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Para sentirse en familia,con una buena dosis de vértigo

Muy cerca de Santiago, este histórico centro de esquí sabe combinar la calidez de su servicio con los fuera de pista, la buena nieve y el descanso




PORTILLO.- Se llaman Seppy y Radka. Son dos enormes cachorros San Bernardo que dormitan plácidamente en el hall de entrada del Hotel Portillo, indiferentes al trajín de pasajeros que entran y salen, salen y entran en la legendaria construcción amarilla y azul de la montaña. Parece que un viejo huésped del hotel, un norteamericano que pasó aquí decenas de inviernos, obsequió las mascotas como muestra de gratitud y agradecimiento a su otra familia.
Es que, precisamente, lo que se respira en este clásico de la Cordillera es ese clima de reencuentro, íntimo y relajado, que tiene ese no sé qué que hace que la mayoría de los pasajeros siempre vuelva. De hecho, no sería exagerado decir que el hotel funciona casi como un club. Un club donde los socios se reúnen, después de un largo día de esquí, por supuesto, en el amplio living del segundo piso, con la montaña y la laguna del Inca como telón de fondo, para hojear una revista junto al fuego, jugar a las cartas o al backgammon, o buscar vaya a saber qué en sus laptops (porque sí, siempre está aquel al que le cuesta desconectarse del otro mundo, y como aquí hay conexión Wi-Fi...).
Por otro lado, también están las caras de siempre. La de Henry Purcell, por ejemplo, dueño y gerente general del centro desde hace más de 40 años. A Purcell, un estadounidense que hace tiempo se radicó en Chile, le gusta mezclarse con sus huéspedes, compartir comidas y esquiar con ellos. Tomó las riendas del hotel más o menos en la misma época en la que empezó a venir Heidi, la instructora suiza de esquí y yoga que es prácticamente un emblema del hotel.
O también está Enrique, que sabe de memoria el número de botas de todos los pasajeros, sin necesidad de que uno se lo diga para que al tiro las alcance. O los ascensoristas, los mozos y tantos otros de los 480 empleados que trabajan a pura sonrisa. Casi más de un empleado por persona, si se tiene en cuenta que el hotel cuenta con unos 400 pasajeros por semana. Sumados a los esquiadores que vienen los sábados y domingos (Portillo está a sólo dos horas en auto desde Santiago y a apenas 6 km de la frontera argentina), por estas pistas se deslizan unas 10.000 personas por temporada. El número, más bajo que en otros centros de esquí, garantiza que prácticamente no haya filas en los medios de elevación, y que las pistas estén bien despejadas.
Aquí, el 10% de las canchas, como dicen de este lado de la Cordillera, son para principiantes, el 70% para intermedios-avanzados, y el 20% para expertos. El año pasado se inauguró una nueva pista negra, Las Vizcachas, que en dificultad es similar a las famosas Roca Jack y Cóndor: mucha pendiente, nieve en polvo y vértigo (tan empinadas son estas pistas que requieren de un andarivel especial, el va-et-vien, único en el mundo).
"Las pendientes pronunciadas y los fuera de pista son dos de las características de Portillo que más gustan a los buenos esquiadores", explica Jesús Puente, director de la Escuela de Ski, en marcado acento español.
Claro que la altura en la que se encuentra enclavado el centro (a 2850 metros), además del hecho de que el sol no pega durante todo el día en la misma ladera, garantizan buena nieve durante toda la temporada (de todos modos, si el clima se empaca y las nevadas se hacen rogar, hay un moderno sistema de fabricación de nieve, con agua que se extrae de la laguna del Inca). No por nada vienen a entrenarse aquí equipos olímpicos de todo el mundo. De hecho, Portillo es el único centro de América del Sur que ha sido sede de un Campeonato Mundial de Esquí, en 1966.
Pero no sólo por la presencia de competidores de varios países se puede decir que Portillo tiene carácter internacional. Según Constanza Moya, directora de Marketing del centro, el 30% de los turistas que vinieron el año último son brasileños, el 20% norteamericanos, el 18% argentinos, y el resto se distribuye entre distintos países, desde Canadá hasta Uruguay. "Después de la crisis de 2001, pasamos de tener un 40% de argentinos a sólo un 5% -cuenta-. Por suerte, la curva está empezando a revertirse."
Al final de cada semana, no es inusual que se hayan forjado nuevas amistades. Ayuda, en parte, que las habitaciones no cuenten con TV. Aunque el hotel no se destaca por su suntuosidad, sino más bien por lo contrario (su lema podría ser simpleza y comodidad), esta omisión tiene una razón de fondo: que los pasajeros puedan hacer uso de todas las instalaciones y actividades del hotel, desde el bar y la discoteca hasta la piscina climatizada, el cine o el gimnasio.
Y, por supuesto, también está el restaurante, ese de inmensos ventanales, sillas de cuero y boiserie. El lugar perfecto, tal vez, para probar los platos del chef Rafael Figueroa, un genio de la cocina que se esconde tras su gorrita negra y sonrisa tímida. Con el apoyo de 40 personas, Rafael prepara 1200 platos diarios. Ninguno de ellos, asegura, se repite durante dos semanas. Los menús incluyen fruta y verdura frescas, mucho marisco y pescado (como el mahi mahi, típico de la isla de Pascua), poca crema y algunas carnes (avestruz incluida). Lo suficiente como para recuperar energías e ir a la cama con el corazón contento.

Datos útiles

Cómo llegar

  • Por LAN, hay pasajes ida y vuelta a Santiago desde US$ 124. Desde allí, son 164 km hasta Portillo.

Hotel

  • Las tarifas por la estada semanal por persona, base doble, oscilan entre los US$ 1300 y los US$ 2950, según la temporada y la habitación. Los precios incluyen además cuatro comidas diarias, pases y acceso a todas las instalaciones. Hay ofertas especiales para familias con niños. También están los anexos del hotel, el Octógono y el Inca lodge, con opciones más económicas.

Discapacitados

  • La Escuela de Ski de Portillo ofrece clases para personas con alguna discapacidad física o mental.

Semanas especiales

  • Según la semana, el hotel organiza diferentes eventos, desde cumbres gastronómicas o remates de arte hasta fitness week y degustación de vinos.

En Internet

T. B.

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por Redacción OHLALÁ!

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