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 • HISTORICO

Regatear, un antiguo hábito

En las compras por las medinas es casi una obligación




TUNEZ.- La medina, infaltable en cada una de las ciudades del país, significa ciudad árabe y en ellas se desarrollaba la vida de las antiguas dinastías musulmanas que se asentaron en la región. Parecen laberintos de calles muy angostas, algunas sin salida y recovecos a cada paso.
Estos barrios cargados de años devinieron centros comerciales, especialmente dedicados a la venta de artesanías y souvenirs.
La medina de la capital tunecina, en pleno centro de la ciudad, es la más grande y concurrida, con más de 1000 tiendas. Está dividida en zocos (mercados) de oro, alfombras, perfumes, cobre y cuero. Las casas, remodeladas como comercios, fueron construidas en el siglo XIII. A través de grandes puertas se entra en estos mundos saturados de voces y gritos, que huelen un poco a jazmín y otro poco a azahar y donde los vendedores ponen sobre el mostrador todo su histrionismo.
Para caminar por esas callecitas, casi siempre colmadas, donde se camina en fila india, hay que ir preparado para sortear obstáculos: vendedores y más vendedores que se abalanzan sobre todo aquel que ostenta un aire extranjero. Después, balbucean en varios idiomas: primero francés, después italiano, hasta que llega el español. A una morocha con rulos jamás intentarán saludarla en ruso o alemán.
"Señora, señorita, pase, sólo mirar, sólo mirar", ése es el anzuelo con el que buscan atrapar a sus compradores. Y aunque parezca contradictorio, la mejor respuesta que pueden escuchar es: "No, gracias". Esto significa que picó, que hablan el mismo idioma y que la comunicación es posible.

¡Argentina, Maradona!

Enseguida comienza el diálogo, del que es difícil evadirse y más todavía cuando se enteran que en realidad la presa no viene de la Península Ibérica, sino de la Argentina. "Argentinos, amigos, Maradona, no capitalistas, buen precio." Después de tanto recibimiento, a uno se le despierta el interés y piensa en voz baja: "Aquella cartera de cuero de camello se ve linda, estos perfumeros qué bien quedarían sobre la cómoda y porque no una shisha (pipa de agua) o una túnica". Aquí comienza el famoso regateo, imprescindible para las compras en las medinas. En cambio, en los comercios del centro se manejan con precios fijos y no descuenta ni un centavo.
Al preguntar el precio se obtiene como respuesta un disparate, aproximadamente cuatro veces más del valor real del producto. El primer instinto es poner cara de espanto, soltar la carterita elegida, exclamar ¡90 dinares! y salir corriendo del lugar.
El vendedor rápidamente comienza a perseguir al comprador, mientras disminuye el precio; uno entra en el juego, ofreciendo precios aún más económicos, hasta que finalmente la cartera se paga 17 dinares y todos contentos.
Esta misma situación se repite en cada puesto y se termina comprando cosas por el simple hecho de entrar en ese juego de tira y afloja tan árabe, tan lejano de las costumbres occidentales.
Los árabes son hábiles para el comercio; les gusta atraer a los compradores, hacerlos entrar en su negocio y mostrarles todo. A veces, uno se llega a sentir hasta acosado.

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