

PUNTA CANA.- En la puerta de la habitación contigua hay un moño blanco que en inglés dice Recién casados . Es bonito el cartel, muy sofisticado. Sólo que después de un largo viaje desde Buenos Aires, pensar en dormir al lado de una pareja en plena luna de miel no se presenta a priori como el plan más descansado. Será cuestión de esperar. Son las 7 de la tarde y el ambiente tropical invita a dar un paseo por el hotel, una rara ciudad en miniatura con edificios de tres pisos unidos por senderos, rodeados de palmeras, iluminados por antorchas y con aires de mar.
Los caminos conducen a la playa, pero cuando los pies entran felices al agua la voz de un joven los detiene: "La playa está cerrada... Pueden volver mañana si lo desean". ¡Claro que lo desean! Pero el muchacho sonriente explica los horarios del hotel y aclara que todavía es posible usar la piscina, aunque sólo hasta las 19.30. El mar, a un solo paso, más inquieto y hermoso de lo imaginado, queda para el día siguiente.
La piscina cuenta con extensos ramales que bordean los senderos. Lejos de ser una pileta olímpica, tiene puentes que la cruzan, islas arboladas y la infaltable barra de tragos en su interior, rodeada de banquetas subacuáticas que permiten disfrutar de una bebida sin tener que salir y secarse. En dos de ellas, una joven pareja espera. ¿Serán los vecinos de la habitación nupcial? Sólo reciben sus bebidas a base de ron (vitamina R, dicen las canciones) cuando el barman termina su secuencia de piropos hacia la señorita -ella encantada; él impostando su mejor sonrisa-. La escena se repetirá en cada barra, cada playa y cada hotel: la simpatía es generalizada, pero las damas, solas o acompañadas, recibirán tantos cumplidos que no podrán menos que sentirse, cada una, la reina de la isla.
Luego del chapuzón y de una ducha apenas tibia, es hora de optar por uno de los siete restaurantes que forman parte del Sunscape The Beach, uno de los más de cuarenta inmensos hoteles que hay en la región. Está ubicado en la zona de Uvero Alto, al noroeste de la originalmente llamada Punta Cana, que se fue extendiendo con los años.
El hotel es majestuoso. No sólo por su tamaño (capacidad: ¡dos mil personas!), sino también por un estilo grandilocuente que incluye, por ejemplo, pequeñas torres Eiffel y estatuas de la Libertad en su interior.
Elegir el resort adecuado a los gustos de cada uno es parte fundamental de la experiencia; casi lo principal. Entre uno y otro hay grandes diferencias, desde los servicios y la decoración general hasta la ubicación. Es tan variado que uno puede disfrutar de sus vacaciones en Punta Cana frente al mar Caribe o, si opta por algunas playas de la costa norte, hacerlo junto al Atlántico, mucho más cálido que el argentino, pero Atlántico al fin.
Camino al restaurante -el primer elegido es de comida japonesa-, pierde sentido apostar sobre cuál es la dulce pareja de la habitación de al lado. Se cruzan decenas de candidatas. Aunque la que tiene más posibilidades es la que está justo a minutos de dar el sí, a pasos del sendero, en un altar propio del hotel, al aire libre y rodeado de gente tan emocionada como bronceada. Sólo en este complejo se casan unas 400 parejas por año. El 90 por ciento llega de Estados Unidos: a pocas horas de vuelo, vienen con familiares y amigos, y se quedan todo el fin de semana. Hay planes especiales para ellos.
La mayoría de estos enormes alojamientos es all inclusive, todo incluido, formato que propone descansar con la mente en blanco y los bolsillos vacíos ( vaciados en algunos casos superexclusivos; ver enseguida). Una pulsera es la llave de acceso a casi todos los servicios y actividades recreativas. También a los menús completos, exceptuando la langosta -aclaran en este caso-, y los vinos de la carta, que vale la pena revisar ya que las opciones de la casa , en todos los hoteles visitados, están lejos de ser un deleite a pesar de su procedencia: la Argentina. Ni Malbec, ni Cavernet-Sauvignon, ni Syrah; apenas un Borgoña sin marca, que quedará de adorno en las copas de todos hasta el final de la cena. Atentos productores: la fama del vino argentino corre peligro en estas tierras.
Cada noche hay teatro, música o circo, y bachata, merengue y reaggeton en la disco del hotel. La música se apaga como máximo a las 2. Luego la noche se vuelve silenciosa, y en la habitación sólo se oyen ruidos de selva que llegan desde el verde cerrado que nos rodea.
Al fin el mar
9 a.m. Es increíble ver gente en la piscina, teniendo a unos metros semejante cantidad de agua turquesa, cálida y transparente. La playa es de postal: manglares y palmeras acompañan las horas que pasan. Unos pasos más allá, un puesto ofrece tragos, cocos y ananás rellenos con piña colada. Sólo faltaría un poco de silencio. Muy cerca de la ronda de gym hay clases de español, bajo una carpa en la arena. Otro grupo se prepara para bucear. Y la música también empezó temprano.
El ambiente del hotel Oasis Canoa, en la sureña y hermosa playa Beyahíbe, se presenta más tranquilo. Luego de otro recibimiento al mejor estilo Isla de la Fantasía -el primero fue en el simpático aeropuerto internacional, una especie de choza gigante sin ventana alguna-, el día frente al mar es iniguable. Las reposeras alineadas sobre la playa extensa dan privacidad y el agua calma deja ver el horizonte. Ahora sí, estamos frente al Caribe. Y aquí nos quedaremos hasta la noche: las reglas del lugar no impiden bañarse bajo la luna, y la temperatura del agua invita a nadar durante horas.
El entretenimiento en los resorts está garantizado. Hasta es seguro, por ejemplo, que alguien saque a bailar al turista en cualquier momento de la noche, sea mujer u hombre. Con su chomba de rigor, personal del hotel se ocupa de que todos, en todo momento, la pasen lo mejor posible. En algunos casos también hay chicos y chicas dominicanos que buscan visitantes para bailar un rato, casarse a futuro o pasar juntos la semana. El turismo sexual está a la vista, aunque es más evidente afuera de los hoteles, en lugares bailables donde aparecen los sandky-punkis (por punks de la arena): muchachos, en general con el pelo teñido, que viven mayormente de seducir turistas.
Por los caminos
Salir de los megacomplejos es la única manera de aplatanarse , o adaptarse verdaderamente al lugar, según la jerga dominicana. Vale la pena hacerlo. Por los caminos se cruzan tantas combis y ómnibus como autos caros, hummers y camiones repletos de trabajadores de la caña de azúcar, casi todos haitianos. El verde predomina, igual que las canchas de béisbol improvisadas a lo largo del camino. El fútbol no existe; los pies se hicieron para bailar, aseguran.
Cuando se llega a pequeños poblados es común ver hileras de charqui -carne deshidratada, aquí condimentada con orégano- colgando en la entrada de muchas casas, carnicerías improvisadas que, además, suelen vender chicharrón de leche y queso dulce. También hay una gran cantidad de peluquerías. Dicen que se debe a que es fácil aprender el oficio, porque hay muchas variantes en los peinados, pero no en el tipo de pelo.
"¿Quieren pasar al baño? -pregunta un vendedor callejero-. En cualquier casa los dejarán pasar sin problema." Dicho y hecho. La amabilidad no deja de sorprender. Tampoco los moto-conchos, o moto-taxis, hasta con cuatro pasajeros. Tal vez los más llamativos son los car-wash: además de lavar autos, tienen bares bailables repletos de gente.
Tendencia boutique
En Bávaro, el hotel Grand Bahía Príncipe es tan grande que tiene incluso servicio de transporte interno: cada cinco minutos, un trencito circula entre las villas, mayormente cerca del mar, y el megacentro de actividades, donde hay, por ejemplo, un teatro para mil espectadores. Casi todos los complejos ofrecen casino y un completo servicio de spa, que no suele estar incluido. Igual que sus habitaciones, los espacios son muy amplios; sobra lugar para todos.
Pero hay más opciones para un descanso más privado o exclusivo. El concepto de hotel-boutique está creciendo, con ofertas que pueden ser un 30 por ciento más caras (y no incluir las comidas) y otras prácticamente inaccesibles. "Los all inclusive son como los restaurantes tenedor-libre: aunque sean de cinco estrellas, siempre van a estar dirigidos a lo masivo", comenta un gerente del Golf Suites Boutique, en Cocotal, uno de los resorts para no más de 200 personas.
Hay otras opciones mucho más caras. En Casa de Campo La Romana, por ejemplo, donde paran desde Elizabeth Taylor hasta Carolina de Mónaco (si uno es rico en República Dominicana debe tener una villa en este lugar para formar parte del establishment), se alquilan casas desde 1000 hasta 12.000 dólares la noche, sólo en temporada baja. Famoso entre golfistas de elite -tiene campos diseñados por Pete Dye-, cuenta con dos canchas de polo, donde se juega también al donkey-polo , con burros, por más diversión que deporte. La Romana es el principal destino de cruceros y tiene su propio aeropuerto internacional.
El resort Tortuga Bay, parte del pionero Punta Cana Hotel, es otro de los sitios superexclusivos, para cien personas. Aquí uno puede encontrarse con Uma Thurman si justo coincide con sus vacaciones. Todos estos lugares tienen, claro, playas privilegiadas. Y restaurantes de calidad mil estrellas, especializados en mariscos. El lujo tendrá tal vez su máximo exponente en Cap Cana, complejo inmobiliario y hotelero, otra ciudad recién inaugurada con canales y departamentos que no bajan del millón de dólares. En Punta Cana se sigue construyendo en grande porque, aseguran, "el turismo está en pañales en tierras dominicanas".
Por Martín Wain
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Una isla y el Chavón
Al mar Caribe hay que navegarlo. Sólo así, dicen, es posible distinguir la variedad de colores, pasar sobre corales y estrellas de mar, y alcanzar extrañas formaciones de manglares, como las que se ven en la excursión a la pequeña isla Saona, El puerto de partida está en Bayahíbe, donde se puede, se debe, comprar una gorra si uno olvidó la suya. El catamarán o la lancha hace varias escalas para lanzarse al agua y disfrutar, ron en mano, de las piscinas naturales, o para cambiar de nave y conocer, desde una canoa, la fauna escondida en islotes formados por la vegetación. También para almorzar en un buffet de comida típica montado en una playa increíble, una más.
Otra visita atractiva es a los Altos de Chavón, rarísimo pueblo de estilo medieval construido hace treinta años por el antojo de una joven, Dominique Bluhdorn. Su padre, magnate de Estados Unidos, hizo construir el lugar como regalo por los 18 años de su hija, que instaló allí una escuela de diseño. Allí viven unos pocos artistas y empleados, y hay restaurantes, entre 100 y 150 dólares por cubierto; un museo taíno; la iglesia de San Estanislao, conocida por las bodas de celebridades, y una vista increíble del río Chavón, donde se filmó parte de Apocalipsis now. También hay un gran anfiteatro, por donde pasaron Frank Sinatra y Julio Iglesias, entre otros.
Datos útiles
Cómo llegar
- LAN es la aerolínea que vuela directo a Punta Cana desde Buenos Aires (desde el 26/8, los domingos, ideal para mieleros). Tiene un viaje semanal non stop y otro vía Santiago de Chile. En clase turista, desde 1076 dólares (imp. incl.). En ejecutiva, desde 2231. Aéreos, paquetes y consultas: 0810-9999-526. www.lan.com
Paquetes
- Los tours de siete noches constituyen la vía más común y económica de viajar. Incluyen aéreo y traslados. Algunas opciones son:
- Punta Cana Clásico: en hotel Gran Bahía Príncipe, all inclusive, desde 1696 dólares. Operadores: All Seasons, Eurovip s, Iberojet, Julia Tours, Piamonte, Trayecto Uno y Clover .
- Beyahíbe Clásico : en hotel Sunscape Casa del Mar, all inclusive. Desde 1540 dólares. Operador: Clover.
- Punta Cana Novios: en el hotel Bambú, all inclusive. Novio: 1622 dólares; novia: 1230. Op.: Eurovip´s.
Dónde dormir
- Sunscape The Beach : www.sunscaperesorts.com
- Oasis Canoa : wwww.hotelesoasis.com
- Grand Bahía Príncipe: www.bahia-principe.com
- Casa de Campo La Romana: www.casadcampo.com
- Opera Bay : www.puntacana.com
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