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Pasajeros en tránsito... hacia la adolescencia

El mercado de los pequeños viajeros está en pleno crecimiento, con servicios para los que vuelan solosy replanteo de las tarifas




Un cartel publicitario en el aeropuerto de Seattle muestra a un niño viajando en avión que, simbólicamente, tiene la cabeza representada como un megáfono mientras en el asiento de adelante un pasajero adulto lee apaciblemente con auriculares antisonido.
Obviamente, el aviso es de auriculares, del tipo que ahora se venden en varias tiendas de los aeropuertos, y pretende demostrar que, con ese dispositivo, uno puede anular todos los ruidos molestos de un avión. Hasta si le toca un niño detrás.
Pensé que la comparación era sólo una forma de explicar su eficacia, pero no. Era una foto estricta de la realidad: minutos después, ya a bordo del avión, había no una, sino al menos cinco personas con esos grotescos auriculares. Y no uno, sino muchos chicos; algunos ruidosos, otros muy tranquilos, pero allí estaban, solos o con adultos. Es cierto que era fin de semana largo en los Estados Unidos (Memorial Day), pero había cierta incongruencia entre el aire siempre algo solemne de una cabina de avión y esos inquietos tocadores de botoncitos.
El mercado de los pequeños viajeros está, como ellos, en crecimiento. Por ejemplo, semanas atrás, British Airways anunció que creará un consejo asesor formado por niños, el Kid s Council, con pequeños provenientes de diversas partes del mundo. Tendrán entre 8 y 14 años, y su función será asesorar en el desarrollo de productos y servicios de la aerolínea para los chicos. El disparador de esta idea fue la cantidad de niños transportados por esa aerolínea, que llegó a 1.200.000 en 2005.
En todas las aerolíneas, los niños, por lo general mayores de 5 años, pueden viajar solos. Hasta los 12 o 15 años, según la empresa, deberán ser custodiados por personal de la compañía, servicio que también tiene un costo extra. En American Airlines, por ejemplo, el costo es de 75 dólares, e incluye todo lo que el menor haga desde que se despide de un adulto en el punto de origen hasta que es entregado en destino a otro adulto previamente identificado. Personal de tierra lo acompaña mientras hacen los trámites del aeropuerto y un tripulante de cabina queda a cargo en el vuelo.
De hecho, evitan todas las hileras frente a los mostradores y embarcan primero, así que es posible que se resientan la próxima vez que deban viajar con adultos.
En general, las regulaciones de los niños que viajan solos son diferentes en cada aerolínea, y varían sobre qué política tomar ante la demora del vuelo, el cambio de ruta o cualquier otro imprevisto.
Tampoco es idéntica la política sobre cuánto cobrar. En el caso de los menores de 2 años que viajen en la falda de un adulto, por ejemplo, hay empresas que cobran un porcentaje mínimo y otras que no cobran el pasaje.
Tampoco se mantiene en todas las compañías la tradicional tarifa reducida de un menor de 12 años, que rondaba entre un 50 y un 70% del precio total. Tímidamente, pero marcando una tendencia, varias empresas han empezado a cobrar el precio completo para los mayores de 2 años, entendiendo que ocupa un asiento igual que un adulto.
Serán los viajeros del mañana, las empresas ya les empiezan a hacer lugar.
Por Encarnación Ezcurra
Para LA NACION

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