

Aprender a bucear no parece cosa de todos los días. Uno lee los avisos de los diarios que ofrecen viajes exóticos de buceo y se pregunta cuándo, en su próxima vida, encontrará tiempo y fuerza para tamaña aventura.
Pues bien, resulta que es bastante sencillo. Esta historia empezó con otro aviso, en este caso por e-mail, donde me ofrecían probar una clase de buceo gratuita, en Márquez y Panamericana. La proximidad geográfica sonó tentadora, pero aun así el momento no se presentaba. Luego de varios intentos fallidos me decidí. ¿Por qué no?
Ya en el Diving Center, único instituto cinco estrellas de la Argentina con más de diez años, que brinda todos los cursos PADI del país, Pablo Arcagni explica al aspirante a buzo que la clase durará unas dos horas y terminarás buceando sí o sí.
La adrenalina empieza a correr por las venas. También empieza -¿cómo llamarlo?- cierto temor respetuoso, y ante la pregunta de cómo hago para irme antes de que se dé cuenta me dice: "Hay que ir a la pileta que tiene cuatro metros de profundidad y es el primer paso para iniciarse en este mundo".
Hacia allá fuimos. Cambiarse en un vestuario, vestirse con traje de baño cuando ya casi no es tiempo de éste es el primer obstáculo. El segundo, llegar al borde de la pileta donde está el mismo profe con la misma sonrisa amplia intentando inspirar confianza cuando ya la cara no es de terror, pero casi, ante el enorme equipo que hay que colocarse en la espalda y que el llama amorosamente chaleco compensador. Allí está el tanque de aire y sus mangueras. Máscara, aletas, chaleco, regulador, lastre y tanques: todo hay que ponerse con la ayuda amable de Pablo.
Probarse el aspirador de aire y ver que sale tal sustancia es auspicioso. El profe, que sonríe e inspira confianza de una manera dulce y contenedora, dice que hay que ir al agua, equipo puesto, ladeando el cuerpo ligeramente hacia un lado. Ahí, el equipo que pesaba una tonelada se vuelve liviano. Ya estoy jugada, hay que animarse.
Primero, unas breves vueltas en lo bajito, un tiempo de reflexión mientras Pablo enseña el idioma del agua, señas mínimas de bienestar o malestar ya que de esta forma nos comunicaremos en este medio.
Luego de rodillas, comenzando de a poco a sentir cómo responde el equipo de aire, regulando la respiración, logrando la serenidad para contemplar extasiado el agua de un azul imposible que es simplemente una pileta, pero parece Arrail do Cabo, tal es la alegría que produce sentirse en el agua y respirando. Finalmente, el profe sugiere adentrarse en lo hondo, las profundidades azules. Y empezamos a bajar, primero hasta un metro, luego dos, y a soplar para compensar los oídos, luego tres? Ya está, lo hicimos.
En el fondo hay una pelota que es un mapamundi para jugar, unos peces de plástico, zonceras para entretenerse mientras se aprenden algunas cositas más. Si se llena de agua la boca hay un botón amigable que la expulsa. Si se llena de agua el visor es casi tan sencillo como lo anterior.
El bautismo de buceo dura entre dos y tres horas. Dice Pablo que algunos le contaron que es como volver a la panza de tu mamá. La verdad, no me acuerdo. Pero la sensación única de ingravidez, de poder moverse en el agua libremente transmite una dulzura amorosa en todo el cuerpo. Esto es simple, es lindo, es fácil. Vale la pena intentarlo. La adrenalina es casi la misma que con el amor, y las posibilidades de viajes, increíbles.
La Cantera de Fernando, en el Río de la Plata; Las Grutas, en el golfo San Matías, y Los Cultivos, en la Patagonia; Arraial do Cabo con buceo, en Caldeiro (fauna); Teixerinha (un naufragio), en Brasil, y Fernando de Noroña, reserva de fauna y flora en el océano Atlántico, en el mismo país, son algunos de los viajes que se pueden hacer. Sólo hay que atreverse.
Datos útiles
Cursos y bautismos
La clase de iniciación se puede tomar a cualquier hora del día hablando previamente por teléfono. Se descuenta del curso de buceo si es que se decide a realizarlo.
Desde abril y hasta octubre, el curso Open Water PADI habilita a bucear hasta los 18 metros. Cuesta $ 344 e incluye matrícula e inscripción, material de estudio, 5 módulos teóricos, 5 prácticos, una foto de regalo, la remera, estacionamiento, piscina climatizada y el equipo de buceo. Se dicta los sábados, de 10 a 13, en Diving Center (Monroe 69, Lomas de San Isidro). Informes: 4765-7000, pabloa@divingcenter.com.ar;
En Internet: www.divingcenter.com.ar
Por Silvina Beccar Varela
Para LA NACION
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