
Créditos: Ohlalá
TURCOS Y CAICOS (El Mercurio, de Santiago).- Hace menos de treinta años, Providenciales, una de las islas principales del diminuto y luminoso archipiélago de Turcos y Caicos, tenía menos de seiscientos habitantes, playas perfectas, y una lista de haberes realmente breve: a saber, un puñado de sencillas chozas de pescadores y otro de casonas a medio caer; casi no había caminos ni vehículos que los necesitaran; no tenían electricidad, aeropuerto, hoteles y, desde luego, tampoco había turistas. ¡Un maldito diamante en bruto!
Providenciales, más conocida como Provo, es la isla donde ahora capeamos el calor con un mojito frío y un amplia sombrilla, igual que decenas de norteamericanos, canadienses y europeos que no alcanzan a copar las reposeras instaladas frente al Beaches Family Resort.
En treinta años las cosas han cambiado, desde luego. Nada que uno tenga que lamentar en todo caso. Providenciales es ahora la antesala de Turcos y Caicos, un grupo de islas tan pequeño que en los mapas del Caribe se ve apenas como un semicírculo de diminutos puntos al norte de Haití y República Dominicana, y otro poco al este de Cuba. Y el viejo aeródromo fue reemplazado por un sencillo y concurrido aeropuerto internacional. Desde aquí los turistas se desparraman por cualquiera de las ocho islas principales del archipiélago, o alguno de los casi cuarenta cayos que, desde el aire, antes de aterrizar, se ven como manchas blancas sobre un manto calipso en medio del océano azul.
La mayor parte de los viajeros que viene a Turcos y Caicos se queda en Providenciales, la isla turísticamente más desarrollada. Aquí está la mayor concentración de hoteles. Sin embargo, no es Punta Cana o Cancún, y todavía se puede caminar despreocupadamente por los 19 kilómetros de suave arena de Grace Bay sin toparse con las oleadas de sombrillas de distintos colores que marcan el límite entre el pedazo de playa de un hotel y el de otro.
Con aires reales
El archipiélago está formado por dos grupos de islas (las Turcos, que incluyen a Grand Turk, la capital, y las Caicos, a la que pertenece Providenciales), flanqueados por el tercer sistema de barreras de coral más grande del mundo. Eso explica los impresionantes colores del agua, y los yates repletos de buzos que salen mañana y tarde del hotel, y de la marina de Leeward para aprovechar la inmejorable visibilidad submarina. No por nada el año último la norteamericana Tanya Streeter eligió la costa frente a Grace Bay Beach para lograr su récord mundial de inmersión con peso variable, con impresionantes 122 metros.
Grace Bay Beach es una de las mejores playas del Caribe y bien podría justificar una visita a Turcos y Caicos.
Si se aburre de la arena, en Providenciales puede dejarse un tiempo para jugar golf (hay un campo profesional de 18 hoyos), o puede ir a Turtle Cove y Blue Hill, dos zonas de restaurantes rústicos más o menos auténticos.
Si sale con un guía, seguro lo llevará a The Hole, un agujero de 25 metros con agua salada al fondo, dato que se esfuerzan en presentar como si se tratase de algún tipo de misterio, y no sólo de un accidente de la naturaleza. A pasos de ahí se encuentra una entrada alternativa con una cuerda para los que se animen a bajar. Y a metros de The Hole está Juba Point, una laguna artificial llena de agua de mar, usada en la única otra industria que prosperó en Turcos y Caicos antes del turismo: la producción de sal.
Juba Point es un buen sitio para esperar el atardecer. Siempre y cuando el guía no interrumpa ese momento con datos como la lista de famosos que han instalado escondites aislados en esta y otras islas. Al paso escuchamos los nombres de Janet Jackson, Eric Clapton, Bill Cosby y Christopher Lloyd, el notable profesor Emmett Brown de "Volver al futuro". Son la cara glamorosa de un negocio que también se refleja en avisos de revistas que ofrecen casas de uno y dos millones de dólares sin subsidio. Y en una que otra mansión sobre las pocas lomas que hay en esta isla más bien plana y que apenas se despega unos metros sobre el nivel del mar.
De refugio de piratas a vacaciones all inclusive
Además, Turcos y Caicos fue refugio de piratas. En especial la cercana Parrot Cay, cuyo nombre original habría sido Pirates Cay y que fue escondite predilecto del pillín de Calico Jack Rackham, y sus dos "oficialas", Anne Bonny y Mary Read.
Más trascendente fue la llegada de otros refugiados: los colonos de Bermudas que aparecieron durante el siglo XVII, y los granjeros británicos que escapaban de la guerra de independencia estadounidense hacia fines del siglo XVIII, y que trajeron algunos esclavos, proyectos agrícolas y, al parecer, no demasiado ojo comercial.
Es una colonia de la corona británica. Eso significa que los isleños tienen pasaporte del Reino Unido, hay retratos de la reina en todos lados, se conduce por la izquierda y, más importante que todo lo anterior, los chilenos no necesitamos visa para entrar.
En Provo ahora se pueden visitar las casonas de Cheshire Hall y Richmond Hill para imaginarse un poco, muy poco en realidad, de esa época.
Luego no hubo mucho más movimiento hasta que el auge turístico atrajo a jamaiquinos, bahameños y tantos dominicanos que en algunos bares y restaurantes nunca está de más preguntar primero en español.
Como sea, hoy Provo tiene menos de seis mil habitantes, y el archipiélago no pasa de veinte mil. Y si uno se queda pegado a las playas, podría pasar las vacaciones completas sin conocer a alguien nacido aquí.
Datos útiles
Llegar
En avión US$ 879
El precio del pasaje desde Buenos Aires hasta Providenciales vía Miami o Nueva York.
Dormir
Beaches Family Resort, de la cadena Sandals, es un all inclusive orientado a la familia. También tiene el excelente Ultra Spa, guardería para niños y espacio suficiente para evitarlos si uno quiere. Más información, www.beaches.com .
Otras islas
Grand Turk: la capital del archipiélago. Funciona aquí lo más parecido a una ciudad. Excelentes zonas de buceo y playas notables como la del Gobernador.
Salt Cay: no tiene más de cien habitantes y casi tres km de largo, así que es más fácil encontrarse con gente viajando en carritos de golf y bicicletas que en autos. Fue el corazón de la industria productora de sal.
Parrot Cay: es un pequeño cayo privado que antes cobijó a piratas y luego a algunos acaudalados granjeros de la región. Ahora sólo presenta el lujoso resort y spa Parrot Cay.
Más información
www.turksandcaicos.com
www.tcimall.tc
Mauricio Alarcón
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