

El traslado a México de mi amiga comenzó con el impacto y la sorpresa. Después vinieron los e-mails y las llamadas telefónicas. Pero quería ver su lugar, conocer su estilo de vida, interpretar mejor su realidad.
Así surgió el proyecto de visitarla en el Distrito Federal.
Estar en el tránsito ingobernable; las calles que dan vueltas y vueltas; los olores tan particulares de una comida tan típica, tan picante; la variedad de frutas; las palabras tan regionales a pesar de compartir una misma lengua. Pero también subir hasta la cima de las pirámides del Sol y de la Luna.
Cada escalón de la pirámide es una invitación al esfuerzo: la subida es larga, la altura va pegando y el sol es fuerte, pero hay algo que te atrae desde arriba y te pide más y más.
Al llegar al punto más elevado, la inmensidad te invade, la energía que te llega es indescriptible y las fuerzas se complementan de un modo muy especial.
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