
Ayer a la noche, cuando Nicolás trajo a los chicos, me pidió de entrar (generalmente me llama cuando está llegando y yo salgo a recibirlos. El casi no se baja del auto).
Entró y enfiló directo a la cocina.
Los chicos entraron y fueron corriendo para arriba.
Nicolás me dijo "al final me voy el 22 de Diciembre, pero no sé qué opinás de que los chicos estén con mi familia en Noche Buena".
Me dieron ganas de llorar, les juro. Ganas de ponerme a llorar tirada sobre la mesa, así, desesperadamente.
Supongo que se me debe haber notado, porque me dijo "si querés lo hablamos en otro momento, o por mail":
Sólo atiné a decir "no es el momento, quiero ir con los chicos, chau".
Se fue.
Me distraje.
Y cuando me fui a la cama, lloré. Lloré sin para no sé, por 2 horas. No se me pasaba más.
Hasta que me dormí.
Hoy es uno de esos días en los que necesito que me ayuden a pensar.
Es un divague la propuesta, ¿no?
SEGUIR LEYENDO


Lanzamos Wellmess, el primer juego de cartas de OHLALÁ!: conocé cómo jugarlo
por Redacción OHLALÁ!

Gala del Met: los 15 looks más impactantes de la historia
por Romina Salusso

Kaizen: el método japonés que te ayuda a conseguir lo que te propongas
por Mariana Copland

Deco: una diseñadora nos cuenta cómo remodeló su casa de Manzanares
por Soledad Avaca Cuenca

