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 • HISTORICO

París tiene un imán en las vidrieras de las grandes tiendas

Igual que hace un siglo, ir de compras por la Ciudad Luz es un rito que sigue en pie




PARIS.- Viene otro año, pero hay cosas que no cambian nunca. Y uno se puede imaginar, al caminar por las veredas del Boulevard Haussmann, que los mismos vendedores de castañas asadas perfumaban las mismas calles frente a los mismos negocios hace más de un siglo. Es que las grandes tiendas entraron en su tercer siglo de vida.
Ya se mostraban, orgullosas de ser protagonistas de la revolución comercial de fines del siglo XIX, en aquellas fotos sepia de cuando los tranvías eran tirados por caballos y la gente apenas se acostumbraba a ver las fachadas nuevas, todas idénticas, que el barón Haussmann había impuesto en París. Esos mismos negocios, esos mismos nombres, están todavía, aunque en los escaparates las modas pasaron y las fotos ahora son en colores.

En tiempos de la Revolución

La historia de estas grandes tiendas se remonta a los tiempos de la Revolución Francesa, cuando se gestaba un orden nuevo en las calles de la capital. Con ella floreció un turbulento mundo nuevo. Sus logros son la abolición de los órdenes sociales, la declaración de los derechos del ciudadano y otros grandes principios. Pero también se revolucionaron detalles del contexto de la época que, aunque no trascendieron en los libros de historia, tuvieron un impacto duradero en la sociedad francesa. Uno de ellos es la supresión del sistema de corporaciones, en 1791, que permitió el desarrollo del comercio, ya que el productor no tenía que ser obligatoriamente el vendedor, como lo indicaba el antiguo régimen.
Estos primeros almacenes crecieron alrededor de 1850 gracias al auge económico que provocó la Revolución Industrial, las mejoras en las redes viales y una fuerte explosión demográfica. Las grandes tiendas se hacían cada vez más grandes, eclécticas y novedosas.
Uno de los primeros en entender las nuevas reglas comerciales fue Aristide Boucicaut, un normando que había llegado a París para abrir un diminuto almacén e inventó lo que sigue siendo hoy la esencia de las grandes tiendas.
Su negocio, Au Bon Marché, existe todavía, aunque su nombre haya sido eclipsado por otros como Au Printemps o las Galeries Lafayette.
Estos imperios comerciales mostraron que mil ganancias chicas valen más que una grande, que las superficies de venta eran capaces de multiplicarse continuamente, que las vidrieras podrían rivalizar hasta el infinito en originalidad, y los métodos de venta podían renovarse constantemente. Un poco como sucede con las vidrieras de Navidad del Boulevard Haussmann cada año.
La edad de oro de estos negocios fue en los albores del siglo XX. Era un mundo de pasillos abarrotados de damas en vestidos largos, hombres con sombrero y bigotes puntiagudos, un mundo color sepia donde se vendían telas por metro, aparatos para moler granos de café, trajes de marineritos para los chicos de las clases acomodadas. Un mundo así surgía de las páginas de la novela de Emile Zola Au Bonheur des Dames ( Para la felicidad de las damas ). Los artículos cambiaron, pero no los métodos de venta. Y menos los edificios. Sin duda, es tanto el recuerdo de aquellas postales como los dictados de la última moda lo que buscan los turistas cuando están de paso por París.
La figura emblemática de Boucicault ayudó, sin duda, a la popularidad de los grandes almacenes. Al no tener herederos, el magnate había desarrollado para sus empleados un programa social muy vanguardista para la época.
A su muerte, su fortuna fue donada para la construcción de un hospital -el hospital Boucicault, que aún existe- y el resto repartido entre los empleados.
Pero el París de los grandes almacenes es también el París de Haussmann. La fantástica obra de remodelación de la capital francesa a mediados del siglo XIX, con la creación de elegantes bulevares en la orilla derecha, rodeando la Opera Garnier, atrajo muchas de estas tiendas.

Con afiches publicitarios

En 1880 eran decenas los nombres que competían para llevarse los favores de una emergente clase media. El primero en elegir los bulevares del barrio de la Opera fue Jules Jaluzot, que inauguró su negocio Au Printemps, en 1881. No sólo fue el primero en instalarse en lo que es hoy el lugar privilegiado de los grandes almacenes, también fue el primero en organizar promociones y temporadas especiales, utilizando la prensa y los afiches para su publicidad. Es que ya tenía que competir con varias decenas de empresas similares.
La mayoría de las tiendas estaba sobre la rue de Rivoli, que bordea el Louvre y lo une con el Hôtel de Ville, y se llamaban A la Belle Jardiniére, los Grands Magasins du Louvre, el Bazar de l´Empire o Pygmalion, entre otros.
El BHV, o Bazar de l´Hôtel de Ville, se convirtió con el paso del tiempo en el especialista de las herramientas y los electrodomésticos. De todos los bazares que había alrededor de 1900 es el único que sobrevivió, gracias a esta especialización. Por eso también es el menos visitado por los turistas. Los tres restantes son los más conocidos y se concentran sobre el Boulevard Haussmann, en el barrio de la Opera. El más conservador es La Samaritaine. Parece haber envejecido junto con sus clientes, heredados de tiempos en los que el éxito de su publicidad fue tan grande que hoy, después de medio siglo, todavía se lo recuerda: On trouve de tout à La Samaritaine ( se encuentra de todo en La Samaritaine ).
Por el contrario, Au Printemps logró transformarse, y se especializó en artículos de decoración para el hogar. Ambos venden una cierta imagen de un París clásico, sobre el cual no pasa el tiempo ni se sienten los efectos de las modas. Al contrario, las Galeries Lafayette se hacen eco de todas las tendencias y modas, y por lo tanto se han convertido en el paseo obligado para todos los que pasan por París, aunque sea en plan cultural. Allí se le toma el pulso a la moda.
Por Pierre Dumas
Para LA NACION

Los personajes de antaño

Las grandes tiendas llevan a cuestas un siglo y medio de la vida cotidiana de la ciudad. Su papel social fue tan importante que forjaron personajes del París mítico. Entre ellos, el simpático vendedor à la criée , que promociona sus productos en medio de potenciales compradores y curiosos en las veredas del local (todavía hoy las grandes tiendas están rodeadas de un pequeño ejército de vendedores ambulantes que ofrecen una parafernalia de accesorios y adornos), la midinette , esa empleada de comercio o de oficinas que en los años 50 iba a observar las últimas tendencias de la moda en su horario de descanso del mediodía para copiarlos luego en fabricaciones caseras.

Datos útiles

Cómo llegar

En avión US$ 950
Hasta París, de ida y vuelta, con tasas e impuestos.

Transporte

El precio del billete de subte es de un dólar. También se puede comprar las tarjetas Paris Visite, desde 7 dólares.

Alojamiento

** US$ 90
*** US$ 100
**** US$ 180
***** desde US$ 250
Los precios son por habitaciones dobles.

Direcciones

  • Au Bon Marché: 22, rue de Sévre, París 7. Subte Sévres-Babylone. BHV: 52, rue de Rivoli. París 4. http://www.bhv.fr .
  • Au Printemps: 64, Bd Haussmann, París 8. Subte Havre-Caumartin u Opéra.
  • La Samaritaine: 19, Rue de la Monnaie, París 1. Subte: Pont-Neuf.
  • Galerías Lafayette: 40 Bd Haussmann, París 9. Subte Havre-Caumartin u Opéra.

Horario

La mayoría de los negocios abre de lunes a sábado, de 9.30 a 19. Algunos, los jueves permanecen abiertos hasta las 21.

Curiosidades

  • Au Bon Marché tiene la mayor superficie de almacén de toda la ciudad.
  • El café de la terraza de La Samaritaine ofrece una vista panorámica sobre todo el corazón de París.
  • La cúpula y las escaleras art nouveau de las Galerías Lafayette valen la visita. El negocio es Monumento Histórico.

Gastronomía

Una comida económica cuesta US$ 8: en un restaurante moderado, 20, y una de lujo, desde 30.

Más información

Maison de la France, Avda Roque Sáenz Peña 648, 9º piso (4345-0664). Atención de lunes a viernes, de 9 a 12.45.

En Internet

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