
Majestades, frutos del campo y buen vino en la Tierra del Sol
Más de 45.000 personas dijeron presente el último fin de semana; y es sólo el comienzo del año turístico
12 de marzo de 2006

MENDOZA.- Hombres bravos los mendocinos, no esquivan nada a la hora de honrar sus fiestas telúricas. Y la Vendimia, que se celebró el fin de semana último, es algo así como el clímax de todas las festividades. Es más, en secreto, pero muy en secreto, ellos sostienen la teoría de que algunos sobrinos muy lejanos y parientes bastardos de Baco se afincaron en esta ciudad y así comenzó todo.
Ciudad, además, bellísima: calles enormes, parque San Martín imponente con puerta de acceso que hace recordar a los mejores de Europa; conjunto escultórico de Lola Mora y mansiones antiguas que hablan de un pasado próspero, entre otras cosas.
Todo eso se puede ver siempre, todos los días del año. Pero si el viajero hace coincidir su estada con la Fiesta de la Vendimia, tanto mejor. Podrá degustar los mejores vinos del país en varias de las bodegas que abren sus cavas al público, verá a las chicas más hermosas de Cuyo convertidas en reinas y tapadas hasta el cuello desfilando en carrozas finamente decoradas, paseará por calles entoldadas de tilos, tipas y plátanos, y podrá degustar una gastronomía única.
Y hay más. Los mendocinos dicen -y aunque exageran habrá que creerles, porque el vocero es el propio gobernador Julio Cobos- que la provincia ya no tiene temporada baja de turismo, que la ciudad fue elegida como Capital Mundial del Vino (entre otras, aclaran después de una breve y calculada pausa) y que la región es para disfrutar todo el año, lo que es profundamente cierto.
Escenario monumental
La cita más importante de la jornada vendimial fue el sábado 4, cuando el Teatro Griego albergó a más de 45.000 personas desde temprano, aunque con los curiosos que subieron hasta los cerros, algunos duplicaron la cifra.
En esta edición, el motivo fue el milagro del vino. Hubo 800 artistas en escena, con vestidos increíbles, marcha de la vendimia remozada y una incomprensible crítica por parte de lo más granado de la prensa local, a la que la performance le pareció muy moderna, no demasiado apta para esta Mendoza aún tan conservadora. Con todo, el lucimiento fue espectacular, al igual que los fuegos artificiales posteriores: indescriptibles.
La noche anterior, la del viernes, se había realizado la Vía Blanca, esto es, el paseo de las carrozas por el centro mendocino con las reinas, tapadas con capas bellísimamente decoradas, que tiraban besos y saludaban a los VIP que se dieron cita.
Curiosa costumbre la de las reinas: arrojan al público los productos que hicieron famosa a su tierra. Y, por ejemplo, la majestad de la zona melonera tira esos pesados frutos a la concurrencia. Otras la emprendieron con latas de envasados, como aceitunas y duraznos en almíbar. Quienes vienen de la zona de Malargüe, donde los chivos son manjarosos, se abstuvieron de arrojar nada, pero en cambio ¡hicieron un asado al asador en la propia carroza!
Pero aquí no acaba todo. El otoño en Mendoza es una época para recordar. Algunos cerros de la precordillera se visten de nieve, los miles de álamos a la vera de las rutas comienzan a amarillear y todo invita a seguir la Ruta del Vino, donde degustar tragos y comidas es un deber.
En definitiva, es un lugar para conocer. Desde el centro de la ciudad hay excursiones a Cacheuta, por ejemplo, donde se puede disfrutar de las termas y de un buen baño de lodo, y por la noche, degustar vinos y exquisiteces.
Nada mal para unas minivacaciones. ¿No?
Pascuas con música
Para Semana Santa se harán los conciertos de música clásica en las bodegas que están sobre la denominada Ruta del Vino. Varios artistas importantes están invitados y en muchas de las cavas los turistas podrán hacer una especie de combo: sonido, sabor y color. Se recomienda, eso sí, ir reservando lugar o pidiendo información a los integrantes de la Subsecretaría de Turismo, turismo@mendoza.gov.ar, y calcular que cualquiera de esos eventos costará, con manjares incluidos, entre 50 y 100 pesos por persona y, en algunos casos, sólo para empezar a hablar.
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