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 • HISTORICO

Los caminantes se refugian entre las faldas de la montaña

Los que se decidan por el trekking tienen lugares donde pasar una cálida noche




SAN CARLOS DE BARILOCHE.- Vistas desde abajo, las montañas de Bariloche parecen inaccesibles: una corroboración de nuestra diminuta condición humana.
Pero en sus faldas y los valles interiores, que se ocultan tras frías paredes de piedra, hay caminos abiertos con esfuerzo y sacrificio por los primeros colonos llegados a estas tierras. Y por esos caminos se aventuraron, más tarde, los escaladores que desafiaban las alturas, y para ellos construyeron refugios donde guarecerse del frío, la nieve y la noche helada.
Hoy, los refugios de montaña del Parque Nacional Nahuel Huapi ya no son de uso y propiedad exclusivos de los escaladores, sino que están abiertos para todos los viajeros que encuentran en el trekking la mejor alternativa para conocer sitios a los que sólo se puede llegar caminando.

Hacia el Frey

El punto de partida es Bariloche. Aquí compramos las provisiones y preparamos el equipaje de acuerdo a la cantidad de días que pensamos destinar al recorrido y al resultado de una ecuación personal que se impone entre el peso que estamos dispuestos a cargar y la cantidad de lujos que queremos llevar. A este rubro pertenecen el chocolate, las verduras frescas y todos esos alimentos u objetos que en el momento de armar la mochila conscientemente pierden frente a los abrigos y las linternas.
El colectivo 50 nos deja en el lago Gutiérrez, donde nace la senda que luego de cinco horas de marcha termina en el refugio Emilio Frey, en el cerro Catedral. En cuanto a los tiempos de las caminatas, varían de acuerdo con el andar de cada uno. Así, la mejor manera de saber cuánto podemos llegar a demorar para realizar este trayecto es conversar con gente que ya lo haya hecho y con quienes compartamos la misma resistencia física.
Durante la primera hora de caminata avanzamos sin mucho esfuerzo por una picada que atraviesa un bosque de coihues, arroyitos y cascadas rodeados de una exuberante vida vegetal. Luego, la pendiente se hace más abrupta y el camino se interna en un bosque de lengas, árboles caducifolios, que en marzo comienzan a teñirse de un amarillo intenso y luego de un rojo oscuro, hasta que en el final del otoño las hojas tapizan los senderos de tierra húmeda otorgando al bosque el aspecto de un paisaje japonés.
Donde termina el bosque comienzan a verse las agujas del cerro Catedral; y cuando parece que el camino no lleva a ningún lado estamos, de pronto, frente al refugio Frey, una construcción de piedra a orillas de la laguna Toncek, a 1700 metros sobre el nivel del mar. El Frey tiene un comedor y una cocina en la planta baja, y dos dormitorios comunitarios en la planta alta. Allí, un refugiero se encarga de informar a los visitantes sobre las actividades que se realizan en los alrededores.
Bordeando la laguna, se advierte una senda que asciende hasta una hoya donde hay otra laguna más pequeña de aguas espejadas. Generalmente cubierta de nieve -incluso en verano-, la picada sube hasta una meseta conocida como la cancha de fútbol .
Allí comienza el descenso hasta el Valle de Rucaco, un inmenso bosque de coihues. Es un sitio donde uno podría pasar un día, o quizá, la vida entera. Tierra de mallines, el lugar sirve para poner a prueba la infalibilidad del único antídoto conocido contra los tábanos que acompañan la travesía: ajo crudo ingerido en grandes cantidades. Comprobada su ineficacia, sólo resta el ejercicio de la paciencia.
El tramo más pesado llega después del valle: la subida al cerro Brecha Negra. Una vez en el filo comienza el descenso hasta el refugio San Martín, que descansa sobre una de las orillas de la laguna Jacob, a 1600 metros de altura.
La bajada parece no tener fin y la ansiedad nos gana. Algunos aseguran haber visto una alfombra roja y un comité de bienvenida en la entrada del refugio, pero se comprobó que no es más que una alucinación causada por el deseo de llegar.
Un baño en las frías y reparadoras aguas de la laguna y ya estamos en condiciones de aceptar un desafío a alcanzar la laguna Los Témpanos. O un desafío aún más tentador: una partida de truco con mate y bizcochitos en el interior tibio y acogedor del refugio. Aceptamos el segundo sin pensarlo demasiado y la tarde pasó sin apuro.

Datos útiles

Cuándo ir: los refugios están abiertos entre noviembre y abril. El resto del año permanecen cerrados por razones climáticas; sin embargo, algunos abren sus puertas antes o en ocasiones especiales.
Servicios: los refugios cuentan con uno o dos dormitorios comunitarios, cocina de uso común, salón comedor y baños que en algunos casos se encuentran dentro de los refugios y en otros afuera.
  • Los precios varían, pero todos cobran más o menos lo mismo: entre 5 y 6 pesos para dormir, 2 por el uso de la cocina (no se cobra a los que utilizan sus propios utensilios y calentadores), y 1 o 2 por el derecho de picada (este dinero se destina al mantenimiento de las sendas).
  • Algunos refugios sirven comidas, en general platos suculentos (polenta, fideos, guisos), que cuestan entre 5 y 10 pesos. También ofrecen desayunos.
Información: Club Andino Bariloche, (02944) 422266
Qué llevar: bolsa de dormir, una linterna y la comida que se vaya a consumir. Se recomienda evitar alimentos que requieran mucho tiempo de cocción. Ropa liviana para el día y abrigo para la noche. Gorros, anteojos y protector solar. Carpa y elementos para acampar en el Valle de Rucaco.
Alejo Schatzky

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