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 • HISTORICO

Lisboa siempre se luce con su cara antigua

Abunda en atractivos, con el ingrediente de la historia




LISBOA, Portugal (El Nacional, de Caracas).- Persiguiendo la huella del poeta se descubre una Lisboa deslumbrante, que viste su ropa de modernismo sin abandonar sus ritos y hábitos tradicionales. Más allá del apoteósico legado de la Expo Lisboa 98, una urbe va contando su historia y mostrando sin mucho aspaviento los contrastes y evoluciones urbanísticas que le han ganado preferencias entre los destinos europeos.
En pos de su huella uno se tropieza con la plaza de San Carlos, que sigue igual, según sus historiadores, que en 1888, año en que nació Fernando Antonio Nogueira Pessoa. Está en la colina occidental de San Francisco, al pie del Barrio del Chiado y un poco más abajo de la hermosa iglesia de los Mártires.
"Pessoa es una mentira", dice una muchacha al verme tomando notas en Rua de Douradores, donde se dice que también vivió el poeta y escritor portugués. Allí hay una pensión y un café que sirvieron de refugio a Pessoa con frecuencia.
Ella siguió espoleando mi curiosidad y me sugirió otro lugar: "Vaya al café Martinho Da Arcada, frente a la plaza de Comercio". ¿Por qué una mentira?, pregunté. Ella me dijo en voz bajita: "Porque era muchas personas. Era Alvaro de Campos, Alberto Caeiro, Ricardo Reís. El mismo no sabía qué alma tenía ni quién era.
"Tengo cinco años estudiándolo y no sé nada. Todas las tardes vengo a esta esquina, para descubrir la mentira". Frente a una mesita cubierta de almidonado mantel, en el propio café-restaurante Martihno Da Arcada, fundado en 1786, se contemplan docenas de fotos gigantescas de Pessoa. Imágenes de su infancia, rodeado de amigos, caminando por las calles de la vieja Lisboa y viendo pasar a los eléctricos, trenes que aún existen para disfrute de quien no tiene prisa.
En el café La Brasilera (120 de Rua Garret) se pueden admirar, entre botellas y espejos, otras gráficas desteñidas de Pessoa, Saramago y Texpira de Pascoaes. El está presente, real o irreal, en todas las esquinas, plazas y calles de una Lisboa de renovado esplendor.

¿Qué hacer, adónde ir?

Depende de los gustos. El distrito de Lisboa, con sus dos millones de habitantes y una superficie de 2758 kilómetros cuadrados, da para todo. Lo primero es alojarse en cualquiera de las pensiones, limpias y sin pretensiones, que además ofrecen un pequeño desayuno, todo por menos de 50 dólares diarios. Se ubican por medio de Internet, con direcciones y precios, y hasta se puede reservar.
Y si no es temporada, uno las encuentra por doquier. Ya instalados, se puede comenzar la gran aventura de conocer la ciudad por cuenta propia, mapa en mano, ayudados por ómnibus y un metro rápido y moderno. Si se equivoca de ruta, siempre habrá un portugués amable que lo llevará de la mano por la ruta correcta.
Primero tome el metro hacia el gran centro, y baje en la plaza Marqués de Pombal, para admirar las avenidas Libertad y La República. En la plaza del Comercio se puede tomar el eléctrico 15 o 28, para recorrer la ciudad despacito y sin tumultos. Si prefiere un tour, también se puede contratar en esta plaza, de la que salen las unidades hacia el Rocío, enorme vía comercial ubicada en Baixa y espina dorsal de la actividad lisbonense. Nunca se perderá.
Para ir a los museos y palacios, es mejor hacerlo en taxi. Alégrese la vida escalando las empinadas calles de Lisboa vieja, o suba a los tradicionales elevadores Gloria o Laura, que lo conducen a Barrio Alto, para llegar al Mirador de San Pedro de Alcántara. Es una experiencia divertida.

De noche

La ciudad se puede recorrer caminando hasta altas horas de la noche. Las docas o discotecas se encuentran a la orilla del mar y hay desde bares donde se escucha blues o música brasileña, hasta los ruidosos y enormes locales para la gente joven que quiera bailar al ritmo de la música afrocubana, disco o rock.
En Barrio Alto hay de todo y para todos. Allí se va a escuchar fado, pero hay que hacer reservaciones en el hotel o pensión donde se esté hospedado; por lo general sólo hay fados los fines de semana. Dulce Pontes es la fadista de moda, pero no deje de escuchar a Misia, ni de deleitarse con grabaciones de Amalia Rodrigues en la terraza del elevador Santa Justa (Rua Carmo).
Este ascensor fue construido entre 1899 y 1922 por un ingeniero portugués, Raúl Mesnier, aun cuando se atribuya su autoría al francés Eiffel. Desde el último piso se ve la ciudad, mientras se toma un delicioso oporto.
La ciudad es deslumbrante. La cruzan enormes avenidas. La adornan hermosos jardines. La rodean plazas y parques de grandes dimensiones. Las dos ciudades -la de ayer y la de hoy- se unen por puentes impresionantes y ríos de autopistas.
Lisboa es un lujo con su fiesta de azulejos, palacios, teatros, iglesias, museos y barrios tradicionales pintados con tonos pastel.
Se puede ir y venir con libertad y sin miedo por sus calles y avenidas. Sus medios de transporte son perfectos. La gente es educada, nada zalamera y siempre dispuesta con el visitante.
La ciudad no es demasiado costosa y no se parece a ninguna otra capital europea.

Especialidades de la casa

Si lo suyo es comer y comprar, muy cerca del Museo Militar se encuentra el Colombo, un enorme centro comercial. Tan grande que tiene hasta un parque de atracciones y todos los restaurantes y boutiques que desee.
Pero ahí no está la buena comida. La cocina lusitana, con su cruce de sabores -mezcla oriental y del Nuevo Mundo-, se come en pequeños restaurantes con no más de seis mesas.
Es una comida sencilla, campesina y abundante. Muchos aromas y muchas especias.
Las especialidades, más allá del bacalao -que se come en todas las versiones posibles en el Solar de los Presuntos (Rua das portas de Sao Antao), donde conocen 365 maneras de prepararlo-, son los frutos de mar y los pescados. Para degustarlos, se puede ir a la Casa de Leao, en el barrio árabe de Alfama, y pueblos cercanos como Sintra, Sesintra y Cascais.
El lomo de puerco y la sopa alentejada, el caldo verde, y unas deliciosas ensaladas con cebolla dulce, lechuga y aceitunas negras se pueden comer en cualquier restaurante pequeño del centro de Lisboa.
La papa en todas sus formas, al igual que el arroz, es una delicia. ¿Los vinos? Rojos acuerpados, blancos afrutados y, como aperitivo, el rico oporto.
¿Los dulces? Son indescriptibles. Los portugueses comen muchos y acostumbran degustarlos sentados en mesas pequeñas.
A la hora del aperitivo, las pastelerías se llenan de gente y, si uno se detiene en las vitrinas, no puede resistir la tentación de entrar y pedir, por ejemplo, el tocino del cielo, un delicioso postre a base de huevo y almendras, inventado por los monjes portugueses del siglo XVII a partir de una original receta árabe.
Los pasteles de nata, los senos de virgen y los panes son un pecado mortal digno de ser cometido.

Pistas lusitanas

Lisboa es una sorpresa permanente, un deleite para el espíritu. Una ciudad para querer y escudriñar en todos secretos rincones, amén de los pequeños pueblos que la rodean, como Estoril, Sintra, Sesintra, Cascais, Alentejo, Minho, Porto, Coimbra, Beira, Douro, Evora y Baixa. No hay desperdicios.
De la capital de Portugal se puede tomar el tren, vía Oporto, para ver toda una estela de paisajes insospechados y llegarse hasta Galicia, entrando por La Coruña, que es también otro cantar y otro yantar.
Mariahe Pabon

Datos útiles

Cómo llegar
En avión , US$ 1000
Hasta Lisboa, de ida y vuelta, con tasas e impuestos
Traslados
Colectivo: por pasaje,US$ 0,60. Pase de un día: US$ 1,80
Colectivo y subte: US$ 6,50. Pase turístico de 4 días
Alojamiento
* * * : US$ 65
* * * * : US$ 100
Más información
Embajada de Portugal, Maipú 942, 17º piso (4312-3524). Atención de lunes a viernes, de 9 a 13.
En Internet

Apuntes para aflojar la lengua

La ciudad es una terra de fraternidade , como dice la canción Grandola, Vila Morena , que José Zeca Alfonso popularizó en 1974. Tema que fue la consigna -emitida por radio Renaxenáa- que dio inicio a la incruenta revolución de los Claveles, contras la dictadura salazarista.
Pero en esta ciudad a orillas del Tajo no se vive sólo de los recuerdos musicales.
También se escuchan otros sones más modernos como los de Dulce Pontes o Madredeus y hasta del grupo español Presuntos Implicados.

Breve diccionario

Pero cuidado que en la lengua de Fernando Pessoa presunto es jamón, matiz importante para que a la hora de la pausa gastronómica no nos depare sorpresas a los hispanohablantes.
Si se maneja el breve diccionario del portugués para la supervivencia, es bueno saber que un galao es un café con leche en vaso largo; que uma meia de leite es un cortado y que uma sandes mista es un sándwich de jamón y queso.
Para los amantes de lo dulce, son imperdibles los pasteís de belem , unos bocaditos deliciosos de crema pastelera y canela.
Y si uno es capaz de leer A Bola, el principal diario deportivo y de comentar las incidencias de un Sporting-Benfica se ha convertido en uno más, metamorfoseado entre los amables lisboetas.

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