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 • HISTORICO

Los fantasmas de California viven a sus anchas

La Casa Winchester, en la localidad de San José, tiene 160 habitaciones y una historia rodeada de excentricidades y misterio




SAN JOSE.- Es la casa de los misterios, de las excentricidades, de las curiosidades. Convertida hoy en atracción turística de la localidad californiana de San José, a pocos kilómetros del Silicon Valley donde brillan los cerebros informáticos de todo el mundo, la Winchester Mystery House es un extraño reducto donde se dan la mano la fantasía, la locura y la leyenda.
La historia arrancó allá por 1863, fecha del casamiento de la joven Sarah Lockwood Pardee con el heredero de los inventores del rifle a repetición, William Wirt Winchester.
La pareja parecía prometida a un destino dorado, pero entre las recepciones de la alta sociedad de Nueva Inglaterra y la fortuna conseguida gracias a las balas de los rifles que conquistaron el Oeste se interpuso la prematura muerte de Anna, la única hija del matrimonio.
Quince años más tarde, la muerte de William terminó de desequilibrar a Sarah, que en su desesperación acudió a una médium de Boston para frenar las desgracias en el seno de la familia.
La explicación no tardó en llegar: según la médium, los espíritus de los indios y soldados muertos por obra de las armas de la casa Winchester, tanto durante la conquista del Lejano Oeste como durante la Guerra de Secesión, se ensañaban con la familia.
Para evitar que la propia Sarah fuera la siguiente víctima, la viuda -dueña de una fortuna incalculable- debía mudarse al Oeste y construir una casa que aplacara a los espíritus. Durante el tiempo que se prolongara la construcción, su vida estaría a salvo.
La viuda Winchester no escatimó esfuerzos para seguir los consejos de la médium. En 1884 compró una granja de ocho habitaciones en California, y dedicó los siguientes 38 años a la construcción de esa casa que a su muerte, en 1922, tenía 160 habitaciones, 47 escaleras, 47 hogares, 13 baños, 6 cocinas, 2000 puertas y 10.000 ventanas.
Antes, la mansión sufrió todas las etapas posibles de modificación: se cree que se levantaron en total entre 500 y 600 habitaciones, de las que sólo quedaron finalmente 160.
De ellas, la actual visita -que dura unas dos horas- sólo recorre una parte, pero pasa por los sitios más curiosos, incluso algunos sectores donde las paredes agrietadas reflejan claramente los daños sufridos por el terremoto que destruyó San Francisco en 1906.
Las excentricidades de la casa no terminan ni en las escaleras formadas por decenas de escalones de pocos centímetros de altura (se cree que Sarah sufría de artritis, y así podía subir con más facilidad) ni en otras que suben y terminan pegadas al techo: la viuda Winchester tenía una obsesión con el número 13, y así lo reflejó el arquitecto que durante años, sin chistar, trabajó a sus órdenes.
La anciana, cuyo testamento tenía 13 secciones, y fue firmado 13 veces, hizo dividir el piso del vestíbulo de ingreso en 13 secciones de cemento, en tanto en la habitación donde se comunicaba con los espíritus tenía un armario con 13 ganchos de los que colgaban 13 vestidos diferentes.
El invernadero tiene 13 cúpulas de cristal, los techos de las habitaciones 13 paneles, algunas escaleras sólo 13 escalones, la rejilla de uno de los lavatorios de porcelana de los baños tiene 13 agujeros, y la casa tiene 13 baños. De ellos, al decimotercero se llega subiendo 13 escalones, y tiene 13 ventanas...
Se calcula que Sarah Winchester invirtió cinco millones y medio de dólares para escapar de la muerte continuando sin cesar la construcción de la casa. El resultado es raro y espectacular a la vez: no le quedó lujo sin cumplir, desde los muebles de las maderas más finas hasta los candelabros de oro y plata, los cristales artísticos de las ventanas, los bronces decorativos o los pisos de madera engarzada a los que un ebanista dedicó 33 años de su vida.
Una de las habitaciones de la casa, inaccesible al público, guarda además objetos que la mujer hizo llegar desde todo el mundo para completar la decoración y que hoy se cotizan en cientos de miles de dólares.

Detrás de un velo negro

Claro está que Sarah Winchester tenía con qué darse los gustos. Dueña de casi la mitad del capital de la compañía fabricante de los rifles, sus ingresos llegaban a mil dólares diarios, que gastaba a discreción: se dice que sus empleados ganaban el doble que cualquier otro en la época (tres dólares diarios, por lo menos), pero que muchos fueron despedidos por el pecado de haber entrevisto su rostro detrás de su permanente velo negro.
Se dice, también, que plantó una fila de grandes cipreses para no ser vista por los vecinos, pero que a la vez invitaba a los chicos del barrio a jugar en los jardines.
A la medianoche, y a las dos de la mañana -la hora de llegada y partida de los espíritus- el tañido de una campaña sacaba del sueño a todo el vecindario, pero jamás encontraba a la mujer en la misma habitación, porque para desorientar a los malos espíritus la dueña de casa dormía cada noche en un sitio distinto.
Con tanto fantasma dando vueltas por San José, la figura de la viuda no tardó en despertar curiosidad y leyendas, que no pudieron resolver las ocho décadas posteriores a su muerte.
La habilidad con que estaba construida la casa hacía que Sarah pudiera observar fácilmente a cualquiera de sus empleados desde rincones donde ella misma no podía ser vista, y así muchos de los criados juraban que la viuda era capaz de pasar a través de las paredes y aparecerse, como una sombra, a sus espaldas.
En todo caso, le eran fieles: se cuenta que para probar a uno de ellos le hizo pintar de rojo toda una habitación, y a los tres días se la hizo pintar de blanco. Para contratar a un jardinero, le pidió a tres que plantaran una hilera de repollos al revés, con las raíces hacia afuera.
Ya anciana, era memoriosa: podía recordar, sin margen de error, qué objetos había en cada una de las habitaciones de la mansión. Eso no le impidió sellar la bodega el día que descubrió, en la puerta del recinto donde guardaba valiosos vinos y licores, una mano que creyó de un espíritu.
Por increíble que parezca, la ubicación exacta de esa bodega y sus tesoros aún intactos, es desconocida. Tal vez algún día, al revelar una de las fotos turísticas donde de vez en cuando aparecen fantasmas, también se resuelva este último misterio de la Casa Winchester, más conocida como la casa de los espíritus .
Pierre Dumas

Datos útiles

Cómo llegar: el pasaje aéreo de ida y vuelta hasta San Francisco cuesta 1100 dólares, con tasas e impuestos incluidos.
  • La Casa Winchester (Winchester Mystery House) se levanta sobre el Winchester Boulevard, de San José. La forma más práctica de moverse es en auto, desde los aeropuertos más cercanos (San Francisco, San José y Oakland).
Alojamiento: la habitación doble en un hotel 4 estrellas cuesta entre 110 y 160 dólares. En uno de 5, el precio varía entre 150 y 240. Las mejores ofertas hoteleras están en San Francisco.
Visitas: la casa no puede recorrerse individualmente, sino sólo en visitas guiadas, en parte debido a que es muy fácil perderse en el laberinto de las habitaciones, aunque sólo un sector muy pequeña esté abierto al público.
Las visitas pueden limitarse a los jardines o a recorrer el interior durante una o dos horas, siempre con guía en inglés. Antes de ingresar hay que recordar que la laberíntica estructura de la casa la hace dificultosa para quienes tengan algún problema de desplazamiento. Tampoco se puede entrar con cochecitos de bebe, aunque se puede llevar a los chicos en una mochila, que ellos mismos alquilan.
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