

LAS LEÑAS.- Mike Hamilton nació en Massachussets hace 31 años. Los últimos diez años los vivió entre Alaska, Utah e Idaho. Verdadero nómada de las montañas, desde hace nueve años que esquía el año entero viajando de hemisferio en hemisferio en busca de nieve fresca, pendientes con canaletas y nuevos desafíos.
“En mi primera visita a Las Leñas, en agosto de 1999, planeé mi estadía por dos semanas. Pero cuando vi el valle todo cambió. ¡sin siquiera subir a la montaña fui directamente a un locutorio y llamé a mi agente de viajes para cambiar el ticket por tres meses!”, se entusiasma. Desde entonces, viene todos los años. Incluso compró un terreno en Los Molles, una pequeña aldea de montaña a veinte kilómetros de Las Leñas donde piensa construir su casa. “Mi vida es sólo para el esquí”, sentencia el gringo Mike, como es conocido en el centro de esquí. Ha caminado por toda la zona y acampado largas noches. Casi no hay fronteras para él en el área del Valle.
Además, Mike es guía de las travesías de heliesquí en alaska y Las Leñas.
“Esquiar acá es increíble, hay más canaletas que estrellas en el cielo”, asegura este fanático de los pasillos que se forman entre las rocas de la montaña y que requieren una gran técnica de esquí extremo.
“¿Mi día perfecto? esquiar la pista Marte y después ir al Hotel Aries y que me avisen que tengo que llevar a un grupo de heliesquí a andar a Valle Hermoso, un lugar maravilloso”, afirma. “Soy un adicto a Marte y necesito mi dosis. A veces está cerrado y hay que ser paciente, es el precio que hay que pagar por algo tan bueno”, asegura.
Cuando está en Alaska su ímpetu por explorar y atravesar nuevas superficies lo llevan a lugares asombrosos. Varias de estas expediciones las realiza volando en unos aviones pequeños llamados supercub, en los que sólo viajan el piloto y el pasajero. “Son aviones que tienen esquís en las bases y que solo necesitan veinte metros para despegar y aterrizar”, dice. Lo habitual es que lo dejen en un glaciar para recogerlo tres semanas más tarde. Allí hace base con su carpa y realiza extensas caminatas a través de hielos permanentes en los fiordos de esa inhóspita región.
Fanático del asado
Mike Hamilton vivió episodios intensos en su vida plagada de aventuras. “Una noche, mientras dormíamos en la carpa, una osa polar y su cría decidieron visitarnos. Por suerte sólo querían robarnos la comida. ¡Las huellas de las pisadas de la madre eran gigantes!”, recuerda. La adrenalina lo atrae, pero su principal debilidad es por la más argentina de las costumbres: el asado. “El mecánico de la estación de servicio en la entrada de Las Leñas me enseñó cómo hacerlo y me volví un fanático”, asegura.
Por Marcelo Rosental
Para LA NACION
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