

Los agentes llevaban de la brida a dos caballos. No eran palafreneros en un desfile equino, sino que los llevaban arrestados. Compartiendo su destino de preso iba Pardo, el burrito. Cerraba la marcha la camioneta 4x4 del destacamento policial de La Población, lugar tan pequeño como grato sobre las estribaciones de la Sierra de Comechingones, en Córdoba.
El hecho parece insólito y no lo es. Algunos dueños dejan sueltos a los animales para que busquen el pasto que abunda sobre los caminos de tierra. Cuando se reclama por el dueño nadie aparece. Entonces los detienen y al rato los responsables vienen a buscarlos como a chicos malcriados.
Esta historia mínima es lo que hace la diferencia en unas vacaciones en Traslasierra donde se mantiene el encanto de las viejas costumbres. La amabilidad es una manera de ser; la gente se preocupa por el otro, sea del lugar o forastero.
Una mezcla singular
Las calles no tienen nombre ni las casas números, aunque nadie se pierde. Hay teléfono, electricidad y está al lado de la ruta 14, el camino pavimentado de la costa, como se lo llama, porque bordea las montañas. Es una mezcla más que singular entre dos mundos. Incluso hay parrilladas, con chivito en el menú y buena conexión con Internet, desde donde mando esta columna.
Siempre la gauchada está a mano aunque cueste esfuerzo porque aquí no es cuestión de abrir la canilla o apretar el interruptor para que todo funcione. En plena tormenta, cuando la noche con relámpagos y rayos parece un estallido de fuegos artificiales, los operarios de la cooperativa reponen postes y reparan cables. Y hay madrugadas, cuando las lluvias amenazan con desbordar el sistema de aguas corrientes, que el propio intendente se sube a su moto y trepa hasta la toma de las vertientes para cerrar las llaves de paso y evitar que todo se inunde.
Se conservan los viejos nombres desde la Colonia cuando el terruño era el pago, la patria chica. La Población viene de los altos de Vilches, en la época de los encomenderos españoles. Hacia el Sur está la estancia El Carrizal con más de siglo y medio, con casas de adobe que tienen 40 centímetros de espesor que aseguran el calor en invierno y mantienen el fresco en verano. Cuando el sol golpea a pleno, nada mejor que cerrar puertas y ventanas, y dormir una siesta de pijama y padrenuestro.
Siguiendo el camino está Travesía, nombre lindo si los hay, que hace referencia al paso al otro lado de las Altas Cumbres en tiempos de las guerras civiles, porque aquí no es un fantasma la presencia de Facundo o el Manco Paz. Luego viene Luyaba con sus arroyitos que son la música funcional de un paraíso. No sólo en Semana Santa, sino todo el año, porque Córdoba está siempre de temporada.
Por Horacio de Dios
horaciodedios@fibertel.com.ar
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