Newsletter
Newsletter
 • HISTORICO

Perouges, para vivir entre mosqueteros

Techos de tejas rojas, sin cables ni antenas; calles angostas y de piedra; un regreso al siglo XV




PEROUGES.- El pueblo se erige sobre la colina. Gris sobre el verde. La calle que llega hasta la puerta de arriba es angosta y sube rodeando la muralla. Algunos manzanos silvestres cargados de frutas rojas anuncian copas esféricas llenas de sidra.
Perouges, ciudad medieval de artesanos donde ningún señor reinó jamás, es uno de los lugares más visitados de la región lionesa. A un lado de la puerta de arriba, que fue la entrada principal y la más expuesta a causa de la ondulación relativamente suave del terreno en ese lugar, está la iglesia-fortaleza Santa María Magdalena, construida a principios del siglo XV, en la época de Juana de Arco. Un signo, entre otros, de violencias pasadas. En el interior hace tanto frío como afuera. El sol golpea contra los vitraux estrechos y altos, y arroja azules y rojos contra las columnas de piedra.
A la altura de los ojos, los intersticios de las aspilleras por donde apuntaban las armas vigilan la llegada del enemigo a través de las colinas hasta el camino que llega al pueblo. Subiendo la escalera externa se accede a las galerías del camino de las rondas, desde donde se advertían los peligros a una distancia tal que permitía activar las estrategias de la defensa.

Todo igual que antes

Frente a la plaza de la Halle (halle: mercado), así llamada en memoria del mercado que estuvo allí y que ardió a principios del siglo pasado, está la ostellerie , hoy hotel-restaurante. Al frente se conserva el escudo de armas de la ciudad. Nada en su interior fue tocado. Los muebles y la gran chimenea, donde arde todavía un fuego lento de madera, guardan sus viejos contornos.
A un extremo de la calle de las rondas, donde los soldados caminaban en círculos con sus armas en alto para cumplir la guardia, hubo una alta torre edificada por los romanos desde donde se emitían señales de luces y se leían las emitidas desde otras torres lejanas que se sucedían hasta Lyon. En su lugar están todavía los pozos que daban agua al pueblo.
Sobre la puerta de abajo se lee un texto en latín que nos remite a la larga lucha entre saboyanos y delfineses: Perouges de los perougeses. Ciudad que no podrá ser tomada . Los delfineses lo intentaron, pero no pudieron. Se llevaron las puertas, los herrajes. Las cerraduras y cayeron con ellas. ¡Que el diablo se los lleve! Sobre estas calles se agitaron las espadas de Los tres mosqueteros , sus sombreros con plumas y sus capas al viento. También la segunda parte se filmó en Perouges. Escenografía sin errores: ni una antena de televisión, ni un cable, ni un auto, ninguna marca de los tiempos modernos es visible sobre los tejados rojos.
En el Auberge du Coq, las bandejas circulan con galletes calientes y sidra. El salón es de piedra con tirantes de madera, donde cuelgan faroles de hierro. La gente, al entrar, se acerca a frotarse las manos contra el fuego de la chimenea. Una señorita enciende velas sobre las mesas. Casi todos aquí son turistas que mañana se habrán ido, porque sólo hay un hotel y es caro.
Al fondo, los ventanales; al borde del pueblo, la tierra ondulada, los caminos curvos sin asfalto, los manzanos cargados y un castillo sobre una colina cercana, donde cae el sol.

Datos útiles

Pasaje

El aéreo, desde Buenos Aires hasta Lyon, cuesta 1833 dólares. El vuelo de Aerolíneas Argentinas llega a París.

Cómo ir

Está a 30 km de Lyon. Se llega en auto o colectivo. Ningún transporte puede entrar en la ciudad.

Dónde alojarse

El Hotel de la Ostellerie es una buena opción, tiene habitaciones de cuatro estrellas y de tres en un anexo. Los precios oscilan entre 100 y 200 dólares la habitación doble, sin desayuno. Se sirve desayuno, almuerzo y cen a.

Qué comer

En Auberge du Coq se sirve una porción de gallete por 1 dólar, sidra por 4, y café y chocolate, por 3.

Aquellos viejos tiempos

PEROUGES.- Los tiempos de prosperidad, en los que la ciudad llegó a tener 1500 habitantes, se agotaron con la crisis de la vieja economía traída por las industrias durante el siglo pasado, con las cuales los artesanos no pudieron competir.
Lejos de los trenes, Perouges quedó aislada y sus pobladores fueron abandonando las casas en busca de posibilidades que nunca iban a tener si se quedaban en el pueblo.
Las calles angostas y sinuosas son como fueron y es muy probable que lo sigan siendo.
Las piedras, esféricas a pesar del tiempo y de los tantos que dejaron sus pasos, se hunden en la planta de los pies.
En la calle del Príncipe donde estaban los comercios -las carnicerías, los armeros, el farmacéutico, los cesteros, los pañeros- se conservan los mostradores de piedra de los puestos. Piedra fría, seca. Testimonio inalterable.
Al fondo de la calle está la casa de los príncipes de Saboya, con sus jardines de canteros geométricos y los caminos estrechos que dibujan paseos al sol.
Allí funciona el museo del viejo Perouges y el atelier de un tejedor con sus telares.
Pero, sin embargo, el aroma de las galletes de Perouges envuelve la plaza. Funciona como elemento vinculante con una época que ya no está. Porque a través de ellas, desde su elaboración hasta el producto final, la historia sigue viva.
A través de la ventana de la panadería se ven los hombres que extienden con palotes de madera grandes círculos de masa delgada que cubren con azúcar y crema de leche fresca antes de ponerlos en el horno. Como en los viejos tiempos.
Carolina Lerena

¡Compartilo!

SEGUIR LEYENDO

LinkedIn: 8 consejos para tener tu perfil actualizado para conseguir trabajo más rápido

LinkedIn: 8 consejos para tener tu perfil actualizado para conseguir trabajo más rápido


por Redacción OHLALÁ!
tapa de revista OHLALA! de mayo con Zoe Gotusso

 RSS

NOSOTROS

DESCUBRÍ

Términos y Condiciones


¿Cómo anunciar?


Preguntas frecuentes

Copyright 2022 SA LA NACION


Todos los derechos reservados.