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 • HISTORICO

Sobre el puente de Avignon se cuentan historias medievales

En la pequeña ciudad amurallada, que fue residencia papal, se destaca un gran palacio gótico




AVIGNON, Francia.- Seguramente lo primero que viene a la mente al pensar en esta pequeña ciudad del sur francés es el estribillo de la canción infantil: Sobre el puente de Avignon, todos bailan, todos bailan... Y por supuesto, lo primero que uno hace al poner un pie en Avignon es preguntar por el famoso puente que, en realidad, se llama St. Bénezet.
Hay varios puentes sobre el Ródano, pero al que tantas veces cantamos de chicos es inconfundible, porque ya no cumple la función para la que fue concebido. Tiene apenas cuatro arcos que lo sostienen (de los 22 originales), se corta en la mitad del río y lo envuelve una leyenda de siglos.
Un joven pastor llamado Bénezet llegó a Avignon en 1177, diciendo que Dios le había pedido especialmente que construyera un puente en Avignon y así lo hizo, contra todos, que no daban crédito a sus palabras y no creían que podría hacerlo. Primero fue de madera, pero se rompió y reconstruyó con cemento varias veces. Era el único eslabón que unía el Mediterráneo y Lyon. Ahora, es uno de los símbolos de la ciudad y puede visitarse.
Pero Avignon, a 90 kilómetros de Marsella, más allá de su histórico y melódico puente, merece una visita por las grandes construcciones que ordenaron hacer los papas, cuando adoptaron a la ciudad como residencia oficial. Durante casi un siglo fue la capital de la cristiandad y quedó un gran legado para admirar.
Cuando se atraviesa la Puerta de las Murallas de la Ciudad Vieja (una de las pocas ciudades amuralladas de Francia), a pasos del Ródano, un ambiente medieval rodea a los recién llegados.
Calles adoquinadas, muy angostas y que dibujan curvas prácticamente dignas de un laberinto, casas antiguas, capillas, iglesias, conventos, negocios de ropa de marcas internacionales y bares que sacan las mesas a la calle, aprovechando el calorcito, tientan a los que pasean tranquilos, como si siempre fuera domingo a la mañana. La pequeña ciudad se camina de punta a punta sin cansarse y hasta es probable pasar varias veces por el mismo lugar sin darse cuenta. En cada esquina hay algo para ver: músicos a la gorra, estatuas vivientes, bailarines.

Destino papal

A partir del siglo XIV, con la llegada de Clemente V, comenzó la época de esplendor. Este papa francés decidió establecerse aquí porque Roma se había vuelto insegura por los problemas con las familias aristocráticas que apoyaban al emperador.
Fueron sus sucesores, Benedicto XII y Clemente VI, los que hicieron construir una fortaleza, el Palacio de los Papas, el palacio gótico más grande de Europa, que actualmente recibe 650.000 visitantes por año, uno de los 10 monumentos más visitados del país.
En el palacio vivieron siete papas y dos antipapas, que dieron gran impulso a la ciudad. En el Palacio de los Papas se acuñaron monedas y se ocuparon de las relaciones diplomáticas de la Iglesia. Son famosos los grandes banquetes que se organizaban.
Actualmente está vacío, sin el mobiliario de la época, pero la construcción, de espacios grandes y techos altísimos, es admirable. Adentro, como un museo, cuadros e informaciones sobre la construcción y la vida de los papas en el lugar trasportan a los visitantes siglos atrás.
En el palacio se realiza cada verano, desde 1947, el festival de teatro, danza y música más importante de Francia. En un patio interior, al aire libre, se instala la platea entre columnas góticas para los que asisten al Festival de Avignon.
La construcción del palacio comenzó en 1335 y terminó 20 años después, y hasta ahora conserva la misma apariencia, aunque fue restaurado en el siglo XX. Durante la Revolución Francesa sufrió saqueos e incendios, y después fue utilizado como cuartel.
Imperdible también la visita al Museo del Palacio Pequeño, en el sector norte del Palacio de los Papas. Tiene 19 habitaciones con colecciones de frescos, esculturas y pinturas religiosas, del siglo XII al XVI, incluyendo trabajos de Botticelli, Carpaccio y Giovanni di Paolo.
Las murallas también fueron levantadas por los papas, para resguardarse de las crecidas del río.
Es un paseo ideal para los que están parando en Marsella. Se puede ir y volver en el día, o quedarse a dormir en algún hotel de los que están dentro de la muralla.

Datos útiles

Cómo llegar

Desde Marsella hasta Avignon se puede ir en tren. El pasaje cuesta 16 euros y se demora una hora.

Alojamiento

Hay hoteles en la Ciudad Vieja, que respetan el estilo del lugar. La habitación doble, desde 90 euros.

Pases turísticos

El Avignon Passion Card y Discovery Passport, que se entregan gratuitamente, ofrecen descuentos en las entradas, después de pagar un ticket al precio normal.
Palacio de los Papas. Entrada, 9,50 euros, incluye un audio guía en castellano. Abre de 9 a 19. www.palais-des-papes.com
Festival de Avignon. Ente el 6 y el 27 de este mes se realiza el Festival de Avignon, en el Palacio de los Papas. Infomes: www.festival-avignon.com

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