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Otra vez Hanoi

Por Javier Goldsman


Créditos: Ohlalá



Este verano regresé a Hanoi después de diez años y volví a fascinarme. Se trata de una ciudad con gran personalidad y llena de vida. Sin duda, no es Florencia ni Sydney, pero tiene un encanto propio que la hace competir mano a mano con cualquier ciudad del mundo. Probablemente se deba a su gente y su cultura.
Cruzar la calle en Hanoi (también en Ho Chi Minh City) es una experiencia muy particular. Hay pocos semáforos todavía y muchas, pero muchas motos, que nunca se detienen. Los claros en el tráfico para cruzar no se producen nunca. La receta local es mirar hacia adelante y avanzar con decisión y paso firme, los motociclistas se encargarán de no atropellarte . La primera vez da miedo, luego es hasta divertido.
¿La anécdota? Es de mi primera visita, en 1997. Había pocos extranjeros aún y yo, decidido a explorar la ciudad en un día de calor y mangas cortas, me alejé del centro, caminando por barrios bien locales, fuera del mapa turístico. En algún momento me di cuenta de que me estaba siguiendo una banda de unos 15 chicos de no más de 10 años, que me miraban y se reían manteniendo la distancia conmigo. Me inquieté sin llegar a asustarme. Algunos minutos y varias cuadras más tarde todavía me seguían, cuando uno de ellos, el más valiente seguramente, juntó coraje, se separó del grupo y me alcanzó. Estirando su mano tocó mi brazo peludo y lanzó una carcajada ante los aplausos y festejos de sus amigos. Los vietnamitas son en general lampiños y los chicos estaban de lo más extrañados de ver un brazo con vellos. Como se imaginarán, ante mi sonrisa se acercaron todos e hicieron fila para tocarme el brazo.
El Museo de la Revolución es, pese a su sencillez, muy impactante. Contiene numerosos testimonios sobre la Guerra de Vietnam (que ellos, obviamente, llaman Guerra Americana) y contrariamente a lo esperado por mí no está cargado de odio. Esto se nota también en las calles, pese a lo sangriento de esa larga guerra, no sentimos ningún rencor para con los occidentales.
Una vez terminada la guerra parecería que hicieron un gran esfuerzo en dejarla atrás y dar vuelta la página. Hasta tal punto que hoy, entrando Vietnam en un rumbo capitalista, el tema no parece revolver viejas heridas. Es un fenómeno muy interesante que le da un sabor muy particular a la visita.
Fuera de Hanoi, la bahía de Halong (un día completo en helicóptero o dos por tierra) es un escenario natural imperdible. Tuvimos que dejar para la próxima vez la visita a las tribus, los mercados y paisajes del Noroeste (Sapa, Bac Ha).
Es, sin duda, un destino lejano y tentador.

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