
Créditos: Ohlalá
RIO HONDO.- Imposible resistir el aroma de un chivito. Menos, la insistente invitación por parte del parrillero. La envidia de los que no probaron este manjar se traduce en guiños fruncidos y silencio monacal.
A uno de los lados del dique Frontal, donde se levanta un improvisado mercado y feria de artesanías, el aire huele a naturaleza, pero mezclada con tamal, empanada santiagueña y dorado a la parrilla.
Esta represa separa el río Dulce del lago Frontal, un espejo de 33 hectáreas donde se practican actividades náuticas y tiene en una de sus márgenes dos complejos hoteleros de primer nivel: Yacu Rupaj y Marina del Faro.
Sólo 6 kilómetros separan este escenario del centro de Río Hondo, una ciudad que se niega a abandonar su aire de pueblo y anhela su pasado repleto de turistas, en su mayoría gente mayor, que llegaban en contingentes de la mano del PAMI.
Ecos del pasado
Hoy la ciudad ya no tiene esa suerte, pero con la tranquilidad que los caracteriza, los santiagueños quieren recuperar el brillo de sus comienzos.
Así lo demuestra la experiencia. Alba Rojas, historiadora local e hija del primer comisionado municipal de esta ciudad, que en sus orígenes era conocida como la tierra de aguas calientes, cuenta que "los primeros visitantes debían cruzar el río en balsas y dormían en ranchos o tiendas. A pesar de los inconvenientes, año tras año volvían a encontrarse con el milagro de estas aguas".
La inauguración del Museo de Artes Popular y Centro Artesanal es una de las principales novedades para esta temporada, que tiene aquí su época más fuerte en este mes y agosto. Yachaj (el que sabe y no se lo guarda) es el nombre de la muestra que reúne los trabajos de artesanos de toda la provincia. Esta exposición itinerante, a cargo de la organización Cumpas y Cumas, recorre diferentes puntos del país y estará todo el invierno aquí.
La paz sólo se quiebra en el mercado. En el exterior, un enjambre de puesteros ofrece condimentos que forman una platea de colores con el rojo del pimentón español, el amarillo del azafrán peruano y el verde del orégano, a los que se agregan romero, sésamo, comino, pasas rubias y pelones, entre otros. También aquí se pueden comprar panes caseros y comer una empanada jugosa con las piernas abiertas por temor a mancharse.
Antes de dejar las termas conviene visitar el Museo Paleontológico Rincón de Atacama. Dentro de su modesta estructura, alberga el esqueleto de un gliptodonte de unos 6 millones de años.
Si se tiene en cuenta su estado y la conservación, es difícil dudar de las virtudes de estas aguas.
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