
Hace ya una pila de años e hijos que Nicolás y yo estamos juntos.
El tiempo no sólo ha limado asperezas. No. También ha erosionado detalles.
Ya no me importa que llegue un día de trabajar y yo siga en camisón como si tal cosa.
Me tiene sin cuidado si ronco cuando duermo.
Me pongo medias para ir a la cama. Y si hace demasiado frío, pantalón de jogging.
Paso casi todos los días con el pelo atado en un rodete. Y puede que acuda a la maquinita de afeitar mucho más seguido que hace 8 años.
No me cuido con mi forma de hablar y soy bastante cloaca.
No disimulo la celulitis en la playa (he llegado a calcular durante un mes entero cómo no caminar delante de él, en traje de baño).
Si se está bañando y yo tengo muchas ganas de hacer pis y no hay baño disponible, le pido que plis no mire y hago ahí sin dramas.
Ahora, ahora, ahora…
Hay un asunto que aún hoy (y dudo que alguna vez cambie) no logro superar.
"LO SEGUNDO".
Mi marido de años, amados lectores, JAMÁS me ha escuchado hablar sobre el asunto. Ni me ha escuchado, ni ha sospechado (por una demora, un Glade, nada) cuando una humilde servidora utiliza el baño para number two.
NO.
De hecho, ayer me metí a duchar.
Nico quedó afuera con Lucas.
Se escuchó la siguiente conversación.
Lucas: "¿Mamá?"
Nico: "Mamá está en el baño."
Lucas: "Caca, ¿mamá?"
Nico: "Nooooo, mamá no hace caca."
¡JA!
SEGUIR LEYENDO


Lanzamos Wellmess, el primer juego de cartas de OHLALÁ!: conocé cómo jugarlo
por Redacción OHLALÁ!

Gala del Met: los 15 looks más impactantes de la historia
por Romina Salusso

Kaizen: el método japonés que te ayuda a conseguir lo que te propongas
por Mariana Copland

Deco: una diseñadora nos cuenta cómo remodeló su casa de Manzanares
por Soledad Avaca Cuenca


