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 • HISTORICO

Lisboa transita el camino de la saudade

En la capital portuguesa, el espíritu nostálgico del fado se combina con deliciosos bocados marinos y una copa de oporto




LISBOA.- Todo el que alguna vez escuchó hablar de la saudade , entenderá el espíritu del fado, que literalmente significa destino. Género musical desbordado por la nostalgia, el fado se siente en Lisboa, en el color ámbar de la ciudad y en el carácter de los habitantes, desde hace más de 150 años.
Vale la pena emprender un viaje a Lisboa para descubrir su música, íntimamente ligada al pasado, las costumbres, la comida. Estos aspectos de la ciudad están enlazados y forman parte del desafío que todo viajero debe aceptar cuando va hacia esta ciudad cuya historia es sorprendente.
Desde que en el siglo XII a.C. los fenicios establecieron un pequeño asentamiento, Lisboa fue reducto de distintos pueblos. En el siglo II a.C. fue conquistado por los romanos.
Con la caída del Imperio, alanos, suevos y visigodos ocuparon sucesivamente esas tierras hasta que fue invadida en el siglo VIII por los moros, expulsados en el XII por el rey Alfonso I. Entre 1580 y 1640 Portugal estuvo en manos de los españoles. La mayor tragedia que abatió a Lisboa fue el terremoto de 1755, que dejó prácticamente la ciudad en ruinas.

En la voz de las mujeres

A principios del siglo siguiente comenzaron a delinearse las bases de ese género que ahora llamamos fado. Desde entonces, es casi siempre cantado por mujeres -pocas veces por hombres-. Una guitarra portuguesa -parecida a una mandolina, con 8, 10 o 12 cuerdas pareadas- entona la melodía e interpreta los solos, y una viola -el equivalente a la guitarra criolla- hace el acompañamiento rítmico.
En el más inesperado rincón de la ciudad, en un viejo café o en un restaurante, uno puede toparse con músicos, con la pasión de una cantante vestida de negro en honor a María Severa, la primera gran fadista, y disfrutar del idilio inolvidable que impone esa música de sabores añejos.
Las calles de los barrios céntricos están hechas a la medida de esa nostalgia: son la forma del fado; el escenario célebre de la tristeza. Desde ellas se divisa Río Tajo, vasto, claro, lleno de augurios. Allí Lisboa es pura saudade y la modernización no ha podido despersonalizar ese modo tan poético de percibir el mundo. Un modo melancólico, pero no pesimista de definir una ciudad en la que los barrios más antiguos están atiborrados de cuestas, callejones y tranvías chirriantes que son la expresión misma de la nostalgia.
Poco parecidos a la mayoría de los habitantes europeos, los lisboetas se distinguen por su sencillez y espontaneidad. Basta recorrer las calles estrechas y curvas de la Alfama, un barrio laberíntico de trazado morisco, construido sobre una colina -barrio inmortalizado por Win Wenders en la película Lisbon Story -, para ver a la gente reunida en tascas o marisquerías, conocer algo de la historia del fado y preguntar por los lugares más auténticos para escucharlo.
Se recomienda probar en alguno de esos lugares de paso la variada cocina portuguesa: los mariscos, las clásicas sardinas asadas, bacalao seco, carnes curadas, o simplemente un caldo verde, la sopa más popular en Port ugal.

Datos útiles

  • Cómo llegar

    El pasaje aéreo ida y vuelta desde Buenos Aires hasta Lisboa cuesta alrededor de 800 dólares.
  • Alojamiento

    Una habitación doble en un hotel tres estrellas cuesta 70 dólares; en uno de cuatro, 100 y en uno de cinco, más de 150.
  • Paseos

    Además de los barrios Alto, Alfama y Baixa, se recomienda visitar Belem, a 6 km del centro; Sintra, a 36 km, sembrada de palacios en medio de zonas boscosas. Para los que disfrutan de la playa, los balnearios Cascais Estoril están a menos de una hora de Lisboa.
  • Más información

    Embajada de Portugal, Maipú 942, piso 17; 4312-3524.

Noches Bohemias

Existen casas de fado más modernas que otras; algunas son restaurantes típicos, otras clubes donde se puede cenar o tomar copas. Unas más turísticas, otras menos, pero todas son parte del mismo misterio lisboeta que exaltó la poesía de Fernando Pessoa.
A Severa (Rua das Gáveas 51), cuyo nombre rinde honor a María Severa, la primera fadista que murió tras una vida trágica, en 1836, es un clásico de la ciudad. Aunque el ambiente es algo turístico, presenta a grandes fadistas, y una cena completa con vino para dos personas cuesta alrededor de 100 dólares.
Aunque no es recomendable para escuchar, el fado más auténtico ,Lisboa a Noite (Rua das Gáveas 69), es un lugar perfecto para cenar cómodamente. El edificio data del siglo XVII y su decoración antigua es imponente y refinada. Los precios son parecidos a los de A Severa.
Más económico, la Adega do Machado (Rua do Norte 91) es uno de los sitios más simpáticos y viejos de la ciudad, y a veces presenta bailes regionales y otros estilos musicales. El derecho al espectáculo es de 15 dólares e incluye dos copas; una cena para dos cuesta 60 dólares.
Oliverio Coelho

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