
Créditos: Ohlalá

El Museo Caraffa
CORDOBA.- Esta ciudad tiene muchas aristas para interesar a los visitantes, desde la tradición jesuita y religiosa hasta haber sido cuna de la Reforma Universitaria de 1918 y del Cordobazo, en 1969. El humor, el cuarteto y la gastronomía tradicional (una fusión de los ingredientes de los pueblos originarios con las costumbres criollas) se suman a la arquitectura y a la historia como atractivos.
Destino de paso para extranjeros que van al norte argentino, es elegida también por quienes llegan a las sierras y disponen de un día para recorrerla y por los asistentes a congresos y reuniones de negocios.
A los circuitos tradicionales en los últimos tiempos se le sumaron opciones que son tendencia e incluso nuevas modalidades de repetir un recorrido que tal vez se hizo años atrás.
Media legua de oro cultural
Desde la plaza San Martín hasta el parque Sarmiento (diseñado por el arquitecto Carlos Thays), a lo largo de unas 25 cuadras, están algunos de los espacios de mayor valor arquitectónico y artístico de la ciudad. La bautizaron -con algo de viveza criolla- tomando como referencia la Milla de Oro de la Quinta Avenida de Nueva York, donde están los principales museos de la ciudad.
Nace en el Teatro Real, inaugurado como cine en 1927 y restaurado completamente hace unos años; ahora aloja a los elencos estables provinciales. A pocas cuadras, está el Teatro Libertador, hasta hace poco el más viejo del país en funcionamiento (perdió esa posición cuando Corrientes recuperó el suyo).
Fue construido en 1891 por Francesco Tamburini, el mismo que diseñó la Casa Rosada y el actual edificio del Teatro Colón de Córdoba. La arquitectura luce menos que la del coliseo porteño porque está rodeado de edificios (en una época funcionó una cárcel al lado); en los años 90 se le añadió una cúpula decorada por el pintor Carlos Alonso.
El Libertador es uno de los pocos teatros del país con capacidad para producir óperas con su propia gente (cuenta con escenógrafos, vestuaristas, tramoyistas, coros, orquestas y ballets). Por su escenario pasaron figuras como María Guerrero y Enrico Caruso, que -cuentan- salió llevado en andas por sus seguidores. En una visita privada, Zubin Mehta, director de la Filarmónica de Israel, aseguró que tenía una de las mejores acústicas del mundo.
A diez minutos a pie está el centro cultural Buen Pastor, inaugurado en 2007 en el lugar que durante un siglo funcionó un asilo y cárcel de mujeres. En 1888, un grupo de religiosas francesas de la congregación "Nuestra Señora de la Caridad del Buen Pastor" armó un taller para educar a niñas pobres y huérfanas.
Una década después se sumó la cárcel que se cerró a fines de los 70, las últimas ocupantes fueron presas políticas. En el 2000 la capilla se desacralizó y restauró para rescatar su planta en cruz griega -única en su tipo en la ciudad)- y las pinturas murales.
Sobre la misma avenida Hipólito Yrigoyen están el Museo de Antropología de la Universidad Nacional de Córdoba que, además de colecciones arqueológicas y etnográficas de todo el país realiza un intenso trabajo de investigación, y el Museo Superior de Bellas Artes Evita, más conocido como Palacio Ferreyra.
Inaugurado como vivienda de la familia Ferreyra en 1919 es considerado uno de los mayores exponentes en la ciudad del clasicismo francés; su parque fue diseñado por Thays. El museo tiene como muestra permanente una selección de obras de la colección provincial, entre las que se cuentan pinturas de Emilio Caraffa, Antonio Seguí, José Malanca, la serie Manos Anónimas de Carlos Alonso; Lino Spilimbergo y Emilio Petorutti.
El Museo Caraffa está en la entrada del parque Sarmiento, su diseño original de 1914 fue ampliado y remodelado a mediados del 2000 y hoy, además de contar con el mayor depósito de arte del país, exhibe seis muestras simultáneas mensuales. Al frente está el Dionissi, una casona del siglo XIX, dedicado a colecciones fotográficas.
Güemes, diseño y copas

Paseo de las Artes, en el barrio Güemes
A comienzos del siglo XIX, la zona de Güemes era los arrabales de la ciudad. Hoy es zona de artesanos, diseñadores, anticuarios y propuestas gastronómicas diversas. Con la calle Belgrano como eje, el barrio empieza a desplegarse desde el céntrico Patio Olmos hasta la avenida Pueyrredón.
El polo de bares y restaurantes tiene su pico de movimiento de jueves a domingo, cuando todos están abiertos. Mercado Central ofrece cocina fusión en un ambiente moderno mientras que Los infernales de Güemes es elegido por quienes se inclinan por los aires de peñas y las empanadas. Dadá Mini sirve buenos sándwiches y picadas en su patio estilo mexicano y en La Brunchería hay bagels, mix de limonadas y tortillas tentadoras.
Para meriendas, las bandejas materas son el fuerte de La Nieta, Alfonsina y Paradojas, mientras que los aficionados al té pueden elegir entre más de 60 blends en Mil Grullas. La noche, con barras bien provistas de tragos, es de Don't Worry, El Fabuloso, El Mentidero o La Cova del Drac. ¿Cervezas? El lugar es Capitán que, bajo el lema birras que unen a la gente, tiene muchas artesanales para elegir.
Aunque todo el barrio es una suerte de galería sin techo, entre las casonas antiguas hay paseos como Barrio, Muy Güemes y Casa Chabacana que reconvirtieron tinglados y galpones en espacios modernos, con diseños que mezclan materiales, privilegian la sustentabilidad y explotan al máximo las terrazas. Una de las últimas aperturas en la zona fue la del bar del artista Milo Lockett, que combina comidas, pinturas y música.
Los fines de semana la que fuera la Plaza de las Carretas convoca a los artesanos que arman sus puestos durante la tarde. Músicos callejeros; vendedores de panes rellenos; buscadores de padres adoptivos para cachorros; pintores de retratos y diseñadores independientes se mezclan para darle color a la estructura que, a comienzos de los 80, diseñara el arquitecto Miguel Ángel Roca, referente del urbanismo argentino en el mundo, no exento de polémica.
Casonas y buena gastronomía
El Cerro de las Rosas es un barrio residencial que surgió a fines de 1920 en la zona norte de la ciudad. Durante décadas fue la residencia de familias adineradas por lo que hay casonas cuya construcción y diseño todavía impactan.
En el inicio del barrio hay un espacio verde, el Parque Autóctono, que hace las veces -por sus lomadas- de mirador natural. Las avenidas Rafael Núñez y Fernando Fader son las vías principales para recorrer la zona, aunque lo mejor es abandonarlas y caminar por las calles internas. La Mujer Urbana, una escultura de Antonio Seguí -integra el ciclo "Familia Urbana"- marca una suerte de límite natural del sector al comienzo de la Recta Martinoli.
En los 80 fue zona de boliches bailables, ahora concentrados en los alrededores del estadio Mario Kempes. Ofrece decenas de propuestas gastronómicas y de bares que cubren todos los gustos. Comida asiática y sushi en Teppanyaki, Zhao, Casa China, Buda Town; naturista en Chia y Siamo; Pamplona es la marisquería obligada; Sofra el lugar de los que eligen la cocina árabe y De Botanas, de los que prefieren la mexicana. Son clásicos Pirola, que inauguró en el 30 y el Rancho Grande, de los 60.
Las cup cakes, tortas y variedades de tés, infusiones y jugos se destacan en Eat and Tea y María Antonieta, dos espacios que se ganaron el amor de los más golosos.
La nueva estrella de la zona -abrió hace menos de un año- es Onas Hostel & Suites, un hostel boutique que sorprende por su ambientación y diseño que incluye fusiones de estilos y épocas. Tiene detalles como una habitación exclusiva para mujeres, una sala de cine, un jardín con pileta y un bar abierto al público que cada vez tiene más adeptos.

El Teatro Real, de 1927, fue restaurado hace unos años
Sus dueños aseguran que intentan que la experiencia de viaje sea vivencial tanto para el que se hospeda como para el que pasa por el bar. "De pronto, uno se siente en una jungla donde el verde es el principal componente; en el siguiente ambiente nos espera un bistrot francés que nos recuerda a las calles de París. Casi simultáneamente nos encontramos en la mística India", describen en referencia al street art que se mezcla con puertas antiguas, sillones Luis XV y bancos de materiales rústicos como lianas, yute y mimbre.
A la gorra o con tecnología
Hace apenas un año que desembarcaron en la ciudad los free walking tours, caminatas de dos horas y media a través de los sitios más emblemáticos guiada por jóvenes. No hay un precio establecido, sino que son "a la gorra".
Salen de lunes a viernes a las 11 desde la plaza San Martín y los sábados y domingos, a las 11 y a las 16. Los guías están identificados con un chaleco rojo. Son en inglés pero -de ser necesario- van traduciendo entre una parada y otra para que nadie quede afuera de las historias.
Uno de los impulsores de La Docta Free Walkings Tour, Stefano Reginato Rivelli, cuenta que se "esmeran" en ser entretenidos, van mezclando anécdotas, personajes y rasgos de la idiosincrasia cordobesa entre los datos históricos y arquitectónicos.
Recorren el caso antiguo de la ciudad, la Catedral (a donde ingresan), el Cabildo, el Museo Márquez de Sobremonte, La Mundial (el edificio más angosto de Sudamérica) y el patio y museo de la Universidad Nacional de Córdoba (corazón de la Manzana Jesuítica).
Siguen después por La Cañada (el arroyo encausado que atraviesa la ciudad) hasta barrio Gúemes y regresan por Nueva Córdoba, con paradas (sin entrar) en el Museo Evita y en la iglesia del Sagrado Corazón de los Capuchinos (estilo neogótico de mediados de 1920).
La visita termina con una clase improvisada de cuarteto junto a la estatua de Rodrigo en el paseo del Buen Pastor; antes hubo una degustación de los tradicionales alfajores cordobeses. "La gente se divierte y siempre se interesa por las costumbres", apunta Stéfano.
Otra opción es, desde la página Web de la Municipalidad de Córdoba, descargar circuitos autoguiados. Las posibilidades son Pueblo Nuevo (barrio Güemes); centro histórico; Córdoba de las campanas (principales iglesias); Manzana Jesuítica y Nueva Córdoba.ß
Datos útiles
Cómo llegar. Hay varios vuelos diarios desde Buenos Aires (Aerolíneas Argentinas y Latam). Tarifas desde $ 1600. Se puede llegar en transporte público del aeropuerto a la ciudad. En auto son 700 kilómetros. Se llega por ruta nacional 9, autovía Rosario-Córdoba.
Dónde dormir. Opciones para todos los bolsillos y gustos. Hoteles de cadenas internacionales (Sheraton y Holiday Inn), propuestas de precio medio (Amerian, Quorum), hoteles boutique (Ona, Azur), departamentos amoblados para alquilar por día y hostels. Tarifa promedio 1200 pesos base doble.
Dónde comer. Hay diferentes circuitos gastronómicos, Nueva Córdoba, Alta Córdoba y Güemes (ambiente joven), barrios General Paz y Cerro de las Rosas. En el centro histórico el mayor movimiento es en días de semana. De lunes a sábados una opción es el recuperado Mercado Norte (marisquería, pizzas, empanadas, parrilla).
Qué hacer. Entrada única para museos Evita, Caraffa y Dionisi $ 15, de lunes a lunes de 10 a 20. Para chicos, museo de Ciencias Naturales (avenida Leopoldo Lugones 395, parque Sarmiento, martes a domingo de 10 a 17:30, entrada $ 15) y Barrilete (Av. Recta Martinoli 7867, Argüello .Martes a viernes de 14 a 20; sábado y domingo de 13.30 a 20.30; entrada $ 100).
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