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La clienta insoportable


Créditos: Ohlalá




¡Al fin! El martes a la tarde llegó el sillón. La emoción que tuve cuando el lunes a la tarde me llamaron del local para decirme que ya estaba listo es inexplicable. Casi les doy un abrazo a los chicos que lo subieron.
Casi.
Hasta que pasó lo que les paso a contar:
A eso de las siete de la tarde me tocan el timbre. Bajo a abrirles y veo en la puerta esperando a dos chicos con un sillón de tres cuerpos color ladrillo.
- Esto no es mío- les dije con la mejor onda.
- Ah sí, tenés razón, es el tuyo es el gris.
Guardaron el otro (que estaba envuelto en film y cubierto con dos frazadas) y bajaron el mío, que vino semidesnudo, sin nada que lo tape más que una mantita que no llegaba a cubrirlo todo. El sillón es de tela y yo intentaba no pensar en todos los muebles que había tenido encima en ese camión.
Hicieron algunos malabares y lograron hacerlo entrar en el ascensor. Cuando entraron a mi casa, a pesar de que tengo pocos muebles, lo chocaron con absolutamente todo. Mesa, sillas, puerta. TODO.
Entiendo que no se trata de algo frágil, pero era tal el descuido que me empezó a dar bronca. Hacía mucho calor y me pidieron un poco de agua. Fui a la cocina, les serví dos vasos y en esos cuatro segundos que me distraje escucho un ruido chillón que indicaba que estaban arrastrando el sillón por todo el living. Tengo piso de madera.
- NOOOOOOOO.
- Uh, perdón.
Casi los mato. No quiero sonar quisquillosa, pero arrastrar muebles es algo que podría haber hecho yo. El chiste de que me lo acomoden es que ellos son dos y tienen fuerza. Igual esto no termina acá. Ahora intentaba olvidarme y no ver el rayón enorme en mi piso.
Cuando se fueron me acosté en el sillón y toqué el cielo con las manos. Estaba (y estoy) muy contenta de tenerlo. Después de unas horas de estar tirada vi que una de las patas estaba cortada, como si la madera se hubiese tajeado producto de algún golpe.
Al principio me dije a mí misma que no puedo ser tan detallista. En la foto no se llega a ver, pero en vivo y en directo se nota bastante la madera rota. El sillón no me salió nada barato y lo quiero entero. Me decidí a ser esa clienta insoportable que llama por estas cosas porque sé que si no reclamo ahora con el tiempo me voy a arrepentir.
En el local me dijeron que tenía razón y que el miércoles iban a pasar a cambiarlas. Así que los mismos chicos que lo habían traído un día antes vinieron con cuatro patitas nuevas. Cuando estaba todo listo para cambiarlas vi que no eran de la misma madera que yo había pedido (y pagado) originalmente, sino que eran de una mucho más oscura, casi negra.
Como ya les mostré, varios de mis muebles son de madera y en general todos respetan los mismos tonos. Así que redoblé la apuesta en esta cruzada por convertirme la clienta insoportable y les dije que no las pongan. Volví a llamar al local para quejarme, siempre con buena onda, prometo.
"Ah sí, tenés razón", repitió la vendedora.
Así que ahora estoy a la espera, nuevamente, de que me llamen para coordinar un nuevo horario para que los mismos dos chicos vengan a cambiarme las patitas. Mientras tanto, hago todo lo que puedo en el sillón. Ayer fue feriado y me la pasé tirada viendo series y leyendo.
La mujer de mi papá me regaló esta tela que le habían traído de Tailandia hace unos años, para darle un poco de color. A mí me gusta pero no sé si queda bien con el resto de la casa. ¿Qué opinan?


¿Ustedes tuvieron algún tema así con los muebles? ¿Siempre son tan descuidados los chicos que los traen en los fletes? Qué bronca que me dio.
Buen fin de semana para todas.

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por Redacción OHLALÁ!


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