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 • HISTORICO

Melincue, después del agua

Durante la primera mitad del siglo XX fue un importante centro turístico santafecino gracias a la misma laguna que después amenazó con inundarlo todo; hoy, intenta reflotar su pasado




MELINCUE.- No durarán mil años, pero algunos males se las arreglan para persistir al menos varias décadas. Por ejemplo, la última inundación en esta localidad del sur de Santa Fe, a 350 kilómetros de Buenos Aires, se extendió desde la década del 70 hasta hace muy poco. De hecho, muchos habían perdido las esperanzas de que las aguas de la laguna Melincué descendieran alguna vez. Más bien calculaban que en cualquier momento podrían superar las barreras levantadas casi como último recurso y terminarían de cubrir al pueblo.
Sin embargo, en 2006 se concretó una postergada y millonaria obra que incluyó una estación de bombeo y un canal aliviador para devolver la laguna a su cota. Funcionó: el agua se alejó del pueblo y dejó nuevamente al descubierto los paradores y las casas de fin de semana sobre su orilla, sumergidos todo ese tiempo. Apenas rastros del polo turístico que Melincué y su laguna fueron durante buena parte del siglo XX. Aunque ninguno tan dramáticamente explícito como las tristes ruinas del hotel en una de las islas, originalmente construido en 1933.
Es curioso. Justo frente a los restos del malogrado edificio se inauguró en septiembre de 2007 otro hotel, pero con casino. La obra representa una llamativamente rápida reacción ante el descenso de la laguna y, está claro, una impensada segunda oportunidad para Melincué.
Pocos pueden contar todo este proceso como lo hace Oscar Raúl Pernigotti, presidente de la Comuna de Melincué. Peronista y en su tercer período de gestión, nació en Melincué hace 62 años y hasta 1972 tuvo un próspero bar restaurante para turistas en la isla del hotel. En uno de los puntos más insólitos de esta historia, el negocio se llamaba 2004 porque ése era el año en el que su entonces joven dueño aspiraba a, ya como jefe de la Comuna, conseguir que el turismo recuperase su antiguo esplendor en la zona.
A principios de la década del 70, la gran laguna ahogó los proyectos de Pernigotti y también de sus vecinos. "Con la inundación perdimos todo", recuerda hoy el funcionario sentado en el lobby del flamante Melincué Casino & Resort, con 40 suites, pileta y canchas de tenis, del que, si le hubieran hablado en 1992, probablemente se hubiera reído a carcajadas. "Acá mismo, donde estamos ahora, hace tres años había 80 centímetros de agua", dice.
En pocos años, la población, que había llegado a superar los 5000 habitantes, con el desborde de la laguna bajó a apenas 2300. "Quedamos los que no nos pudimos ir. ¡Imagínese cómo habrá quedado mi pueblo para que yo llegue a ser presidente comunal!", define Pernigotti. De esa época, algunos recuerdan a Melincué como un pueblo fantasma. Mientras que ahora, sólo un domingo, el día más agitado de la semana, por el casino pasan aproximadamente 2500 personas.

Público chacarero

Atraídos por 17 mesas y 187 tragamonedas, los jugadores llegan particularmente de ciudades cercanas como Venado Tuerto (68 kilómetros), Pergamino (106) y Rosario (107), o de los alrededores, como la vecina Firmat, conocida por su importante fábrica de maquinaria agrícola. Es una zona sojera, de gran producción, además de fuertes reclamos en los días más tensos de la relación entre el campo y el Gobierno. Y mucho antes también: a pocos kilómetros de Melincué está Alcorta, recordado por su célebre Grito , histórica protesta agraria de 1912. "Tenemos un público chacarero, de buen poder adquisitivo, pero también muy trabajador, de callos en las manos", explica Marcelo Creado, gerente general del hotel y casino, que asegura que los resultados del negocio están cómodamente por encima de las expectativas.
También son del área muchos de los participantes del Santa Fe Poker Tour, certamen con el que la laguna (evidentemente envalentonada) pide un lugar en el circuito-Mercosur de Texas Hold´Em (tan de moda hoy), que incluye a Puerto Iguazú y Punta del Este, nada menos.
Para la gente de Melincué, sin embargo, lo más importante no es la posibilidad de jugar al póquer como las estrellas de ESPN, sino los casi 250 empleos que genera el casino. Y el repentino boom económico por el que, en lugar de despedir habitantes, hoy el pueblo recibe vecinos de otras localidades en busca de trabajo.
Mientras se termina un nuevo hotel (mucho más sencillo), un complejo de cabañas y algún restaurante, siempre alrededor del casino y frente a la laguna, Pernigotti no sólo disfruta de esta revancha histórica, sino que va por más. Su proyecto es recuperar para el turismo la isla del viejo hotel y el camino de 1400 metros que la une a la costa. Necesita inversores, pero lo que ya consiguió el año último es la declaración de la laguna como humedal de importancia internacional por la Convención Ramsar, adoptada desde 2002 por 155 estados miembros. Esto, entre otras cosas, pone a Melincué en el mapa de la comunidad global de observadores de aves. La laguna, por cierto, cuenta con más de 140 especies, entre ellas una gran población de flamencos.

Datos útiles

Cómo llegar

  • Desde Buenos Aires, son unos 350 kilómetros. Hay que tomar la Panamericana ramal Campana y luego la Autopista Buenos Aires-Rosario, hasta la salida a Esther. Cruzar la autopista a la izquiera y seguir hasta la ruta 14. Desde allí son unos 80 kilómetros.

Melincue casino & Resort

  • Queda en Iriondo y San Lorenzo, aunque no se necesita mayores indicaciones para encontrarlo una vez que se llega a Melincué.

    Tarifas: de domingo a jueves, por noche, la habitación estándar 260 pesos y la suite, 3900. Viernes y sábado, 340 y 480. Se ofrecen diversas promociones, como un paquete de tres noches por 600 pesos.

    www.casinomelincue.com

Qué hacer

  • Además de descanso y casino, Melincué ofrece su laguna, donde hay desde deportes como windsurf hasta observación de aves. También se puede hacer paseos en bicicleta. Existe también un museo histórico junto a un monumento, entre dos cañones de época, que recuerda la ubicación del antiguo mangrullo del fortín de Melincué.

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