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 • HISTORICO

Moconá, desafío en la selva

Un calor implacable, polvo intenso, niebla densa y lluvias frecuentes pueden acompañar a quienes intenten llegar, en medio de la adversidad de la jungla, a los famosos saltos de ese gran parque misionero




Los limpiaparabrisas trabajan hasta agotar la reserva de agua y el resto de los cristales del auto se cubre completamente de barro colorado, dejando el interior en penumbras. Cuando la lluvia para a las pocas horas el barro parece cemento. Tan duro que los huellones no permitirían circular en absoluto a un auto común. Si el sol brilla es implacable y el polvo empieza a seguir al vehículo a medida que aumenta la temperatura.
Todos los meses son varias las salidas programadas en 4x4 a distintos puntos del país. Desde circuitos de un día entre médanos altísimos hasta travesías interminables por los Valles Calchaquíes o los montes formoseños.
Guillermo Nin, del Club Four by Four, sintetiza: "La Puna, Misiones o Punta Médanos atraen por igual a los más interesados, siempre y cuando se entierren en la arena o se empantanen en un arroyo".

Entre otoño y primavera


Misiones es la aventura por definición. Monte cerrado, cascadas desconocidas, aborígenes y leyendas en una provincia pequeña donde todo está cerca. En una travesía contratada, se circula en caravana por circuitos previamente armados por la organización. La época apropiada es entre otoño y primavera. Las hojas de ruta son intrincadas y casi un secreto industrial muy reservado por las distintas entidades. Se ingresa en campos privados y picadas apenas del ancho de un camión forestal, se cruzan caseríos y, habitualmente, se suelen visitar los saltos del Moconá.
A ese parque provincial se llega en lancha o en 4x4, casi exclusivamente. Pocas son las personas que han logrado llegar por tierra y muchas menos las que han visto los saltos en todo su esplendor. Esto último debido a que el fenómeno natural de una cascada de tres kilómetros de largo sólo ocurre con ciertas condiciones hidrológicas determinadas e imprevisibles.
El último poblado donde hay hospedaje y combustible es El Soberbio, desde donde nace la ruta provincial 2, de tierra, que lleva al Moconá.
A poco de pasar un largo puente de cemento, se abandona la localidad y el pavimento. El camino no asusta al principio porque está consolidado. Algunas chacras salpican los campos cultivados y después de varias cuestas muy empinadas -algunas completamente agrietadas y que se suben a vuelta de rueda- se abandonan los vestigios campesinos para internarse en el monte tupido y en las sendas de tierra suelta. El verde del follaje y el rojo del suelo son omnipresentes.
Ahora entra a tallar la solvencia de los organizadores. "Lo usual es que días antes de la travesía recorramos un buen circuito combinando las distintas variantes para llegar a destino. Según el estado del camino y las dificultades prometidas a los participantes se arma el programa", reconoce Buby Nolde, guía de travesías que vive en Misiones.
Se vadean arroyos y se practican salvamentos con malacates. Cruzar un río en la oscuridad de una noche cerrada, con haces de linternas y de faros como única referencia visual, es un ejercicio de confianza: en las máquinas y en los compañeros de travesía.
En un momento, a medida que van llegando una tras otra las 4x4 a un puente de troncos, descubren la camioneta puntera, una enorme Bronco, encajada en un arroyito de no más de cinco metros de ancho y uno de profundidad, justo al lado de unas casitas y un aserradero familiar.
Comienza el rescate: casi una docena de vehículos todoterreno empieza a maniobrar para el operativo, que dura más de una hora. Quienes no se entusiasman con las operaciones, mientras tanto, se acercan a la gente del lugar para conocerla.
Una extraña máquina de hierro oxidado -algo así como una picadora de carne de tres metros de alto- está clavada en la tierra entre una montaña de paja.
Es una prensa para caña de azúcar de tracción animal. Un anciano explica el mecanismo para sacar jugo de caña, tres chicos se turnan para picar una pila de leña y una familia misionera observa desde la ruta al tiempo que se sacude en un carro tirado por dos bueyes, una especie de 4x4 doble que jamás se queda atrapada en el camino.
Una vez descargada la energía de los participantes, la caravana de camionetas arranca a la espera de nuevas contingencias. Con la osadía que da viajar en grupo.
Además de los huellones marcados por todas partes, los vecinos se quedan solamente con unas olorosas nubes de humo de escape, entre las que se filtran como un abanico los últimos rayos de sol de la tarde.

Artesanías al paso

Las 4x4 permiten llegar hasta aldeas guaraníes escondidas en la selva. Aunque es difícil mantener una conversación inteligible con los chicos o las mujeres, el líder de la aldea suele ser una persona muy locuaz que sorprende por su juventud.
En estos asentamientos se pueden comprar algunas artesanías elementales como cestas y animalitos tallados en madera.
Por un par de pesos un yaguareté de madera blanca con sus franjas grabadas con un clavo caliente. O un loro de madera liviana pintado de verde flúo por tres pesos.
De vuelta en la camioneta, se pone proa a la casa de los guardaparques provinciales o al nuevo camping con sanitarios que se está construyendo. Estos últimos tramos son sumamente intrincados.
Se pierde el sentido de la orientación y se marcha sin saber qué se va a encontrar adelante. Cada vez que se pierde contacto visual con los otros vehículos, un escalofrío recorre la espalda.
Todo lo que se ve es verde o rojo -además de una angosta faja de cielo- y el todoterreno no deja de colear y pegar bandazos contra la pared vegetal.
Una vez en el parque, en caso de que las condiciones del río lo permitan, se intenta la navegación para acercarse a los saltos. Después de eso, sólo resta confiar en los organizadores para volver a El Soberbio y pisar otra vez un suelo más convencional.
Por Sergio Zagier

Una breve guía de expertos

Entre las organizaciones más conocidas que preparan salidas programadas se puede mencionar Travesías 4x4. Eduardo y Claudia, los organizadores, recomiendan la Vuelta de la Vida en Formosa, visitando escuelas y caseríos aborígenes a los que se llevan donaciones (254-6092).
Una o dos veces por año sus travesías tienen como destino los saltos del Moconá, a través de caminos vecinales que no aparecen siquiera en los mapas.
Guillermo Nin, a la cabeza del Club Four by Four, organiza travesías y escuelas de conducción, además de brindar cursos y asesoramiento a marcas líderes de 4x4 (807-0705). También tiene a Misiones como destino clásico.
La Organización Off Road (371-5335) es otra entidad que ofrece salidas organizadas. Enrique y Blondy reclutan vehículos para salidas en el país y el extranjero, como Marruecos y Costa Rica. Son el apoyo local del Camel Trophy 98 a Tierra del Fuego.
Para travesías a medida, internándose en lo más profundo de Misiones, Buby Nolde, de la localidad de Eldorado (0751-30591), ofrece desde cabalgatas hasta rafting, además de cualquier circuito de 4x4 (cuenta también con su propia camioneta para quien no lleva vehículo).
Sus cabañas en plena selva sirven de base para las aventuras que se quieran programar. El nuevo complejo Moconá Saltos & Selva, adyacente al parque provincial, cuenta con sanitarios, camping y, próximamente, cabañas.
Es recomendable llevar en el vehículo algunos elementos útiles, como pala, machete, cuerdas, bidón, etcétera. El malacate es muy útil, pero no es imprescindible cuando se viaja en grupo ya que con seguridad habrá más de uno disponible. En cuanto a la autonomía, aunque las distancias son cortas, una vez dentro de la selva puede ser una restricción quedar corto de combustible u otras provisiones.

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