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Peluches en viajes de negocios


Créditos: Ohlalá



Cuando estamos por salir de viaje, o simplemente de paseo, cargados de bolsos y demás, mi pequeño hijo, Facundo, implora desesperadamente que Carozo, su peluche favorito, también debe ser de la partida.
Con casi tres años no concibe la posibilidad de dormir -o estar un rato, al menos- sin el perrito de orejas largas a esta altura medio descosido y deshilachado.
“Es su objeto transicional, tiene funciones psicológicas importantes y hasta suple a la madre”, me han dicho más de una vez.
Así que pacientemente espero que pase esta transición para darle un poco de descanso a Carozo, que suele acompañarnos hasta al supermercado.
Pero grande fue mi sorpresa cuando leí una nota en Internet sobre la encuesta hecha por la cadena de hoteles británica Travelodge que arrojó que uno de cada cuatro hombres adultos en viajes de negocios se lleva su peluche por el mundo para que lo acompañe en las noches de soledad. Los hombres, seguramente por lo bajo y con pedido de anonimato, revelaron que los animales les recuerdan su hogar y los abrazos de su pareja.
¿Cómo se les habrá ocurrido hacer la encuesta?, me pregunto. Buscar un poco de publicidad sería una respuesta acertada, pero tal vez una mucama encontró entre las sábanas algún peluche olvidado.
Efectivamente en el último año, Travelodge reunió, no uno, sino cerca de 75.000 osos de peluche olvidados en sus 452 hoteles que, por supuesto, fueron devueltos a sus dueños. Esta abultada cifra de peluches viajeros motivó el peculiar estudio.
La encuesta realizada por la cadena de hoteles entre 6000 británicos demostró que el 51% de los adultos tienen todavía un osito de peluche de su niñez y el promedio de edad de estos osos es de 27 años.
Uno de cada 10 hombres admitió esconder su osito de peluche cuando su novia se quedaba a dormir en su casa y el 14% de los casados reconoció que esconde los osos cuando tiene visitas.
“Acurrucarse con un osito de peluche es una parte importante de nuestra psique nacional, ya que evoca un sentimiento de paz. Por eso no es sorprendente la popularidad de llevar osos en viaje de negocios. Evoca los sentimientos de seguridad y calor de hogar, y ayuda a dormir, como en la infancia”, aseguró la psicóloga Corrine Sweet, consultada por Travelodge.
Asimismo, el 14% de los que son padres dijo que pasó sus ositos de peluche a sus hijos.
Habrá que lavar y zurcir al peluche de mi nene nomás, quizás haya Carozo para rato.

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por Redacción OHLALÁ!

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