupera el esplendor que tuvo durante el Medievo y el Renacimiento, cuando la mayoría de los comerciantes de la época circulaban por aquí. Esos siglos de bonanza económica se pueden ver hoy en las ricas fachadas de los edificios, en la abundancia de iglesias, en el legado que dejaron músicos de la talla de Bach y Mendelssohn, y en parte de la obra de Goethe. Incluso durante la dictadura socialista de la República Democrática Alemana (RDA) Leipzig jugó un papel importante: aquí comenzó el movimiento pacífico que terminó con la caída del Muro de Berlín y la posterior reunificación de Alemania. Hoy, la ciudad intenta retomar esa posición de centro de negocios, con un importante centro de convenciones y fábricas como la de BMW y Porsche.
Desde Marktplatz
Una de las ventajas de Leipzig es que su centro histórico, además de ser peatonal y abarcable en un par de horas, concentra casi todos los atractivos históricos de la ciudad. Las calles son coloridas, con cada vez más tiendas de cadenas internacionales, llenas de gente, y con una creciente población de inmigrantes que ofician de artistas callejeros y vendedores ambulantes.
Un buen punto para comenzar el recorrido es la Marktplatz, donde se instala el mercado de la ciudad. De día, hay que caminar con pausa bajo las galerías de la Altes Rathaus (el antiguo ayuntamiento) mientras revisa postales y libros, y decide si entra o no en el museo histórico que alberga este edificio renacentista. Por la noche, la plaza y sus calles aledañas se llenan de mesas al aire libre. Una de las más concurridas es Barfussgässchen, donde se suceden bares y restaurantes.
Otro sitio interesante para la velada es Moritzbastei, una antigua fortificación justo al lado de la Universidad, la única parte que se conserva de las murallas medievales de Leipzig. Hoy se trata de un concurrido club subterráneo con conciertos y exposiciones.
También en el aspecto culinario, pero empapado de historia, están el Auerbachs Keller y el Zum Arabischen Coffe Baum (Kleine Fleischergasse 4). El primero es la taberna que aparece en el Fausto de Goethe, bajo el pasaje Mädler, una de las galerías más elegantes de Leipzig, y que ofrece especialidades sajonas. El segundo es, junto con el parisiense Café Procope, la cafetería más antigua de Europa y punto de reunión de personajes como Schumann, Bach y Wagner.
A ratos, parece que Leipzig tiene su propia banda sonora. Además de los inmigrantes del Este tocando el acordeón, no es raro toparse con cuartetos de cuerda en la calle interpretando algunas piezas de música clásica.
Johann Sebastian Bach es el icono de esta identidad musical. Fue en esta ciudad donde compuso La Pasión según San Mateo y donde trabajó hasta su muerte. Los mejores sitios para conocer su vida y obra son la Thomaskirche o iglesia de Santo Tomás (Thomaskirchhof 18), donde está su tumba y la sede del coro de niños de Santo Tomás; y el Archivo de Bach (Thomaskirchhof 15/16; www.bach-leipzig.de ), con biblioteca, museo y salas de conciertos.
Una invitación a llenar la plaza
En la inmensa Augustusplatz se organizarán durante todo el Mundial las Fan Fests o fiestas de los fanáticos. Es el premio consuelo para los que no puedan entrar en el Zentralstadion -que fue el estadio más grande de Alemania, con capacidad para 100.000 espectadores, ahora para 45.000. Las protagonistas de estas fiestas gratuitas serán unas pantallas gigantes instaladas para ver los partidos, pero además habrá conciertos, exposiciones y puestos de venta de comida.
Y para hacer más coloridos los días de los partidos, se celebrarán las fiestas de las naciones. La idea es que durante esas jornadas se enfrenten, por ejemplo, las hinchadas de Francia y Corea, pero con sus bailes típicos, su gastronomía y sus costumbres.
El fútbol y la policía secreta
Para comprender un poco la historia reciente de Leipzig y Alemania en general, hay que hacer un alto en la Nikolaikirche o iglesia de San Nicolás (Nokolaikirchhof 18). Es el templo más antiguo de Leipzig, construido a partir de 1170, y donde son frecuentes los conciertos interpretados con su fabuloso órgano.
Aquí vale la pena instalarse a conversar con el pastor Christian Führer, encargado de la iglesia y una de las figuras más importantes en la revolución pacífica de 1989, que llevó a la posterior caída de la RDA. Fue Führer el que a partir de 1980 abrió las puertas del templo para que cada lunes los habitantes de Leipzig pidieran por la paz. Primero llegaron luteranos practicantes y luego se sumaron todos los que tenían algo que expresar y debían callar por el régimen.
En 1989 ya no cabía ni un alfiler en la iglesia, así que las manifestaciones -siempre pacíficas- comenzaron a ser callejeras y la policía secreta de la RDA, la Stasi, ya no pudo contener más la situación. Para saber cómo operaba esta organización se puede visitar la Runde Ecke (Dittrichring 24; www.runde-ecke-leipzig.de ), antigua sede de la policía secreta, donde además se exhibe una muestra sobre cómo el fútbol se utilizó para apoyar el régimen socialista de la RDA.
M. Soledad Holley
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