
Montevideo: invierno en la vereda de enfrente
Desde el Mercado del Puerto y la movida nocturna de la Ciudad Vieja hasta el barrio de Punta Carretas, un recorrido por lo mejor de la capital uruguaya
9 de julio de 2006

MONTEVIDEO.- Aunque no es la clásica alternativa para las vacaciones de invierno, la capital uruguaya tiene buenos argumentos para unos días de paseo y descanso. Si fuera verano, sería casi una obligación hablar de la espectacular rambla que se extiende hasta Carrasco y del mar, como llaman aquí al Río de la Plata. Pero con las bajas temperaturas las salidas se vuelven más urbanas.
La Ciudad Vieja, a pasos del puerto, sigue siendo el principal atractivo de día desde siempre, y desde hace unos años, también la propuesta nocturna.
Las parrillas de leña del Mercado del Puerto; galerías de arte; anticuarios; museos de pintura; la peatonal Sarandí, con los puestos de artesanías, y el Teatro Solís, que quedó como nuevo después de la larga restauración, son paradas indiscutidas. También en estas calles antiguas hay bares con historia, restaurantes y más de 20 pubs que avivan la noche. Porque la Ciudad Vieja se dormía cuando caía el sol, pero desde hace cinco años la movida se centra en Bartolomé Mitre, entre Rincón, Sarandí y Buenos Aires. Uno de los más convocantes es el Pony Pisador, que además de pub, sumó una disco.
Muchos turistas se quedan atrapados en la Ciudad Vieja durante toda la estada, o a lo sumo avanzan hacia el centro, por la comercial avenida 18 de Julio, pero vale la pena andar por zonas nuevas, algunas más alejadas y diferentes.
Lo más moderno es el barrio de Punta Carretas, donde hace 10 años se instaló un gran shopping, en el predio de lo que fue una cárcel, y el hotel Sheraton. Todavía sigue creciendo, con nuevos restaurantes de autor, tiendas de diseño, bares y una innumerable cantidad de edificios que lo convierten en el barrio más poblado de la ciudad. Ellauri y Boulevard Artigas, ejes de la zona.
Los sábados, en la plaza Juan Zorrilla de San Martín, muy cerca del shopping, se organiza la feria Villa Biarritz, en la que se consigue de todo: ropa, cuadros, artesanías, y hasta verduras.
Los domingos, a la mañana, la cita es en Tristán Narvaja, la calle de los anticuarios. También venden de todo. Esta feria, como Villa Biarritz, más allá de las compras, es un paseo en sí misma, porque pinta la esencia montevideana.
Y también hay otras alternativas, como subir a la nueva Torre de las Comunicaciones.
Montevideo es una ciudad baja, y tradicionalmente uno de los puntos panorámicos era el último piso de la Intendencia, pero desde que se inauguró este complejo, donde funcionan las oficinas de Antel, se pueden ver los barrios desde esta torre de hierro y cristal sin obstáculos. En el barrio La Aguada, muy cerca del puerto, el edificio construido por el arquitecto Carlos Ott, forma parte del plan Fénix, que se propone revitalizar la zona. El nivel 26 está preparado para recibir visitantes, con ventanales que dan una vista de 360°. El servicio está disponible lunes, miércoles y viernes, de 15.30 a 17, y martes y jueves, de 10.30 a 12, en forma gratuita.
La calle Emilio Reus, en el Barrio de los Judíos, es una curiosidad, con casas pintadas de todos colores muy bien cuidadas, patrimonio montevideano.
Los que caminen por la ciudad verán que siempre hay gente parada en la puerta de bares y restaurantes... fumando. Desde el 1° de marzo último Uruguay es país libre de humo de tabaco y está prohibido encender un cigarrillo en lugares cerrados de uso público. Por eso, no queda otra, y a pesar del frío hay que salir y usar los ceniceros que ponen en la puerta.
Después de los problemas con los puentes y las papeleras, que en verano perjudicaron considerablemente el turismo en Uruguay, para estas vacaciones de invierno las expectativas son las mejores.
"El año último llegaron al país en invierno 80.000 turistas y esperamos esta año repetir las cifras. Como no coinciden las fechas de vacaciones de acá con las de Buenos Aires vamos a poder recibir a los visitantes en las mejores condiciones", comenta Héctor Lescano, ministro de Turismo de Uruguay.
En su despacho, a pasos del puerto y con una gran ventana al río, Lescano reafirma: "Los uruguayos tenemos las puertas abiertas para los hermanos argentinos y estamos trabajando con la mejor predisposición para revertir la situación, por eso les pedimos confianza y que vengan este invierno a disfrutar de Uruguay natural".
Como nuevo, el Teatro Solís cumple 150 años
Quedó como nuevo, como si no hubieran pasado 150 años y un incendio en un depósito por el que estuvo cerrado casi siete. Restaurado íntegramente, con equipos de seguridad y aislación acústica especial, el Teatro Solís es uno de los emblemas de la ciudad que atraen en la Ciudad Vieja.
A pesar de la renovación, que amplió el escenario en un 80 por ciento, reconstruyó el foso con un sistema hidráulico, mejoró la acústica y los sistemas de aire acondicionado, el lugar todavía mantiene intacto el estilo de teatro típicamente italiano, con las columnas del hall originales y las lámparas de 1909.
Para festejar el siglo y medio se presentan dos óperas, después del éxito, el año último, de La Bohème .
En agosto (19, 21, 22, 23, 24 y 25) subirá a escena Tosca, de Puccini, y en septiembre (22, 23, 25. 26, 27 y 28) La Traviata , de Verdi.
Durante las vacaciones ofrecerá por la tarde espectáculos infantiles; además, se pueden realizar visitas guiadas; viernes y domingo, a las 11, 12 y 16; sábado, a las 11, 12, 13 y 16. Cuestan 2 pesos. Miércoles, gratis.
www.teatrosolis.org.uy
De boliche en boliche, con café, cañas y vino
Montevideo, a pesar de los nuevos boliches de la Ciudad Vieja o los restaurantes que se abren en Punta Carretas, sigue conservando bares antiguos, con el mobiliario original, cargados de historias y buenos tragos. Son bares a los que no sólo se va a tomar algo, sino que son un paseo en sí mismos, un viaje relámpago al pasado que sigue vivo en el presente uruguayo.
Tal vez el más tradicional era el Sorocabana, que cerró hace una década, pero todavía quedan otros para visitar.
El Café Brasilero (Ituzaingó 1447) es el más antiguo de la ciudad. Abrió en 1877 y todavía conserva el estilo art nouveau, aunque fue restaurado en 1920 y reconstruido en 1982. En una de las 14 mesas es habitual ver varias veces por semana a Eduardo Galeano, el cliente más famoso. "Generalmente viene lunes, miércoles y viernes a la tarde, alrededor de las 15, y pide un cortado y un jugo de naranja", cuenta Temis, una de las mozas. Luz tenue, mesas y sillas de madera, cuadros de época y una gran colección de teléfonos antiguos adornan las paredes y los estantes. La especialidad es el café y los sándwiches.
Fun Fun (Ciudadela 1229) es como un museo, o como un anticuario, lleno hasta el último espacio blanco de adornos, fotos de famosos, banderines de clubes de fútbol, y recuerdos de cada uno de los 111 años que tiene, y siempre en manos de la misma familia. Abre a las 18, pero se despierta a las 23.
Allá por 1895, Augusto López, que trabajaba en el puerto, alquiló dos cuartitos en el mercado viejo. Al principio vendía café y los comensales se sentaban en cajones de verdura. Hoy es una especie de bar de culto, con muy pocas mesas, una intensa vida artística y visitantes tan famosos como Gardel, que en 1933 dejó una foto firmada y cantó apoyado en el estaño de la barra, que todavía está como nuevo. Mario Remedios, que desde hace 51 años atiende las mesas, recuerda que por ellas pasaron Pugliese, Goyeneche, Pichuco y Piazzolla. El trago típico es La Uvita, una mezcla de vino con hierbas aromáticas, que se sirve en una copa chica y por 3 pesos.
Yuyos y pizza al tacho
Cañas y grapas saborizadas son la especialidad del boliche Los Yuyos (Luis Alberto Herrera 4297), tan curioso como tradicional. Hace casi 100 años, cuando abrió era un almacén y ahora es un gran espacio, con parrilla, música y mucha noche. Ofrece 30 variedades de cañas, de distintos gustos, como orejones, carqueja, pimienta, frutilla, alcaucil, menta, y 20 de grapa, entre ellas de miel, canela, limón y naranja. La medida doble cuesta 2 pesos.
A pasos del Teatro Solís, el Bar Tasende (Ciudadela 1300) está casi como el que inauguró el padre del dueño actual José Luis Tasende, en 1931. Los mismos azulejos, las ventanas y el mobiliario original. Un clásico es la pizza al tacho, sin tomate, y con una mezcla de quesos, que le dan un sabor diferente del de la pizza tradicional; según dicen, es en el único lugar donde se consigue.
Datos útiles
Cómo llegar
El pasaje a Montevideo en Buquebus cuesta 352 pesos ida y vuelta. Demora tres horas.
Alojamiento
Una habitación en un hotel para dos personas cuesta desde 20 dólares, con desayuno (un dos estrellas).
Gastronomía
Rumi (Rambla Wilson 2133). Con vista al río y a pasos del parque Rodó, es una propuesta moderna, con platos de autor. Una comida, alrededor de 40 pesos por persona.
El Milongón (Gaboto 1810). La propuesta es de cena show con los ritmos tradicionales de Uruguay. Casi dos horas de candombe, folklore y tango, con menú completo y canilla libre, US$ 50 por persona.
La Corte (Sarandí 586). En la Ciudad Vieja, frente a la plaza Matriz, una amplia carta con menú de 25 pesos.
Uva House (Benito Blanco 729). En Punta Carretas, una antigua casona con pocas mesas, una gran bodega y una carta acotada. Menú, $ 40 por persona.
Cambio
Un dólar: 25 pesos uruguayos.
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