

MUNICH.- La tercera ciudad de Alemania por el número de habitantes -después de Berlín y Hamburgo- bien podría ser considerada la más importante si se tienen en cuenta la tradición arquitectónica, la cultura humanista, el arte y las ciencias. Además, claro, de los altos niveles internacionales de la ingeniería industrial, el comercio y la gastronomía, todo lo cual se manifiesta en el espectacular progreso de una ciudad antigua y moderna que atrae a visitantes -periodistas, deportistas bulliciosos, marchands d art, comerciantes, artistas, estudiantes o filósofos- de todo el mundo.
Nada más bello y sugestivo que este escenario germánico y cosmopolita de la gran ciudad católica en la grey de Lutero, en el centro de un paisaje alpino incomparable, donde la Munchen imperial fraternizaba en el sur con Austria, Suiza y Lombardía desde hace cinco siglos, como lo atestiguan templos y museos, y antiguas casas de piedra que se suceden en la soberbia Ludwigstrassen y en la avenida de Maximilian II, las dos arterias principales de la ciudad de los monjes y los duques, fundada en 1158 por Enrique el León .
La Isla de los Museos
Los testigos góticos y barrocos de la antigua civilización de la capital de Baviera se combinan con el esplendor de la zona céntrica, embellecida y modernizada. Orgullo de las ciencias y de su hija, la tecnología, son el imponente Deutsches Museum (con 40.000 m2, el más grande del mundo en su género) y el Forum der Technik en una isla -Museums Insel- del Isar, entre los puentes de Bosch-brücke y Ludwig-brücke, exponentes de la trayectoria de todas las invenciones que han contribuido al progreso de la humanidad después del eclipse grecorromano en los siglos de la Edad Media.
A uno y otro lado del caudaloso Isar, afluente del Danubio, hay tantas cosas dignas de ver en los dominios de la historia universal de la pintura, la música y la arquitectura; del arte de Epicuro y de Lucio Licinio Lúculo, perfeccionado en la capital de Baviera bajo el reinado de Ludwig I hasta el actual estilo de vida optimista, ilustrado a toda hora en las calles de Munich por cien museos -incluso el museo erótico-, iglesias e institutos de cultura, teatros, palacios municipales antiguo y moderno (el Altes Rathaus y el Neues Rathaus en Marienplatz), estadio olímpico, hoteles, restaurantes y las célebres cervecerías de rito sibarita justificado por una devoción inmemorial, como la Hofbräuhaus desde 1896.
La famosa catedral Frauenkirche (de Nuestra Señora), monumental joya del barroco de fines del siglo XV, continúa siendo una postal simbólica de la Munich eterna en el corazón geográfico de la vieja Europa. En un punto casi equidistante entre Viena y París, de Este a Oeste, y entre Berlín y Roma, de Norte a Sur.
El Nido de Aguila
Cerca de Salzburgo, en el extremo meridional de Baviera y a pocos minutos de Munich, los intelectuales de la política y la historia suelen desviarse hasta Berchtesgaden, pequeña ciudad de cuento de hadas en la que el dictador nazi (en el apogeo de su poderío en la década del 30) se había hecho construir una residencia subterránea en la roca y presumiblemente a prueba de bombardeos, con una atalaya octogonal blindada desde la cual, a cien metros por encima del refugio, se dominaba el panorama increíble de la orografía austríaca, su patria de origen. Pero el Nido de Aguila resultaría vulnerable a los ataques de la aviación aliada, que también se prodigó contra Munich, aunque no en la catastrófica escala en que lo hicieron en Dresde (250.000 muertos).
Inaugural
Alemania y Costa Rica jugarán en Munich el primer partido de la Copa, el viernes 9 de junio, en el estadio mundialista con capacidad para 59.400 espectadores. Por supuesto la ciudad tendrá mucha más actividad relacionada con este acontecimiento, desde muestras hasta conciertos.
Jorge Ortiz Barili
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