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 • HISTORICO

Shanghai, entre la arrogancia y la fiebre del cambio

Pese a la crisis financiera de la región, la consigna que persigue esta ciudad es construir; sus callejones sinuosos están hechos para los caminantes




SHANGHAI (The New York Times).- La ciudad más grande y cosmopolita de China, habitualmente resuelta a estar en la vanguardia de los rápidos cambios nacionales, vive una transformación colosal, un auge de la construcción de tal magnitud que sus funcionarios gustan jactarse de que aquí opera casi un 20% de las grúas del mundo.
Los cambios se manifiestan casi a diario. Sólo en 1997, se inauguraron la nueva Bolsa de Valores, centenares de edificios de oficinas y un complejo de autopistas elevadas que ha aliviado notablemente la congestión del tránsito.
La crisis financiera ha paralizado las obras en construcción en muchas ciudades asiáticas, pero Shanghai parece desentenderse de la bancarrota... al menos hasta ahora. Casi no hay rincón en la ciudad que esté a salvo de la plaga: los obreros de la construcción trabajan las 24 horas, casi nadie tiene la certeza de que disfrutará del silencio tan siquiera a altas horas de la noche y hasta los turistas soportan incomodidades.

Los neoyorquinos de china


Con todo, los pobladores proclaman orgullosamente que Shanghai es una ciudad en marcha. Sin duda, es la gente más cortés, ostentosa, insolente y arrogante del país; digamos que son los neoyorquinos de China.
Por su compacta zona céntrica y su propensión a los callejones sinuosos, Shanghai es una ciudad para caminantes. Empero, la ausencia de una señalización vial conspicua que, al menos, indique los puntos cardinales, hace que el turista se extravíe con facilidad. Una solución es limitarse a tomar por cualquier calle y recorrerla, sin intentar mantener la orientación. Cuando se sienta cansado o perdido, tomen un taxi; prácticamente, circulan por toda la ciudad y a toda hora. Lo único que necesitará llevar consigo es un papel con la dirección de un hotel o su próximo destino escritos en caracteres chinos.
Las dos grandes arterias comerciales, Nanjing y Huaihai, son buenos puntos de partida para explorar la ciudad, aunque también vale la pena aventurarse por el laberinto de calles poco transitadas, con sus casas vulgares, y ver de cerca la vida de la gente común.
El mayor aditamento cultural de estos últimos años es el Museo de Shanghai (201 Av. Remin, sobre la plaza del Pueblo), de lejos el más espléndido del país y custodio de la colección de arte mejor expuesta. Inaugurado en octubre de 1996, es una estructura sorprendente, inspirada -hasta cierto punto- en las antiguas urnas chinas, que parece encarnar el cosmopolitismo de la ciudad y fija una nueva pauta museológica. El diseño global, la distribución de las galerías y las vitrinas, montadas especialmente para este museo, permiten apreciar mejor las excelentes colecciones de bronces, porcelanas y objetos de jade.
Hasta septiembre se exponen piezas -desde cerámicas y joyas hasta momias- de la provincia de Xinjiang que recrean el Camino de la Seda, la antigua ruta comercial por donde los chinos exportaron la seda e importaron el budismo. Se visita a diario, de 9 a 17; entrada: 5 dólares. Informes: (86-21) 6372-3500.

Paseo por el Bund

Ningún visitante debería perderse el paseo por la imponente costanera o Bund, todavía dominada por los edificios en que funcionaron los bancos y firmas comerciales británicos.
Hace pocos años, la vieja explanada bordeada de árboles, que parecía suspendida sobre el río, dejó paso a otra más moderna, con menos personalidad, pero mejores vistas del intenso tráfico fluvial.
En la orilla opuesta del río Huangpu, que apenas 40 km hacia el Norte desemboca en el Yang-tse-Kiang, está la Torre Perla Oriental, la más alta de Asia.
Queda en la calle Lujiazui del barrio Pudong y vale la pena visitarla, no sólo por su incomparable vista panorámica, sino también para percibir el sabor de la nueva Shanghai. Entrada: 6 dólares; informes, 5882-8888. Se llega en el ferry que sale de la esquina del Bund y Jingling; boleto, 5 centavos de dólar.
Para conocer la costanera más allá del sector financiero y ver los grandes astilleros, lo mejor es hacer el crucero de 90 minutos en las lanchas que zarpan a diario desde el Bund a las 10.45 y las 15.15. El pasaje cuesta 3 dólares; hay que comprarlo un día antes en la Shanghai Huangpu River Guide Company (239 Zhongshan Dongyi; 6374-4461).
Unas doce cuadras al sur del Bund comienza la Ciudad Vieja. Los chinos la retuvieron bajo su control cuando ingleses, franceses y japoneses se adueñaron de otros sectores a título de concesiones. Las calles angostas y concurridas conservan el ambiente del viejo Shanghai. Conducen a un área central, Yu Yuan, que es un clásico jardín chino; en medio de su estanque rectangular, está la casa de té Huxinting, un lugar encantador para merendar. Por 3 dólares, pueden elegir entre diversos tes chinos y bocadillos tradicionales, mientras se distraen observando a los numerosos paseantes.
Seth Faison
(Traducción de Zoraida J. Valcárcel)
Datos útiles
Precios por habitación doble y por comidas para dos personas. Hemos dejado en inglés los nombres de algunas calles para facilitar su ubicación. Prefijos: 86-21.
Alojamiento
Ruijin Guest House (118 Ruijin Second Road; fax 6473-2277): el sabor del viejo Shanghai persiste en esta elegante mansión reciclada y sus jardines, muy cuidados; 100 habitaciones; 75 a 125 dólares.
Metropole (180 Jiangxi; fax 6321-7365): céntrico, cercano al Bund; su vestíbulo ornamentado capta el espíritu cosmopolita de la Shanghai colonial; 120 cuartos sencillos; 50 a 75 dólares.
Qingnian Hui Hotel (123 Xizang; fax 6320-1957): también llamado YMCA Hotel, por ocupar la antigua filial de esa institución; ambiente bullicioso sobre una calle comercial muy transitada del área céntrica; 120 habitaciones; 40 a 60 dólares. En su salón de baile, se realizan a diario reuniones danzantes frecuentadas principalmente por jubilados simpatiquísimos.
Pujiang Hotel (15 Huangpu; fax 6324-3179): a pasos del Bund, frente al consulado de Rusia; hasta 1949, fue el Astor Hotel y aún conserva cierto aroma del viejo Shanghai; 80 cuartos; 40 a 60 dólares. En el salón de baile funcionó, hasta 1997, la Bolsa de Valores.
Regal Hotel (516 Hengshan; fax 6445-8899): última adición a la creciente serie de hoteles de primer nivel; edificio de mármol y cristal provisto de todas las comodidades modernas, incluido el mejor club de salud de la ciudad; 200 habitaciones; 140 a 350 dólares. Queda en la zona que administraban los franceses antes de la Segunda Guerra Mundial.
Peace Hotel (20 Nanjing East Road; fax 6320-0300): el hotel más suntuoso del Shanghai prerrevolucionario, sobre la costanera; remozado recientemente, luce un majestuoso vestíbulo art déco en tonos nogal y hueso; 280 habitaciones; 120 a 350 dólares. En el bar de la planta baja, actúa por las noches una veterana jazz band; desde el ornamentado restaurante chino del 8º piso, se disfruta de una espléndida vista del puerto.
Restaurantes
Green Willow Village o, en chino, Luyang Cun (763 Nanjing West Road; 6258-4422): uno de los más antiguos y típicos, en el corazón del área comercial; cocina de Yangzhou en un local sencillo y anticuado; comida de 4 platos, con vino, 40 dólares.
Lao Ban Zhai (596 Hankou; 6322-3668): propone una cocina local más fiel a la tradición; cena de 4 platos, con cerveza, 25 a 30 dólares.
Tin Tin Seafood Restaurant (807 Julu; 6247-2362): típico ambiente popular en un salón amplio con escenario al fondo; el espectáculo incluye música pop china, interpretada por cantantes con trajes cubiertos de lentejuelas; 30 dólares, con cerveza.
Huang He es una callecita, a la vuelta de la esquina del Park Hotel, flanqueada por restaurantes que ofrecen los más diversos menús para turistas audaces. Entre ellos figura uno de los mejores comedores vegetarianos, Gong De Lin (Huang He 43; 6327-0218), donde una cena con cerveza cuesta 60 dólares.

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